El Comercio
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Autor: juanneira
EL SÚBITO CAMBIO
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Juan Neira | 02-06-2018 | 2:29| 0

Hay que perderse en la noche de los tiempos para encontrar un profundo cambio político en España en un espacio tan corto de tiempo. Mariano Rajoy pasó de gozar de larga vida política a hacer las maletas para marcharse del palacio sin que mediara un mínimo intervalo de adaptación. A lo largo de las últimas décadas hubo algunas noticias sorprendentes y transcendentes, como la dimisión de Adolfo Suárez, el 29 de enero de 1981, pero el vacío dejado por el artífice de la transición no fue ocupado hasta casi un mes más tarde por Leopoldo Calvo Sotelo. La salida de Rajoy fue de sopetón, por eso tuvo que aligerar la agenda parlamentaria del jueves, para irse a comer, merendar y cenar con unos amigos, como entrenamiento para su reintegro en la sociedad civil. En los vídeos, a la salida del céntrico restaurante, se le observa ligeramente desorientado, con los escoltas señalándole el camino hasta el coche oficial. Un cambio tan rápido y radical deja perplejo a cualquiera. A la cabeza me vino la tópica imagen de Manolo Escobar cantando ‘mi carro me lo robaron’.

Para añadir extrañeza a la situación creada, la causa del seísmo político provino de una sentencia judicial que no nombra al líder del PP. Sin embargo, ni en la esfera política ni en la sociedad hubo el más mínimo intento por defender a Rajoy. Seis años y medio al frente de España para que al final sólo sea apoyado por 137 diputados de su grupo parlamentario y afines. Si nos atenemos a las reacciones suscitadas causa más impacto en la sociedad y en las instituciones del Estado la sentencia de la Gürtel que la incorporación de Bildu o de los conmilitones de Puigdemont a la nueva mayoría parlamentaria de Gobierno.

Lo que ha sucedido sólo es posible por la concurrencia de dos circunstancias de distinta naturaleza. Desde la aparición de los papeles de Bárcenas la credibilidad ética de una parte de la cúpula del PP está bajo mínimos. Deben tener en cuenta esta premisa para los próximos cambios en el partido y en la representación institucional. La otra razón viene de lejos y aún es más desasosegante: el PP es un partido sin aliados que cuenta con el exclusivo capital de militantes y votantes. No tiene una red de complicidades y simpatías como le ocurre a las formaciones y a los dirigentes de izquierda. Desde que Adolfo Suárez y Fraga Iribarne desaparecieron de la escena pública, los líderes de la derecha pueden tener muchos votos, pero no despiertan afecto. Los votos duran una o dos legislaturas, el querer es otra cosa.

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LA MAYORÍA DE SÁNCHEZ
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Juan Neira | 01-06-2018 | 11:00| 0

En una semana, Rajoy pasó de asegurarse la estabilidad parlamentaria para el resto de legislatura, con la aprobación de los presupuestos, a ser desalojado de la Presidencia por una moción de censura que nadie fue capaz de predecir. Una lectura interesada de la sentencia del ‘caso Gürtel’ fue hábilmente aprovechada por Pedro Sánchez para armar la mayoría parlamentaria de la censura.

Hace veinte meses, en pleno bloqueo institucional tras dos elecciones generales, Pedro Sánchez negociaba discretamente una mayoría de investidura con grupos de izquierdas y nacionalistas. Los barones socialistas comprendieron que la ambición de Sánchez podía dañar al partido e impugnaron su liderazgo haciéndolo dimitir en una convulsa reunión del Comité Federal. Ahora, Sánchez desbanca a Rajoy del poder apoyado por los mismos partidos con los que negociaba hace más de año y medio. En esta ocasión no hubo un sector crítico en el PSOE dispuesto a confrontar con Sánchez y eso que los independentistas catalanes han abierto un gravísimo conflicto con el Estado democrático. ERC, PDeCAT, Bildu y PNV abren las puertas de La Moncloa a Pedro Sánchez, ayudados por Podemos.

La moción de censura ha marcado el techo de influencia del PNV. En siete días dio luz verde a las cuentas del Estado y ha derribado del poder al artífice de esas cuentas. La parte más humillante del debate parlamentario estuvo en la incapacidad de Rajoy para nombrar al PNV. Habrá a quien le haya resultado más rasposa la humildad de Pedro Sánchez con Joan Tardá (ERC), pero la entrega de Sánchez al nacionalismo es algo totalmente previsible desde que adoptó la vía Iceta. La piedra de toque va a estar en lo que haga con la Fiscalía General del Estado. Ahí puede estar el punto de inflexión en la relación con los independentistas.

