El Comercio
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Autor: juanneira
EL REY CRUZA EL RUBICÓN
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Juan Neira | 04-10-2017 | 8:50| 0

El Rey pronunció un discurso corto, claro, valiente, impecable. Sin metáforas, sin rodeos, sin medias tintas, sin equidistancias, sin concesiones, sin querer contentar a todos, sin melindres, movido por la única voluntad de describir la realidad, de señalar a los culpables de la crisis catalana, de proteger a los ciudadanos acosados por los independentistas, de recordar a todos que el Estado tiene la responsabilidad de asegurar el orden constitucional y el autogobierno de Cataluña. A los pocos segundos de alocución ya había señalado con el dedo a la Generalitat. Evitó los nombres propios y recurrió al enunciado genérico de “autoridades” para decir que vulneraron de forma sistemática las normas demostrando una deslealtad inadmisible a los poderes del Estado. Les acusó de pretender quebrar la unidad de España.

Don Felipe de Borbón cruzó el Rubicón. Del mismo modo que su padre, en la noche del 23-F, leyó un discurso donde decía explícitamente que ni quería ni podía volverse atrás, el actual Jefe del Estado dio un paso decisivo, en consonancia con la gravedad del momento, sabedor de que los nacionalistas y los populistas no se lo van a perdonar. Lo más llamativo de la disertación es la renuncia voluntaria a pronunciar la palabra “diálogo” que es el comodín en las intervenciones de buena parte de la clase política española y de los desorientados dirigentes europeos. En efecto, hablar de diálogo, en este momento, conlleva hacer tabla rasa de los comportamientos delictivos de los gobernantes catalanes, poner en almoneda los preceptos constitucionales y rebajar la democracia española a cambio del plato de lentejas nacionalista de la renuncia a la declaración de independencia. Lo primero es la vuelta a la normalidad institucional y, luego, habrá todo el tiempo del mundo para hablar largo y extenso sobre España y Cataluña, y para hacer las reformas pertinentes.

Es necesario desactivar el golpe de los independentistas, pero no es menos importante preservar la dignidad de las instituciones en el intento de pacificación. En caso contrario, estaríamos ante una solución falsa, ya que sólo aplazaríamos el problema para un futuro próximo. Sobre este particular es bueno recordar las consecuencias nefastas que trajo la política de contemporización con la consulta del 9-N. En apenas cinco minutos, el Rey hizo el trabajo que otros poderes del Estado no hicieron en meses. Los enemigos de la Constitución son enemigos de don Felipe.

 

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HOMBRES DE ESTADO
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Juan Neira | 04-10-2017 | 12:51| 0

El 2 de octubre las cosas se pusieron más feas que el día 1, fecha fatídica del referéndum. Como habíamos escrito, la desgracia generalizada no iba a ser uniforme: a unos les fue peor que a otros. Quien más perdió fue el presidente del Gobierno. En diversas ocasiones, algunas con aire solemne, Rajoy había declarado que no se celebraría la consulta, que no habría urnas, que no se podría votar en los colegios. No hubo un referéndum legal, porque estaba viciada su convocatoria y por el rosario de irregularidades que se desarrollaron en la jornada, pero todo el mundo pudo ver que la gente hacía cola en los centros de votación y depositaba su papeleta (a veces sin sobre o fabricada en casa) en las urnas. El Estado no fue capaz de impedir el plan desplegado por la Generalitat y las organizaciones afines de masas. Es cierto que mil colegios estuvieron cerrados todo el día (había 2.315 colegios) y que probablemente votó mucha menos gente de los 2,2 millones que se dieron como resultado final, pero acudió una cantidad significativa de ciudadanos a los colegios superando todo tipo de obstáculos (amenazas de multa, presencia policial, etc.).

Hay que añadir la victoria por goleada de la Generalitat en la estrategia de comunicación, olvidándose de los votos y centrando el discurso en los golpes (están a punto de descubrir mil heridos). Debido a ello, a partir de la una de la tarde la Policía casi no intervino en los colegios.

