El Comercio
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El escaparate de la Ería
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Ángel M. González | 09-08-2017 | 12:24

Han pasado doce años desde que la promotora del complejo de la Ería del Piles comenzara a trabajar sobre el proyecto para cambiar la imagen de esa fachada del litoral gijonés y esta semana el Ayuntamiento ha dado un impulso a la iniciativa, esperemos que de forma definitiva. En la ciudad hay tres actuaciones de gran envergadura pendientes para completar la transformación del casco urbano: la extensión del paseo desde Poniente hasta El Arbeyal con el aprovechamiento de los terrenos de Naval Gijón y la recuperación de la trama de El Natahoyo; el desarrollo del plan de vías y la intervención sobre el ‘solarón’ y el adecentamiento de toda la fachada marítima desde el puente del Piles hasta el Sanatorio Marítimo. De las tres, la tercera es la más factible de emprender en un plazo razonable teniendo en cuenta el interés por parte del inversor en llevar adelante el proyecto y el desbloqueo administrativo que ha recibido con su aprobación por la mayoría plenaria municipal.
La idea de Astur Promotora abarca solo una parte de la cirugía que necesita la zona costera del este, que va desde el puente del Piles hasta Bellavista en el frente de la avenida de José García Bernardo y el triángulo entre la carretera Piles-Infanzón y de la Providencia. Un espacio de casi 40.000 metros cuadrados, situado en un enclave privilegiado y singular. Por ello, lo menos que se puede exigir es que la intervención sea también respetuosa con ese privilegio y con esa singularidad. Desde que el gobierno de Paz Fernández Felgueroso abriera un concurso en el año 2002 para definir qué hacer en el lugar las ideas han ido evolucionando cual bicho viviente, de la misma manera que lo hicieron las trabas al proyecto. Del imaginativo edificio Salamandra, que ganó aquella convocatoria y que se llegó a exponer en el MOMA de Nueva York, se pasó a un boceto elaborado por la actual promotora con una torre de apartamentos de cuarenta metros de altura que remataba un complejo mayúsculo. La explicación del mamotreto era ridícula: enmarcaba la bahía con la iglesia de San Pedro en el otro extremo. O sea, la vista panorámica se convertiría en una moderna estampa de San Lorenzo. Menos mal que no cuajó.
Ahora, la empresa ha repartido la edificabilidad en bloques de hasta tres alturas para reducir el impacto visual y con un nuevo rediseño que incluye retranqueos y conexiones con los espacios públicos que tiene que habilitar por imperativo municipal. Así todo, el proyecto continúa ofreciendo dudas.
Los vecinos de la Ería del Piles, que mantendrán sus chalés en la parte trasera del complejo cual reserva a la sombra, ya han anunciado que seguirán utilizando todos los instrumentos legales a su alcance para manifestar su oposición por las dimensiones del edificio y la situación de insolvencia de la promotora. Cierto es que ambos aspectos tienen que ser estrechamente vigilados.
A falta de conocer cada uno de los detalles del proyecto, a buen seguro que existe margen todavía para suavizar la intervención mediante el diseño de volúmenes y el uso de materiales para que el centro comercial y de ocio que se plantea sea absolutamente respetuoso con el entorno, al tiempo que dignifique la zona. Las fases que tiene que abrir el Ayuntamiento hasta su aprobación final son precisamente para eso, recibir alegaciones y corregir.
Sobre el estado económico de Astur Promotora, lo mejor que le puede ocurrir a una empresa en concurso de acreedores es que pueda recobrar la actividad con el respaldo financiero de quienes tienen confianza en el proyecto. ¿Merece la pena asumir el riesgo? Desde luego la mayor vacuna contra el fracaso es seguir sin hacer nada manteniendo el cochambroso escaparate que ahora ofrecemos en aquel rincón del maravilloso paseo.