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Luis Arias Argüelles-Meres

Panorama Vetustense

Semblanzas carbayonas: Rafael Álvarez Alarcia, una leyenda en la portería del Oviedo

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SEMBLANZAS CARBAYONAS: RAFAEL ÁLVAREZ ALARCIA

Una leyenda en la portería del Real Oviedo

Consiguió la titularidad pese a tener a tres compañeros por delante

Era cántabro y vivió la infancia en el País Vasco, antes de llegar al Oviedo
Concluyó su carrera en el Alavés tras pasar por el Zaragoza, el Mallorca y el Celta de Vigo

Grada de Preferencia, allí estábamos, detrás de la portería, viendo –y oyendo– a Alarcia. Eran los primeros años sesenta. Nos habían dicho que, en su momento, el portero del Oviedo, al que tanto admirábamos, ni siquiera era el guardameta reserva, tenía a otros tres por delante, hasta que las circunstancias le dieron la oportunidad, a la que supo sacarle todo el provecho, convirtiéndose en el portero titular del club azul hasta que fue traspasado al Zaragoza.

Lo dicho: Grada de Preferencia del viejo Tartiere. El arriba firmante aún no había cumplido diez años. Las televisiones, en blanco y negro, acababan de llegar a nuestras casas. Y los guardametas de los equipos de fútbol lucían camisetas oscuras. Nos resultaba mucho más divertido e intenso estar muy cerca de la portería, oyendo a Alarcia haciendo advertencias a sus compañeros, viendo cómo se movía, con y sin balón, con y sin peligro. De algún modo, nos apasionaba vivir el partido, al menos los 45 minutos en los que defendía aquella portería. 45 minutos que, si la memoria no me falla, solían ser los correspondientes a la segunda parte.

Más de una vez me pregunté por qué lo admirábamos tanto cuando, con menos de diez años, no teníamos conceptos claros acerca del fútbol. Desde luego, era digno de admiración por su calidad como portero, algo que demostró en el Oviedo y en los equipos en los que jugó años más tarde. Pero, para nosotros, lo que contaba era el personaje, su autoridad en la portería, el respeto que le tenían sus compañeros, el prestigio que se había ganado por parte del oviedismo.

¿Qué representaba Alarcia para nosotros? Ante todo, la fortaleza. Nunca lo vimos inseguro, nunca lo vimos amedrentado. Se diría que lograba un equilibrio perfecto entre la intensidad y la concentración necesarias para defender su portería, intensidad y concentración que nunca lo llevaron a que la responsabilidad lo atenazase. Fortaleza, pues, que iba más allá de lo físico, que redundaba, ante todo y sobre todo, en la seguridad.

En el Oviedo, como había varios jugadores que se apellidaban Álvarez, fue conocido por su segundo apellido: Alarcia. Por lo visto, también se usó el mote de ‘Kabutxi’, apodo que le habían puesto de niño en el colegio de frailes vasco donde estudió. A propósito de esto, hubo un tiempo que se prolongó después de que Alarcia se fuese del Oviedo, en el que hicieron historia en nuestro club jugadores vascos, en muchos casos, procedentes del Burgos.

En este sentido, el caso de Alarcia es atípico, pues ni era vasco, sino cántabro, ni vino del Burgos. Sin embargo, vivió su infancia en Euskadi, y, antes de llegar al Oviedo, pasó por las categorías inferiores del Real Unión de Irún. Más tarde, se incorporaría al Touring de Rentería, hasta que en 1961 fichó por el Oviedo, que lo cedió al UP de Langreo en la primera temporada que estuvo en Asturias, y el equipo langreano, con Alarcia de titular, consiguió el ascenso a segunda división.

Fíjense: en el Oviedo tuvo el privilegio de coincidir con jugadores que forman parte de la leyenda del club de nuestros amores, entre ellos, Paquito y Sánchez Lage. Y cuando lo fichó el Zaragoza le tocó aquella época de esplendor del club maño, con aquella delantera irrepetible de los llamados ‘cinco magníficos’. Tras su paso por el Zaragoza, jugó en el Mallorca. Y su siguiente equipo sería el Celta de Vigo, en el que fue titular desde su incorporación en la temporada 71-72, hasta que perdió el puesto dos temporadas más tarde. Alarcia concluyó su carrera deportiva en el Alavés.

El hecho es que, sin estar muchos años en el Oviedo, dejó huella en la afición futbolística de la ciudad, y no solo por su calidad futbolística, que resulta incuestionable.

En las temporadas que estuvo en nuestro club, tanto en Primera como en Segunda división, las glorias azules estaban mucho más cercanas en el tiempo. Cierto es que se ganó el respeto del oviedismo por haber conseguido la titularidad a pesar de que tenía al menos a tres guardametas por delante de él, cuando se reincorporó al equipo tras la cesión al UP de Langreo. Podríamos seguramente añadir más motivos. Pero, sin duda, pesó mucho su fuerte personalidad.

Cuando recuerdo a Alarcia, rescato las vivencias de las que hablé al principio de este texto. Allí estaba defendiendo con eficacia y solvencia su portería. Allí estábamos nosotros, abajo del todo, viéndolo y oyéndolo, centrados y concentrados en sus movimientos e indicaciones.

Rafael Álvarez Alarcia, toda una leyenda del oviedismo.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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