Rajoy está mucho más débil y el Estado con él. Por primera vez, tras cinco años de ‘procés’, la independencia de Cataluña es algo más que una hipótesis romántica de nacionalistas enfebrecidos. Con la declaración de independencia a la vuelta de la esquina, es fundamental reforzar el bloque de fuerzas constitucionalistas. Las entrevistas del presidente con los líderes del PSOE y Ciudadanos no estuvieron a la altura de la gravedad del momento. El jefe de un partido no es un concejal ni un diputado ni un tertuliano ni un modista ni un cantante ni un rector de universidad. Es un hombre de Estado. Pedro Sánchez llevó a Rajoy unas propuestas que parecía haberlas oído en la radio del coche: una ronda con todos los líderes parlamentarios (ya lo había anunciado el presidente) y una entrevista inmediata con Puigdemont. ¿Qué piensa Sánchez que puede decirle ahora Rajoy al presidente de la Generalitat? ¿Cree que la foto ya tiene, por si misma, un efecto balsámico? ¿Para cuándo las medidas extraordinarias que contempla la Constitución?

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MENTIRAS Y DATOS
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Juan Neira | 02-10-2017 | 8:04| 0

No había precedentes de una convocatoria a las urnas en España rodeada de una carga tan grande de dramatismo. La jornada era de máximo riesgo.

Al final, el resultado fue menos grave de lo que cabía esperar dado el peso de las fuerzas que iban a colisionar. Para ello hizo falta que se dieran tres circunstancias: la supuesta llegada de expertos extranjeros en la lucha callejera no fue tal; los planes de la CUP para convertir la consulta en una guerrilla urbana no fueron ciertos; las Fuerzas de Orden Público levantaron el pie del acelerador a media mañana, cuando la pericia de la Policía dejó colapsado el programa informático de la Generalitat que debía regular la consulta. Volveremos sobre ello.

El primer asunto a destacar del 1-0 fue la conducta de los Mossos d’Esquadra. Bastaba verlos desde primeras horas de la mañana, con gorra de plato y en mangas de camisa, para comprender que su misión era aconsejar a los despistados y tranquilizar a los ansiosos. Una réplica de los cascos azules de la ONU. Los Mossos no atendieron el mandato judicial de impedir la consulta. Confiar en este cuerpo policial era absurdo y el Gobierno tardó en comprenderlo.

En el personal que debía participar en la consulta hubo muchas deserciones. El miedo a las elevadas multas produjo sus efectos. Veámoslo con datos.

DESERCIONES

Había 2.315 colegios. Los Mossos d’Esquadra sólo encontraron 1.300 abiertos, de los que 163 estaban ocupados por gente que quería evitar el precinto policial. Para evitar que la consulta se fuera abajo, la Generalitat inventó el colegio universal (cada cual podía votar donde le viniera en gana), y por eso había institutos con más de mil personas haciendo cola mientras otros no tenían actividad electoral. La libertad de colegio hizo algunas personas votaran hasta cuatro veces. Hay constancia gráfica de ello.

La deserción de los elegidos para ocupar las mesas se suplió con militantes de la Asamblea Nacional Catalana y Ómnium Cultural, que es tanto como poner a un hincha del equipo de casa a hacer de árbitro. En resumen: los colegios ocupados no llegaban al 7% y los abandonados superaban ampliamente el 40%.

La Generalitat tuvo la habilidad política de quitar importancia a los votos para volcar la atención en los heridos. Fue su mayor acierto. A las once de la mañana, Carlos Puigdemont, en su primera comparecencia, se centró exclusivamente en la “brutalidad policial”. Lo mismo el portavoz de la Generalitat, Turull.

Al hablar de declaraciones, hay que destacar que el personaje del día fue Gerard Piqué, con unas largas manifestaciones, interrumpidas por sollozos (en España, el que no llora cuando habla en público no merece ser creído), en las que demonizaba al Gobierno y a Rajoy, oponiéndolos a las buenas personas del independentismo. Una impagable lección de humanismo.

HERIDOS

La Consejería de Salud de la Generalitat publicó un parte de afectados que habla de 761 heridos. De ser cierto, desde la Guerra Civil nunca hubo tantos contusionados en un día.

Ni en la semana por la amnistía de mayo de 1977, en el País Vasco, cuando murieron cinco personas. Ni en los sucesos de Vitoria del 3 de marzo de 1976, con otros cinco muertos. Ni en los sucesos de Montejurra del 9 de mayo de 1976, con dos muertos. La Generalitat habla de 761 heridos y, sin embargo, sólo hubo tres detenidos. Sin comentarios.