Rajoy y Rivera vapulearon dialécticamente a Sánchez, pero el candidato a presidente no retrocedió en su optimismo. La primera intervención de Pablo Iglesias –dura, gritona, amenazante, brillante– sirvió para anticipar el futuro, al atacar a Pedro Sánchez por dejarse humillar por Rajoy y no presentar un programa de gobierno. El líder de Podemos llegó a decirle, «usted tiene que parecer presidenciable», y le recordó que «con 84 diputados no se puede gobernar». Iglesias escogerá la fecha de finalización de la legislatura. Entramos en zona de turbulencias.

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LA DECISIÓN DEL PNV
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Juan Neira | 31-05-2018 | 10:20| 0

El futuro de la moción de censura está en manos del PNV. PP y Ciudadanos votarán en contra de la moción, mientras que PSOE, Podemos y los partidos nacionalistas, incluido Bildu (su columna vertebral, Batasuna, fue ilegalizada por su implicación en el entramado terrorista etarra), apoyarán la propuesta. Pedro Sánchez cuenta con 175 votos y necesita al PNV para ser presidente. El martes empezaron los contactos entre Sánchez y Andoni Ortuzar, el líder del PNV. En paralelo, los nacionalistas mantienen línea abierta con el palacio de la Moncloa. El resto de partidos se mantiene expectante. A las siete de la tarde está convocada la dirección del PNV, Euzkadi Buru Batzar (EBB), para tomar la decisión una vez oídos los compromisos asumidos por Pedro Sánchez. Es evidente que el líder socialista ya les ha hecho promesas en privado y los dirigentes nacionalistas quieren ver lo que dice en público.

Todo esto sucede ocho días después de que el PNV diera luz verde al proyecto de Presupuestos Generales del Estado en el Congreso de los Diputados. Todos los grupos estaban pendientes de la decisión de los nacionalistas y el EBB decidió que apoyaba las cuentas de Rajoy que contienen 540 millones de inversión para los vascos. Al día siguiente, las crónicas hablaban de que los nacionalistas aseguraban a Rajoy la viabilidad del Gobierno para toda la legislatura. Ocho días más tarde, el mismo órgano de dirección del PNV puede cesar a Rajoy.

Una contradicción tan flagrante no obliga al EBB a dar explicaciones, porque desde su lógica nacionalista se puede y se debe aprobar los presupuestos de un gobierno y, a renglón seguido, derribar a ese gobierno. El PNV juzga a los gobiernos de España por los recursos económicos que destinan a su tierra y por las medidas legales y políticas que tomen para aflojar o extinguir los lazos que unen al resto de España con el País Vasco. Rajoy es un buen socio porque ha firmado un cupo sumamente ventajoso, a través del cual apenas pagan los vascos por los servicios que reciben de España, y por las inversiones que tiene aprobadas para los próximos años. Aun así, quizás sea el momento de dejar tirado al líder del PP, si Pedro Sánchez aumenta su autogobierno y retoca el modelo de Estado. Todo esto lo saben PP y PSOE, y pese a ello permiten que un partido ajeno a los intereses de España decida el futuro de todos los españoles. Desde Bilbao decidieron hace unos días cuánto se iban a subir las pensiones y hoy dictarán quién será nuestro presidente.

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TEORÍA DEL MAL MENOR
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Juan Neira | 30-05-2018 | 11:09| 0

Según se acerca el debate de la moción de censura aumenta el recelo hacia el plan de Pedro Sánchez para gobernar con las manos libres de ataduras, sin compromisos explícitos con el resto de grupos parlamentarios. El oprobio caído sobre el presidente y su partido no ha menguado con el paso de los días, pero los partidos de oposición se preguntan si deben hacer presidente a Pedro Sánchez para que prolongue la legislatura a su conveniencia y con un programa reducido a tres o cuatro frases retóricas. El líder socialista es consciente de las dudas que despierta su agenda oculta y trata de disipar los temores poniendo el énfasis sobre la corrupción del PP y el daño que causa al sistema constitucional.

