El Comercio
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Autor: juanneira
VÍA LIBRE PARA EL “SANCHISMO”
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Juan Neira | 27-05-2017 | 11:57| 0

Javier Fernández ha querido acabar con las especulaciones declarando que no va a competir por la Secretaría General de la FSA en el congreso regional. Desde que se cerraron las urnas el pasado domingo alzándose Pedro Sánchez como triunfador de las primarias, el entorno del presidente del Principado le presionaba para que se presentara a la reelección. El cálculo que hacían no era muy alentador: “con Javier no es seguro que ganemos, pero sin él vamos a una derrota cierta”. Por su parte, los “sanchistas” dejaban caer que Fernández no se presentaría, porque había perdido frente a Sánchez. Una suma de opiniones interesadas.

Como era de prever, Javier Fernández declaró que su decisión no tenía nada que ver con el resultado de las primarias, que ya la había tomado previamente, y que deja a la organización a disposición de la nueva dirección que tendrá que afrontar la división interna. Es muy probable que dada su edad y a dos años de dejar la política (en 2015 manifestó que no volvería a votar como candidato en otras elecciones autonómicas), considerara que no tenía sentido iniciar otro mandato al frente de la FSA. Ahora bien, cualquier manifestación realizada a tan solo los cinco días de la consulta a la militancia está influida por el resultado de las urnas. Javier Fernández no se siente con ánimos para repetir los desencuentros con Pedro Sánchez (la última perla de Sánchez es la petición de reforma de la Constitución para reconocer el carácter plurinacional del Estado) ni para enfrentarse al conjunto abigarrado de “sanchistas” que son mayoritarios en el socialismo asturiano a partir de una heterogénea alianza en la que se dan la mano los genuinos “sanchistas”, el Soma, los despechados colaboradores de Javier Fernández en el Principado, los socios institucionales de Podemos, y el sindicalismo del “no”. El fracaso de la comisión gestora, y como tal hay que calificar una gestión que no logró ni apaciguar el partido ni librarlo del discurso populista que lo aleja de la senda socialdemócrata, deja sin fuerzas a Javier Fernández para dar una batalla en la que le tratarían de cobrar cuentas atrasadas. Desde su perspectiva de presidente, también es prudente su desistimiento a repetir mandato.

Los “sanchistas” tienen el campo despejado. En sus manos está hacerse cargo del partido. El problema está en que tras la victoria interna les queda la ardua tarea de convencer al 97% de votantes socialistas que no participó en las primarias.

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PATXI BLANCO, IDA Y VUELTA
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Juan Neira | 26-05-2017 | 8:41| 0

Patxi Blanco ha anunciado su dimisión como consejero de Empleo, Industria y Turismo del Gobierno socialista. El verso suelto del Ejecutivo de Javier Fernández se va para casa. Dimitir a los cuatro días de la celebración de las elecciones primarias es un gesto con doble mensaje: golpe al presidente al perder un miembro de su equipo, y reubicación del dimisionario a la luz del resultado en las urnas.

El consejero quiso cortar las especulaciones con una declaración de manual: “deseo volver a la Universidad”. Debe ser un impulso repentino, porque a la vista de su desempeño en los últimos años, más parece que ha hecho todo lo posible por ganarse el pan alejado del alma mater.

Prometió el cargo para sustituir a un peso pesado de los gobiernos socialistas, Graciano Torre. En sus primeros contactos con el mundo de la empresa sorprendió por el escaso conocimiento que tenía de los expedientes industriales y de los capitanes de empresa. Necesitaba tiempo.

CHOQUES

En el Gobierno tuvo el dudoso acierto de chocar con Dolores Carcedo, una persona insustituible para Javier Fernández. En caso de conflicto, el presidente siempre daría la razón a Dolores frente a cualquier miembro del Ejecutivo. A Dolores Carcedo, como a todos los consejeros de Hacienda, le toca la desagradable obligación de poner corsé presupuestario a los imaginativos proyectos de sus compañeros de gabinete. Blanco sufrió ese control, que otros llaman recorte.

Las malas relaciones con Belén Fernández también son conocidas. Hace quince días, comprobamos cómo la consejera de Medio Ambiente tensaba las relaciones con ArcelorMittal por sus emisiones contaminantes en Avilés, mientras que Blanco juzgaba como “correctas” las medidas correctoras puestas por la factoría siderúrgica.