Decía al principio que la Policía y la Guardia Civil levantaron el pie del acelerador a media mañana. Veamos los datos que lo atestiguan. El ministro, Zoido, a las 11horas y 48’, decía que la Policía había cerrado 70 colegios. Al final de la jornada, el número de centros cerrados fue de 92. A partir de las doce de la mañana apenas se cerraron colegios. El Ministerio del Interior ralentizó la actuación de las fuerzas del orden porque habían logrado colapsar la herramienta informática de la Generalitat.

El relato oficial de la jornada queda desmentido por los datos.

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ESPERPENTO CON URNAS CHINAS
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Juan Neira | 01-10-2017 | 8:18| 0

El drama del “procés” desemboca en la celebración del referéndum de autodeterminación de Cataluña. Una fecha en la que colisionan frontalmente la voluntad independentista de la Generalitat con la ilegalidad de la consulta dictada por el Tribunal Constitucional  ¿En qué circunstancias llegamos a esta cita histórica?

Los partidos agrupados en Juntos Por el Sí y la CUP, y las entidades que luchan por la causa del independentismo, como la Asamblea Nacional Catalana y Ómnium Cultural, se encuentran eufóricos. Despliegan un activismo que no conoce el descanso nocturno.

Se han preparado febrilmente para la batalla haciendo acopio de  papeletas y sobres, diseñando estrategias de ocupación de los colegios electorales, amedrantando a los tibios para que vayan a votar, insultando a los que se atreven a criticarlos.

La Generalitat se hizo cargo del cuerpo del delito: las urnas chinas. Con tres “tuppers” así cualquier prestidigitador de tercera es capaz de sacar  un montón de pañuelos, palomas y media docena de repúblicas independientes.

Los nacionalistas llevan los niños a la calle para que participen en una hazaña histórica. Han abandonado su gusto por la vestimenta oscura para convertir la estelada  en uniforme obligatorio. Forman un torrente de emoción por el asfalto. Están convencidos de que van a ganar. 2017 debe ser la cara de una moneda que lleva inscrito 1714 en su cruz.

ANTECEDENTE

El factor clave para pensar que la quimera de la independencia puede llevarse a la práctica, por esa vía, estuvo en lo sucedido el 9 de noviembre de 2014, cuando Rajoy permitió que pusieran las mesas electorales en las aceras y publicaran los resultados.

Sacaron como conclusión que el Gobierno de España no se atrevía con las arbitrariedades del independentismo catalán. Cuando las instituciones no se hacen respetar, luego están obligadas a sobreactuar. Tras aquel ensayo general, quieren estrenar el esperpento.

El Gobierno de España opuso una estrategia fría contra el calor del catalanismo radical. Rajoy dio orden a los funcionarios de desbaratar el plan de Puigdemont y Junqueras. Los carteros no debían enviar las comunicaciones de la Generalitat al vecindario; los responsables de los colegios electorales no podían abrir los edificios; los fiscales y jueces debían instruir procedimientos contra los sediciosos; los Mossos d’Esquadra tenían que impedir las votaciones; la Policía Nacional y la Guardia Civil debían colaborar con los Mossos. Ni un gramo de acción política, todo procedimiento administrativo.

A estas alturas, ya sabemos que con la excepción de jueces, fiscales y los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, el resto no ha seguido el mandato del presidente del Gobierno con el celo que esperaba. La cosa se puso fea y Mariano Rajoy excusó de acudir al Consejo Europeo, convocado en Tallín (Estonia).

INFLEXIÓN

La crisis catalana tuvo dos puntos de inflexión. El primero se produjo en los días seis y siete de septiembre, cuando el Parlamento autonómico aprobó en un tiempo récord las leyes de referéndum y desconexión, violando la Constitución, el Estatuto de Autonomía y el reglamento de la Cámara.

Unas sesiones parlamentarias bochornosas, en la que tuvo un especial protagonismo Carmen Forcadell, presidenta del Parlamento, que llegó a declarar que no le importaban las resoluciones del Tribunal Constitucional, porque no se sometía a otra autoridad que la de los diputados.

