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MALOS AUGURIOS

El sector del PSOE más afín al Gobierno de Javier Fernández se lamenta que la FSA no realice declaraciones críticas sobre los planes lesivos del Ejecutivo de Pedro Sánchez para los intereses de Asturias. El Principado discrepó abiertamente del cierre de las térmicas de carbón, formulado con desparpajo por Teresa Ribera, ministra de la Transición Ecológica, y esta semana han advertido al Gobierno central de que es necesario un nuevo modelo de financiación autonómica negociado con todas las comunidades autónomas. La dirección de la FSA ha sido mucho más comedida al tratar estos asuntos. Es lógico que el Principado desee que el partido cierre filas en la defensa de los intereses asturianos, pero como Pedro Sánchez sólo lleva quince días en el palacio de la Moncloa sería un tanto insólito que la FSA levantara la voz para criticar. El Gobierno socialista tiene el menguado apoyo de 84 escaños, así que bastantes problemas tendrán para sacar adelante sus iniciativas como para que las federaciones regionales de su propio partido formen un frente opositor. Es muy pronto para una revuelta interna.

Lo más importante no es la reacción de la FSA a las medidas del Gobierno de Pedro Sánchez, sino la propia sustancia de esas propuestas. En apenas unos días, desde Madrid nos han llegado cuatro malas noticias. El ya citado cierre de las centrales térmicas, en vez de esperar hasta 2030 para clausurarlas, como han programado la mayoría de los gobiernos europeos; el anuncio sorpresivo de la eliminación de peajes en las autopistas sin que el pago del Huerna sea eliminado; la revisión de los calendarios de construcción de las obras públicas en Asturias, lo que ya es un anticipo de inminentes retrasos; José Luis Ábalos es el primer ministro que se estrena en el cargo revisando los cronogramas de las obras. Por último, Pedro Sánchez señaló que no abriría la negociación de un nuevo modelo de financiación autonómica, aunque haría mejoras para todas las regiones. Falta al compromiso de revisar el modelo de financiación y abre la vía de la negociación bilateral, que permite dar un trato asimétrico a las comunidades autónomas. A unos las puede mejorar como cinco y a otras como cincuenta. No es descabellado pensar que las regiones pequeñas, como Asturias, Cantabria, Murcia o La Rioja, llevarán la peor parte, mientras que Cataluña, Madrid, Andalucía o la Comunidad Valenciana saldrán beneficiadas. Resulta insólito que los catalanes pidan la quita de deuda y el Gobierno se calle.

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LOS SIETE PRESIDENTES

Cuánto cambiaron las cosas en el PP. El actual presidente en funciones llegó al cargo por obra y gracia del dedo de José María Aznar. El entonces líder del PP presumía de tener un cuaderno azul donde estaba escrita la hoja de ruta del partido, pero solo él tenía el privilegio de conocerla. El día que creyó conveniente citó en su despacho a Rodrigo Rato, Jaime Mayor Oreja y Mariano Rajoy. En presencia del trío dejó ungido a Rajoy como sucesor. El político gallego estuvo casi quince años al frente del partido sin que nadie le reprochase el método digital por el que había llegado al poder.

Con Rajoy instalado en Santa Pola, siete afiliados del PP se han registrado como aspirantes a liderar la organización. Pablo Casado fue el que presentó más firmas, seguido de Dolores de Cospedal. Soraya Sáenz de Santamaría no quiso desvelar el número de rubricas que llevaba debajo del brazo. Nunca hubo siete candidatos para hacerse con el poder en ningún partido. El PP se apunta a la teoría del péndulo al pasar de hurtar a la militancia la elección del jefe a dar paso a un pelotón de candidatos.

Si el dedazo era consecuencia de una decisión de Aznar, la pléyade de aspirantes es producto del pasotismo de Rajoy, que no cumple con los deberes mínimos de todo presidente en funciones, a saber, ordenar el proceso de sucesión. Rajoy se encogió de hombros y dejó que cada uno hiciera lo que quisiera, y de ahí la espantada de Núñez Feijóo y la aspiración de desconocidos a hacerse con los mandos de la nave. Si el proceso acaba bien será por el ángel de la guarda del Partido Popular, ya que las piezas están puestas para ahondar en la división del partido.

La política es muy engañosa; la escena se mantiene muchas veces estable empujada por la inercia y, de pronto, en un mes suceden más novedades que en toda una década. Quiero decir que el PSOE pasó de la debilidad a la fortaleza, mientras el PP ha empezado a caer por una pendiente y ya se han encendido las luces rojas. Que uno de los dos grandes partidos que vertebró la vida nacional atraviese una fase de desgobierno no le conviene a nadie.

