El Comercio
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Autor: juanneira
UNA METEDURA DE PATA COLOSAL
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Juan Neira | 27-01-2018 | 2:10| 0

La crisis catalana entra en un nuevo e imprevisto capítulo con el rechazo del Consejo de Estado al deseo del Gobierno de impugnar la candidatura de Carlos Puigdemont a la Presidencia de la Generalitat. El máximo órgano de asesoramiento del Estado señaló que Puigdemont es un diputado más y no tiene recortadas sus expectativas de ser presidente. Previamente al dictamen, Soraya Sáenz de Santamaría manifestó que es un prófugo sobre el que recaen graves acusaciones y no tiene «libertad deambulatoria completa». No conocía esa disquisición entre libertad deambulatoria completa o incompleta. Que una abogada del Estado hable así es de traca. El Consejo del Estado viene a decir que no se puede actuar preventivamente. Si Puigdemont trata de ser elegido telemáticamente la investidura podrá ser impugnada con total garantía y en caso de que quiera asistir al Pleno del Parlamento, podrá ser detenido y el juez Llarena decidirá si lo manda a la cárcel o le da permiso para asistir a la investidura. Esas son las reglas del juego. El Gobierno debe ser el más interesado en respetarlas.

Pues bien, pese al dictamen del Consejo de Estado, el Gobierno ha decidido impugnar la candidatura ante el Tribunal Constitucional, con el objeto de que si es admitido a trámite su recurso quedará en suspenso la candidatura, y el presidente del Parlamento catalán tendrá que proponer a otro candidato para ser investido. La vicepresidenta del Gobierno indicó que se acogían a ese recurso para impedir que la candidatura de Carlos Puigdemont «produzca un daño irreparable».

Si el Gobierno de Rajoy conserva un átomo de capacidad para el análisis político, tras la vorágine de acontecimientos vividos en los últimos meses en Cataluña, deberá darse cuenta de que su decisión es un error de unas dimensiones semejantes al planteamiento que hizo ante el referéndum del 1-O. Si algo diferenció a las fuerzas constitucionalistas de las independentistas es el respeto a la legalidad, la supeditación a los dictámenes de los órganos de asesoramiento y la renuncia a utilizar espuriamente las cláusulas garantistas establecidas en los procedimientos del Tribunal Constitucional (TC). Dejar a Puigdemont fuera de juego, provisionalmente, para arriesgarse a que dentro de unos meses el TC lo rehabilite es una irresponsabilidad tremenda. Entonces sí que se produciría un daño irreparable para el sistema democrático. Los ‘indepes’ tienen la carta que necesitaban para reabrir la crisis institucional.

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SÁNCHEZ, NACIONES Y NOCIONES
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Juan Neira | 26-01-2018 | 8:48| 0

Javier Fernández vuelve a la carga sobre la línea política e ideológica marcada por Pedro Sánchez. El presidente del Principado celebra que el discurso de la plurinacionalidad cotice a la baja en el PSOE. El dirigente asturiano previene sobre la práctica de hacer concesiones semánticas a los grupos nacionalistas y denuesta de expresiones como el ‘Estado plurinacional’.

Hace un año, los ‘sanchistas’ estaban muy interesados en tener una relación especial con los nacionalistas. Como señuelo ofrecían un cambio en la definición del país, como Estado federal. Una etiqueta que no transmitía ninguna emoción a los nacionalistas catalanes porque ya habían girado del autonomismo al independentismo. Pedro Sánchez les hacía guiños dándoles a entender que la reforma de la Constitución permitiría revisar el título octavo de la Constitución, ‘De la organización territorial del Estado’. Poco después se celebró el interesante debate de las primarias entre Pedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López; este último le preguntó a Sánchez si sabía lo que era una nación, y el actual secretario general dogmatizó, «es un sentimiento que tiene muchísima ciudadanía (Cataluña, País Vasco) por razones culturales, históricas y lingüísticas». Yo seguía el debate y ante una definición tan absolutamente subjetiva me acordé de Gustavo Bueno, que le hubiera dicho algo así como «oiga, y si se sienten caballos, ¿usted aceptaría que los catalanes son una manada de caballos?». A la vuelta del verano, la ruptura de los independentistas con la legalidad española puso fin al sueño de Pedro Sánchez de formar una alianza entre izquierdas e independentistas para dejar en minoría a Rajoy. En las elecciones del 21 de diciembre, el batacazo de Iceta en las urnas acabó con los devaneos de los ‘sanchistas’ con los nacionalistas. Recordemos que hace tan solo unos pocos meses la Comisión Ejecutiva socialista debatió sobre el número de naciones que palpitaban en el vientre de España. Asturias, con más historia que todas ellas juntas (nuestro siglo de oro fue el siglo IX, una época en que los vascos adoraban el fuego) no estaba en el grupo de pretendientes. Ya lo dijo el juriconsulto Sánchez, la clave está en «el sentimiento de muchísima ciudadanía».