Ante la opinión pública internacional, el nacionalismo catalán mostró su cara más antidemocrática al retorcer las instituciones al modo que lo hace Nicolás Maduro en Venezuela.

La secuencia de ilegalidades trajo como consecuencia una querella por desobediencia, prevaricación y malversación sobre los miembros del “Govern”. Y otra contra los miembros de la Mesa del “Parlament”, que dieron cobertura a esas leyes.

La espiral de los procedimientos judiciales dio más vueltas con las imputaciones sobre los alcaldes que cedieron sus locales a la Generalitat para la consulta. Algunos políticos y juristas dicen que fue un exceso, pero lo cierto es que la mayoría de las decisiones de los regidores se plasmaron en forma de decreto.

El otro punto de inflexión tuvo lugar con el registro de cuarenta sedes de la Generalitat y la detención de 13 altos cargos por la Guardia Civil.

Los independentistas se lanzaron a la calle y aún no han retornado a sus casas. Ante los socios europeos tuvo un coste alto la detención de políticos y los planes para impedir por el uso de la fuerza el uso de mecanismos electorales.

OPINIÓN PÚBLICA

Hasta hace un par de días, la opinión pública española estaba dormida, y los catalanes partidarios de la unión con España  vivían cohibidos.

La colocación de banderas en los balcones indica que algo se empieza a agitar. La manifestación  con banderas españolas en la plaza de San Jaime, centro institucional del catalanismo, indica  que la sociedad plural no se rinde.

Tras el 1-0, cuando el disparate se haya consumado con la declaración de independencia y haya que estrenar el artículo 155 de la Constitución, será muy importante que las calles reflejen la pluralidad que han querido ocultar las urnas chinas.

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TESTAMENTO DE JAVIER FERNÁNDEZ
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Juan Neira | 30-09-2017 | 5:50| 0

Javier Fernández se dirigió por última vez, como secretario general de la Federación Socialista Asturiana (FSA), a los cuadros de su partido. Ante el plenario del congreso pronunció un discurso muy de su estilo. Una pieza estudiada minuciosamente, trabajosamente memorizada, llena de alusiones a los hechos traumáticos vividos en el último año, y con la emoción contenida al recitarlo. Un discurso en clave rigurosamente personal, que trataba de ser algo así como las vivencias de un secretario general tras diecisiete años en el cargo, pero lleno de advertencias para su sucesor, Adrián Barbón, y sin perder la cara al “sanchismo”, mayoritario en la sala.

Tras decir que iba a hablar de recuerdos, lanzó el primer recado, “aunque vayas sobrado por los mares de la política, siempre hay un iceberg invisible esperándote” ¿Va Adrián de sobrado, o era el propio Javier Fernández el que navegaba despreocupado hasta que colisionó con Pedro Sánchez? A partir de ahí, la reflexión fluyó motivada por la abstención ante la investidura de Rajoy: en política no hay bien ni mal, sino opciones “preferibles o detestables”. Todos sabemos que para el secretario general saliente, la preferible era la abstención y la detestable, las terceras elecciones. Insistió Javier Fernández en el mismo tema al decir que el eje de la política es el tándem, izquierda/derecha, pero sin entender esa dicotomía al modo de Trento, entre “católicos y protestantes”. El famoso cisma del no es no.

Tras reconocer que nunca tuvo miedo y que no sintió jamás la ambición del poder, manifestó que su larga experiencia como secretario general le enseñó que el principal valor del partido es la lealtad. La lealtad es una virtud que de tanto insistir en ella puede convertirse en vicio, cuando la fidelidad a las personas clausura el raciocinio o fuerza a ocultar la verdad. Se refirió al ambiente hostil en el partido, sin nombres, fechas ni hechos, pero con “rencores, bandos y comisarios”. Un ambiente que sintetizó en la imposibilidad de “decir nosotros”. Unas palabras con resonancias a Benedetti: “quizás mi única noción de patria sea esta urgencia de decir Nosotros”. Confesó: “tengo congoja al final, pero no amargura por el último año”.  Cerró su pieza oratoria de forma lacónica, tras recordar a Martínez Noval, con cariño, miró a Adrián Barbón y le presentó su respeto. Y se sintió un abrumado deudor del PSOE. Le pedí a mi ordenador seudónimos de congoja y me sacó de dudas: “amargura”

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