En Asturias, la cúpula del PP lo tiene claro, sólo falta que todos ellos se pongan una camiseta con una leyenda escrita en inglés a favor de Dolores de Cospedal. Siempre fue la gran valedora de Mercedes Fernández. Recuerdo los fríos saludos entre De la Serna y Cherines, mientras el ministro saludaba con la mejor de las sonrisas a Cristina Coto. Si gana Soraya Sáenz de Santamaría volverá a estar Asturias con el paso cambiado.

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LAS ‘LIDERESAS’ DEL PP

Las dos mujeres con liderazgo en el PP han dado el paso para presentarse como candidatas a la presidencia del partido. Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal han decidido presentarse tras ver que Alberto Núñez Feijóo daba la espantada. Hay media docena de aspirantes para hacerse con el poder, pero Sáenz de Santamaría y Cospedal acaparan las opciones reales salvo sorpresa mayúscula. Margallo, Casado, Hernández y Bayo harán de teloneros, unos con más éxito que otros, pero al final están abocados a dejar paso a las lideresas.

Soraya y Dolores son colegas de profesión, abogadas del Estado, y enemigas en el partido: toda España pudo ver cómo no se dirigían la palabra en los actos públicos en que coincidían, aunque tuvieran que sentarse en sillas contiguas. Un caso de animadversión que no se ve ni entre miembros de distintos grupos. Por eso ayer la noticia no estuvo tanto en que dieran el paso para aspirar a la presidencia del PP, como que se besaran en el Congreso de los Diputados y hablaran animadamente como entrañables amigas. La falta de comunicación entre la secretaria general y la vicepresidenta fue posible porque Rajoy lo consintió, pese a la mala imagen que proyectaba la cúpula del PP. Es conocido que la capacidad de Rajoy para encogerse de hombros es proverbial.

¿Sáenz de Santamaría y Cospedal encarnan dos formas distintas de ver al PP? ¿El liderazgo de cada una de ellas va asociado a la implantación de una estrategia política distinta? Con lo visto hasta ahora es difícil pronunciarse, ya que el PP siempre funcionó sobre la base de liderazgos monolíticos de modo que la opinión, los gustos y las fobias de los presidentes constituían la opinión, los gustos y las fobias del resto de miembros de la dirección del partido. Sin ninguna razón de peso se asocia a Cospedal con la línea dura del partido, que en su día estaba representada por Aznar o Mayor Oreja, y a Sáenz de Santamaría con la visión tecnocrática de la política. Las dos llegan a la batalla por la sucesión con dos derrotas a la espalda.

Cospedal no supo atajar ni resolver la corrupción en el partido; cuando salieron a superficie los papeles de Bárcenas hizo el ridículo en la rueda de prensa destinada a clarificar lo bien que había actuado el PP y lo malo que era el tesorero. Sáenz de Santamaría fracasó estrepitosamente en la batalla de Cataluña. Al frente de los servicios secretos dio garantías a Rajoy de que no habría urnas en el referéndum y hubo más de mil repartidas por los colegios electorales de Cataluña.

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LA NAVE SIN CAPITÁN

Núñez Feijóo ha dado la sorpresa renunciando entre pucheros a liderar el PP nacional. Era el candidato ‘in pectore’ para presidir el partido y encabezar el cartel electoral para los próximos comicios generales, pero cuando se daba por seguro que ganaría el congreso e iniciaría la renovación del PP, rehusó parapetándose en la promesa que hizo a los gallegos de trabajar por su tierra hasta 2020. Señaló que no podía «fallar a los gallegos porque sería también fallarse a mí mismo», pero todo el mundo entendió que estaba dando la espantada ¿Qué ha pasado en los últimos días para que Feijóo cambie de criterio? Hasta ayer se había dejado querer acogiéndose a la disculpa de que iba a respetar los tiempos, y cuando ya el tiempo de apuntarse como candidato se aproximaba a su fin, recurrió a la excusa de Galicia, como región para gobernar con dedicación completa.

El día ya había empezado con novedades al anunciar Pablo Casado su candidatura a la presidencia del PP; José Manuel García Margallo, ex ministro de Asuntos Exteriores, también hizo público su intención de competir por el liderazgo de la organización. Desde la condición de políticos casi anónimos, el diputado, José Ramón García Hernández, y el ex líder de Nuevas Generaciones, José Luis Bayo, pretenden liderar el partido. ¿Qué está pasando?

