El Comercio
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Y vinieron a por mí.
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Jose Manuel Balbuena | 05-10-2017 | 12:50

15070588339208Uno tiene la impresión de que el Estado está siendo expulsado de Cataluña. De manera feroz y sin ninguna contemplación. A las bravas y de muy malas maneras. Con formas y actuaciones que recuerdan épocas oscuras de la historia. En la madrugada del pasado lunes, policía y Guardia Civil sufrieron un acoso insoportable. Incluso vestidos de paisano eran rodeados por la turbamulta independentista que los insultaba e intimidaba sin parar. A eso se unió como, ante la presión de los ayuntamientos, tenían que desalojar algunos hoteles que estaban ocupando. El miedo de los dueños y las amenazas de las autoridades dieron como resultado imágenes impactantes: fuerzas de seguridad con las maletas en la mano, mientras esto era celebrado como una victoria. El problema de esta, no sé, “Noche de los cristales rotos”, es que hoy les pasa a ellos, pero, ¿y mañana a quién?  ¿No acosará también este independentismo fanático a los jueces que declararon el 1-O ilegal? ¿No les pasará eso mismo a notarios, registradores, funcionarios y toda la administración del Estado? ¿No serán miles de ciudadanos los represaliados? ¿No será purgado todo aquello que huela simplemente a español? Porque, tal parece, que la famosa república catalana estuviese funcionando y con una revolución en marcha. Una toma del palacio de invierno en toda regla. Vean si no. Se monta una huelga general dirigida desde el Govern casi sin servicios mínimos. Si no puedes moverte porque el transporte público está parado y las autopistas cortadas con la complacencia de los Mossos, ¿cómo no vas a secundarla a la fuerza? Se paga igual a los funcionarios de la Generalitat vayan o no a trabajar. Pregunto, ¿qué valiente va a acercarse a la oficina para que lo vapuleen si cobra igual? Si la propia policía exhorta a los comercios a no abrir, en vez de proteger sus derechos, ¿quién se va atrever a hacer lo contrario? A esto se suma el escrache permanente que sufren los grupos políticos de la oposición, periodistas, familias… Las sedes del PP y Ciudadanos, por ejemplo, salen a uno diario. Como digo, si este es el país que pueden ofrecer sus gobernantes a los catalanes, aviados van. No les arriendo la ganancia. Se van a encontrar de frente con un muro: el que van a levantar separando Cataluña en dos mitades. Una, la mía, buena y que tiene todos los derechos. Y la otra, la que quieren que desaparezca y se vaya. «Cuando buscaron comunistas, guardé silencio porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron sindicalistas, no protesté. Cuando llegaron a por los judíos, no dije nada. Cuando finalmente vinieron a por mí, no había ya nadie más», poema del pastor luterano alemán Martin Niemöller.

 

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kika47_1390494074313 03-10-2017 | 14:34 en:
Desbordados.

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