Pedro Sánchez pronunció ayer una frase que no tiene desperdicio, «el sí a la moción de censura no es un sí al PSOE, es un sí a la democracia». Nos da a entender que se puede hacer presidente a Pedro Sánchez discrepando claramente de la política socialista, porque la moción de censura sólo es una reafirmación de los valores democráticos. Tirando de ese hilo argumental también se podría hacer presidente a Iglesias y Rivera, y a Joan Tardá (ERC), Carlos Campuzano (PDeCAT) o a Aitor Esteban (PNV), ya que aunque estuviéramos en desacuerdo con sus partidos y sus políticas, el simple hecho de servir de instrumento para desalojar del Gobierno a Rajoy convertiría en un avance para la democracia su llegada al poder.

El planteamiento de Pedro Sánchez sería cierto si la moción de censura en España no llevara aparejada la investidura de un presidente, si sólo estuviera en juego apear a Rajoy del poder ejecutivo. Los padres de la Constitución quisieron diseñar una moción de censura de carácter constructivo, siguiendo el modelo alemán, para evitar el vacío de poder, y de ahí que antes de votar no sólo hay que valorar a quién se le quite el poder sino también a quién se le da. El verano pasado, con la bandera de la denuncia de la corrupción del Gobierno, Pablo Iglesias lideró otra moción de censura a la que le dieron la espalda la inmensa mayoría de los diputados. Si únicamente importara desplazar a Rajoy no se entiende que el PSOE no haya optado, entonces, por encumbrar al poder a Iglesias.

Si quiere salir investido como presidente, Pedro Sánchez haría bien en cambiar de táctica para generar confianza en aquellos a los que les solicita el voto. Debería darse un baño de realismo y esforzarse en convencer al resto de grupos que su alternativa es un mal menor al lado del Gobierno de Rajoy.

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CHEQUE EN BLANCO PARA SÁNCHEZ
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Juan Neira | 29-05-2018 | 11:45| 0

Ana Pastor y Pedro Sánchez se han puesto de acuerdo para que la moción de censura se sustancie en el Congreso de los Diputados el jueves y el viernes de esta semana. Una tramitación exprés que se ajusta a las pretensiones del PSOE y no desagrada al Gobierno. El líder socialista puede pretextar la premura de tiempo para negarse a negociar, oficialmente, con los grupos parlamentarios, y Mariano Rajoy prefiere quitarse la amenaza de encima lo antes posible con independencia del resultado que depare la votación tras el debate. Hace un año, cuando Podemos registró la moción de censura que pretendía hacer presidente a Pablo Iglesias, tardó veinticinco días en debatirse. Un plazo tan largo no conviene ahora ni a populares ni a socialistas. En esta ocasión hay probabilidades de que salga adelante y para Rajoy sería muy duro instalarse en la provisionalidad durante un mes. En cuanto a Pedro Sánchez, no sería de recibo estar un periodo de tiempo tan largo sin sentarse a negociar con los grupos parlamentarios a los que va a solicitar su voto.

Una vez acordada la fecha del debate, Pedro Sánchez volvió a repetir que se trata de aprovechar la ocasión para poner punto final al deterioro de las instituciones, mejorar la calidad democrática y abrir un tiempo nuevo. Seguro que esa argumentación se la compran casi todos los portavoces políticos, pero la valoración es diferente cuando el derribo de Rajoy viene acompañado de la investidura de Sánchez. La crítica a Rajoy puede ser mayoritaria, pero la confianza en Sánchez suscita disparidad de opiniones. Ante el Comité Federal, el secretario general del PSOE redujo la cuestión a la conveniencia de mantener o quitar a Mariano Rajoy, como si fuese un asunto intranscendente la figura de su sucesor. No lo ven así otros grupos. Interesa conocer sus planes, empezando por la fecha en que habrá elecciones y siguiendo por su programa de gobierno. No entró en detalles ante el Comité Federal, así que habrá que esperar al debate para extraer consecuencias.

En el caso de que saliera derrotada la moción de censura, Pablo Iglesias tiene claro que Pedro Sánchez debería dimitir como secretario general y abandonar la política. Sorprendente. Hace menos de doce meses, una moción encabezada por Iglesias sólo tuvo el apoyo de diez diputados fuera de sus filas, y no dejó el escaño ni el liderazgo del partido. La diferencia está, según Iglesias, en que aquella era una moción de censura de dignidad. Mejor se da un baño en la piscina.

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