La primera conclusión es muy clara: Mariano Rajoy no cumple con su papel de presidente en funciones. Está más pendiente del regreso a la oficina del registro de la propiedad de Santa Pola (Alicante) que de gestionar una transición ordenada del poder en el PP. La profusión de candidatos indica que no hay referentes en el partido y no se crean corrientes de opinión a favor de líderes potenciales, convirtiéndose el partido en un circo donde los espontáneos se tiran a la plaza buscando sustituir a los maestros. No es serio pensar que el sucesor de Rajoy esté entre un ex ministro de 74 años, un diputado enredado en títulos académicos falsos y dos señores que pasaban por allí. Quien previsiblemente contaba con el apoyo de la mayoría del partido renuncia sin dar explicaciones convincentes; sin embargo, otros cuatro que no estaban en la mente de nadie, se preparan para iniciar la carrera hacia la presidencia. En las tres décadas de existencia del partido nunca había vivido un mes tan desgraciado como el último. Urge una llamada a la sensatez para que los principales líderes asuman su responsabilidad y planteen candidaturas creíbles. El PP no es un grupo amateur.

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EL ‘AQUARIUS’ Y LAS PATERAS

El ‘Aquarius’ y los barcos de la Marina italiana pudieron desembarcar en el puerto de Valencia. Para 630 inmigrantes terminó una aventura angustiosa. En pocos días vivieron la experiencia de ser rescatados en las aguas, verse rechazados por Italia y hacer un viaje inesperado hasta España, país al que no pensaban arribar. Nada más bajar a tierra, 150 de los pasajeros del ‘Aquarius’ fueron trasladados a centros de salud, lo que da una idea de la situación penosa en la que se encontraban. A los 630 inmigrantes les esperaban 2.320 personas para asistirles en el puerto de Valencia. Un amplio ejército multiprofesional (médicos, enfermeros, psicólogos, traductores, asistentes sociales, administrativos, policías, guardias civiles, etcétera) cubrió la emergencia. En España hay una larga experiencia de recibir y atender a inmigrantes, pero nunca se había visto un despliegue tan formidable: 3,7 auxiliadores por cada auxiliado. Durante todo el fin de semana la noticia estrella en los informativos fue el desenlace de la peripecia del ‘Aquarius’.

Mientras se desarrollaba la travesía del ‘Aquarius’, 933 inmigrantes, a bordo de 68 pateras, cruzaban las aguas del estrecho de Gibraltar para llegar a las costas de Andalucía. Un grupo de gente muy numeroso, casi un 50% mayor del que viajaba en el ‘Aquarius’, llegaba a las playas del sur. Para esta eventualidad, que se produce todas las semanas, no había preparado un ejército de auxiliadores. Los pasajeros de las pateras tampoco reciben, normalmente, la misma documentación que los inmigrantes en Valencia (un permiso de residencia por motivos humanitarios de 45 días, y una solicitud de asilo). La atención informativa tampoco fue la misma.

No quiero comparar desgracias, porque unos y otros son profundamente desdichados en relación a un ciudadano medio de la Unión Europea. Ahora bien, la diferencia de trato entre ‘Aquarius’ y las pateras solo se explica porque en el primer caso hay toda una operación de imagen del Gobierno de Pedro Sánchez y en el segundo solo existe la desnuda desgracia. El Gobierno ha realizado una actuación humanitaria muy loable, pero la pregunta brota sola: ¿Cuántos náufragos del Mediterráneo va a traer el Gobierno a los puertos españoles? El drama de la inmigración requiere de políticas no de gestos aislados. Por cierto, los ministros italianos dan miedo, pero ¿qué haría el Gobierno de España si en vez de recibir 13.246 migrantes, en 2016, hubiéramos recibido 181.436, como les ocurrió a ellos?

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LA GANGA DE LAS RENOVABLES

La ministra para la Transición Ecológica tiene las cosas claras. No necesita ponerse al día porque su mente ya está instalada en un mundo descarbonizado. Vive en 2018, pero gobierna para la España de 2050. Si le hablan de energía se concentra en el recorte de emisiones de CO2 y el resto de incógnitas del modelo energético no le afectan.

Para Teresa Ribera el carbón no tiene futuro. Las centrales de carbón y las nucleares deben cerrar. Cuanto antes lo hagan, mejor. A las térmicas les deja siete años de vida, como mucho, cuando los gobiernos europeos más ecologistas no se comprometen a cerrarlas hasta 2030; otros, como el alemán, callan como muertos. La ministra cuando habla no deja un resquicio para la duda, tal parece que lo hace basada en creencias o mitos.