Alguna consecuencia buena tuvo el famoso ‘procés’. Prefiero cualquier barbaridad (impuesto a la banca para pagar pensiones) a ver al único partido que lleva el gentilicio de España en su nombre pariendo naciones.

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LOS DOS BANDOS DEL PSOE
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Juan Neira | 25-01-2018 | 7:53| 0

Las afirmaciones realizadas por Javier Fernández en su conferencia madrileña han sido contestadas por el sector ‘sanchista’, mayoritario en la dirección federal del PSOE y en la FSA. La número dos del partido, la asturiana Adriana Lastra, ha negado que Pedro Sánchez hubiera rectificado, pasando del rechazo a Mariano Rajoy al diálogo. La vicesecretaria general ha señalado que el máximo dirigente del PSOE se ha negado a investir a Rajoy o a aprobar su proyecto presupuestario, pero que siempre estuvo abierto a consensuar con el PP los grandes asuntos de Estado. La puntualización de Adriana Lastra es cierta. No tiene sentido discutir sobre declaraciones que están repetidamente publicadas y constan en todas las hemerotecas.

Del acto celebrado en Nueva Economía Fórum; de las presencias y las ausencias a la conferencia de Javier Fernández, así como de la polémica subsiguiente se puede sacar la conclusión de que el PSOE sigue fuertemente dividido. No se ha hecho una síntesis de las posiciones de unos y otros, porque ni siquiera se ha intentado. El triunfo de Pedro Sánchez en las primarias fue contundente, recibiendo más del 50% de los votos, frente a Susana Díaz y Patxi López. En la FSA, cuatro meses más tarde, Adrián Barbón volvió a reeditar la victoria de los ‘sanchistas’. Pedro Sánchez creía que se acababa la división interna y el partido se expresaría con una sola voz: la suya. No es eso lo que ha ocurrido. La política es una cinta sinfín y de la victoria de Sánchez se ha pasado al triunfo de los barones autonómicos, cercanos a Susana Díaz, allí donde se presentaron a la reelección (Javier Fernández renunció a un nuevo mandato, como secretario general de la FSA). Luego vino la crisis catalana que dejó en una posición desairada a Pedro Sánchez, porque su apuesta por el diálogo y los pactos transversales ha quedado sobrepasada por un choque de bloques donde se llevaron la mejor parte Ciudadanos (ganador de las elecciones) y los partidos independentistas. La campaña de Pedro Sánchez a favor de una reforma de la Constitución también ha quedado en vía muerta. A día de hoy, la dirección del PSOE se ha quedado sin política, y vive de ocurrencias aisladas como el impuesto a la banca para pagar las pensiones. Un disparate político. Imaginemos que la banca jugara ese papel; acabarían siendo los banqueros más importantes que el propio gobierno, ya que serían los dueños del crédito y los grandes benefactores de la tercera edad. Sánchez copia a Iglesias.

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LA REFLEXIÓN DE FERNÁNDEZ
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Juan Neira | 24-01-2018 | 11:24| 0

De la intervención de Javier Fernández en Nueva Economía Fórum sobresalen dos ideas, su visión sobre la reforma constitucional y el nuevo modelo de financiación autonómica, y la reflexión sobre el supuesto giro político de Pedro Sánchez. El presidente asturiano considera que los aspectos básicos del nuevo modelo de financiación deben quedar plasmados en la Constitución, así que esta deberá reformarse antes de cerrar la financiación autonómica. Cuesta mucho negociar los cambios en la financiación territorial, así que no es viable hacer reformas provisionales para ir tirando. Si se quiere dar rango constitucional a determinados aspectos que afectan a los dineros de las comunidades autónomas, pónganse primero a reformar la Carta Magna.