Con una creyente se ha topado Asturias. Javier Fernández va a tener que discutir con una ministra que reduce todo el problema del mix energético al descenso de emisiones de gases de efecto invernadero.

Para tener una discusión provechosa hay que interrogarse por el coste que provocará la transición al modelo unidimensional de energía renovable. Es importante plantearse qué garantía habrá de suministro eléctrico, estando en una región que consume tanta energía, y por el precio de la electricidad que se pagará en hogares e industrias con la eclosión de la energía renovable.

Álvaro Nadal, último ministro de energía del PP, aseguraba que el cierre de las térmicas asturianas y españolas incrementaba la factura de la luz. Teresa Ribera lo niega y asegura que «las renovables –eólica y fotovoltaica en particular– baten en costes a los sistemas convencionales de generación». Una revelación extraordinaria, casi una visión sobrenatural. Veamos.

Primas

A las energías renovables, a diferencia de las convencionales (carbón, nuclear, fuel, hidráulica de grandes dimensiones) se les asignó una prima para favorecer su introducción en el mercado. La empresa que entraba en ese campo sabía que tenía una subvención por generar electricidad renovable. Desde 1998 hasta hoy, las energías renovables han recibido 90.000 millones de euros en concepto de primas (a ver si dice algo la buena gente de Podemos, que tanto se quejan del dinero asignado para rescatar la banca).

Dentro del desmadre de la energía financiada con dinero de todos, las placas solares fotovoltaicas se llevaron la palma. En 2004 no había paneles en España y seis años más tarde éramos los líderes. Por el medio hubo algún ejercicio en que más de la mitad de los paneles fotovoltaicos que se fabricaron en el mundo se instalaron en España.

Una especie de nueva fiebre del oro recorrió nuestro país gracias a la prima que tenían asignadas las placas solares: 301 euros megavatio-hora. Más de 50.000 familias invirtieron en huertos solares. Se ganaba tanto dinero, que los hubo que generaron energía solar por la noche… Fruto de ese desmadre, el recibo de la luz se encareció en un 55% entre 2007 y 2017.

Si se quitan los impuestos somos el país de la UE con la electricidad más cara: 0,2 céntimos el kilovatio, el doble que Francia, por ejemplo, y mucho más que Alemania, Italia, Inglaterra o Portugal.

De la fiebre por la energía solar cabe rescatar la barbaridad realizada entre Zapatero y su ministro, Miguel Sebastián. Se habían marcado como objetivo instalar 500 megavatios termosolares.

Desmadre

Fijada la suculenta prima, rápidamente acudieron mil moscas a la rica miel. Las empresas eléctricas avisaron de la burbuja al Ejecutivo, pero el Gobierno del talante tiró de largo pensando en el crecimiento exponencial que le aguardaba a la economía española.

Cuando quisieron parar ya había instalados 2.400 megavatios. Resultado final, solo en primas hay que pagar 2.000 millones de euros cada ejercicio durante 25 años. Con una sencilla multiplicación se comprueba que la factura se eleva a 50.000 millones de euros. Más del doble que el agujero de Bankia.

Una cantidad fabulosa a cambio de 2.400 megavatios (la potencia total de energía instalada en España supera los 100.000 megavatios). Y, encima, si un día resultaran absolutamente necesarios, a lo mejor el cielo está nublado y no pasan de ser un cacharro inservible en el campo.

Esta operación originó miles de cometarios en el sector eléctrico. Nos podría ilustrar sobre ello Hugo Morán, porque tengo entendido que estuvo en la reunión de cuatro personas (Zapatero y Sebastián también estuvieron presentes) donde se decidió dejar expandir la oferta termosolar alimentada con una suculenta prima.

Ignoro lo que piensa Teresa Ribera de todo esto, aunque ya ha anticipado que va a suprimir el llamado ‘impuesto al Sol’. Sospecho que lamenta mucho más el parón que aplicó Rajoy a las renovables, que la burbuja alimentada por Zapatero.

A día de hoy, la hipoteca de las renovables gravita sobre la economía española. Y lo seguirá haciendo por muchos años. Se pueden hacer mejor las cosas en el futuro, claro que sí; ahora la tecnología es mucho más eficiente, pero ntes de ver la paja en el ojo del carbón, conviene reparar en la viga de las renovables.

Si uno mira hacia atrás, concluirá que todos los tremendos errores cometidos con el modelo energético en los últimos veinte años provinieron de una heterogénea suma de prejuicios e intereses creados. Dos décadas de transición hacia la nada.

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Sobre el autor Juan Neira