Ahora bien, la contradicción salta a la vista: en el actual Congreso de los Diputados, es tan difícil consensuar una declaración contra la violencia de género que el intento de pactar cambios constitucionales es una quimera. Esa tarea quedaría diferida, como mínimo, para el siguiente mandato; sin embargo, los gobiernos autonómicos y gran parte de los partidos políticos señalan la consecución del nuevo modelo de financiación como un objetivo inaplazable. Conclusión: se empezará a negociar el nuevo sistema de financiación sin tocar la Constitución. En cualquier caso, considero que el verdadero hándicap reside en intentar reformar el modelo sin que Cataluña tome asiento en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. Es imposible tomar decisiones sin que el Gobierno de Cataluña participe en las negociaciones. Javier Fernández advirtió del peligro de suavizar las tensiones identitarias catalanas con el dinero que corresponde a Asturias y al resto de territorios. Es una amenaza real que solo se podrá conjurar con la alianza del resto de regiones.

El líder asturiano apreció el giro de Pedro Sánchez con respecto al Gobierno de Rajoy, al pasar del rechazo frontal a la negociación de los grandes temas. Para ser rigurosos, digamos que Sánchez se negó a colaborar en la investidura de Rajoy y a aprobar los presupuestos de su Gobierno, pero no cerró la puerta a otro tipo de acuerdos. No obstante, es cierto que dio un giro. Hasta los tozudos cambian a golpe de reveses electorales. Cuánto mejor hubiera sido Borrell que Iceta. El follón catalán borró la hoja de ruta del pacto de las izquierdas y los nacionalistas: el puente que le llevaba a la Moncloa. Quedó sin juguete. Como Pablo Iglesias. Qué pena.

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DÍAS DE FAMA
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Juan Neira | 23-01-2018 | 11:03| 0

Como si todo estuviese planeado, mientras Carlos Puigdemont pronunciaba una conferencia en la Universidad de Copenhague, el presidente del Parlament, Roger Torrent, proponía que fuera candidato a presidir la Generalitat. Puigdemont repitió en tierras escandinavas la colección de asertos que lleva en la mochila desde que huyó de España: «El Gobierno encarcela a los adversarios políticos o nos obliga a exiliarnos para evitar la cárcel»; «las violaciones del Estado de derecho recuerdan a las de Polonia, pero la UE mira para otro lado»; «Cataluña quiere ser la Dinamarca del Sur»; «no vamos a rendirnos, formaremos gobierno en breve». Desde una perspectiva intelectual, el mensaje se desvanece solo, porque las actuaciones punitivas contra los dirigentes independentistas no provienen del Gobierno de España, sino de jueces y fiscales.

Precisamente, porque funciona el Estado de derecho, están en apuros Puigdemont y sus exconsejeos. Oír que Cataluña quiere ser la Dinamarca del Sur provoca vergüenza ajena, porque en los países nórdicos se respeta escrupulosamente la legalidad y tienen una economía saneada, no como la Cataluña nacionalista que en los últimos cinco años necesitó que el Estado le inyectara 63.000 millones de euros para pagar la sanidad, la educación y los servicios sociales. Tuvo una participación en la recaudación de los impuestos del Estado como cualquier otra comunidad autónoma, pero como allí se derrocha a espuertas, el Ministerio de Hacienda creó un fondo para financiar sus excesos: más de 12.000 millones cada año. Dinero que sale de las carteras todos los españoles para que lo cobren los catalanes.

Torrent advirtió que conoce la situación personal y judicial de Puigdemont, pero tiene absoluta legitimidad para ser presidente porque es el diputado que genera un mayor consenso parlamentario. El recién elegido presidente de la Cámara autonómica va a viajar a Bruselas y a las cárceles para entrevistarse con los diputados prófugos y los que están recluidos en las instituciones penitenciarias del Estado.

La Fiscalía pidió reactivar la euroorden de detención en cuanto pisó suelo danés, pero el juez instructor no aceptó la petición porque podría beneficiar a Puigdemont. Sutilezas jurídicas que resultan ininteligibles para los profanos en leyes. El Tribunal Constitucional acabará con el esperpento de ver a Puigdemont de telepresidente. Veremos qué hace entonces la cuadrilla que lo encumbra.

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