Otra fricción. Sogepsa vendió parcelas en el polígono de la Lloreda (Gijón) a varios empresarios; una vez construidas las naves se encontraron con que no tenían corriente eléctrica porque EdP no se fiaba de que le pagara la sociedad del suelo la subestación suministradora de energía (con un coste de 3 millones de euros, EdP pidió a Sogpesa que presentara una aval y el Principado no avaló); el consejero de Empleo comentó a alguno de sus colegas que vender parcelas sin posible toma de energía era “un fraude”.

La falta de conocimiento del sector y los choques con compañeros de Gobierno son peccata minuta comparado con la asimetría política que mostró con respecto a Javier Fernández.

En la mente de todos está su salida de pata de banco, cuando tras la dura reunión del Comité Federal del 1 de Octubre, se permitió la informalidad en las redes sociales de recomendar la lectura de “Julio César” de Shakespeare. El reparto de personajes no ofrece lugar a dudas: Pedro Sánchez, como nuevo Julio César, y Javier Fernández reencarnando el papel de Bruto. Después de esta increíble anécdota, Patxi Blanco podía ser destituido en cualquier momento.

El asunto venía de atrás, ya que cuando Pedro Sánchez alcanzó, por primera vez, la Secretaría General del PSOE, se supo que el consejero asturiano era amigo del nuevo líder del partido.

Ante las primarias, Blanco fue el único consejero del Gobierno asturiano que no apoyó a Susana Díaz, mostrando sus preferencias por Patxi López. Ahí demostró que tiene una mente preclara para avizorar el futuro.

Y ahora la dimisión. ¿Por qué se va del Gobierno a los cuatro días de la rotunda victoria de Sánchez sobre Susana Díaz?

EL APARATO

María Luisa Carcedo y Jesús Gutiérrez siempre fueron los dos ojeadores de la FSA. Javier Fernández no es un buen jefe de personal, porque eso implica verse con mucha gente y las relaciones sociales no son su fuerte.

María Luisa Carcedo descubrió nuevos valores, como por ejemplo, Belén Fernández, aunque con el paso de los años se vio que no fue un acierto. En sus planes para el futuro hizo de tutora de Adriana Lastra y Patxi Blanco. Dos jóvenes, aunque suficientemente preparados: Adiana para el partido y Patxi para el Gobierno. A través de la promoción de los jóvenes, María Luisa Carcedo aumentaba su influencia en el partido.

Ahora se empieza a hablar de vuelta a la bicefalia para que Fernández se refugie en el Gobierno y los “sanchistas” se hagan con la Secretaría General de la FSA. Con Adriana en Madrid, el plan más sencillo es Adrián Barbón (alcalde de Laviana) de líder del  partido y Patxi Blanco para el Gobierno.

María Luisa Carcedo siempre estuvo en todos los movimientos. En 2014, cuando Pedro Sánchez preparaba su candidatura, Adriana Lastra sentía simpatías por Eduardo Madina, pero la tutora la recondujo al camino correcto.

Ambas fueron la clave para la ruptura entre Sánchez y Fernández, cuando el líder madrileño las incluyó en su Ejecutiva (congreso de julio de 2014), y Javier Fernández comprobó que la aparente concesión a la delegación asturiana al congreso escondía en el fondo un cambio de fidelidades. El choque entre Sánchez y Fernández no fue por la presidencia del Comité Territorial, sino por María Luisa y Adriana.

Visto lo anterior, cuando Patxi Blanco formula su deseo de volver a la Universidad, a más de uno le da la risa en la agrupación socialista de Gijón.

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UN PLAN RECTILÍNEO
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Juan Neira | 25-05-2017 | 11:33| 0

Pedro Sánchez ya ha aclarado que en la nueva Comisión Ejecutiva (el equipo de dirección del secretario general) no habrá ningún líder territorial. Gato escaldado huye del agua fría. El nuevo jefe del PSOE va a vigilar todos los movimientos que hagan los dirigentes autonómicos. Con los actuales barones regionales tendrá que convivir durante dos años hasta la celebración de las próximas elecciones autonómicas. No puede jugar a la desestabilización porque el fracaso de los gobiernos autonómicos sería el preludio del batacazo del PSOE en las urnas, y ya sufrió suficientes derrotas electorales como para fabricar otra con sus propias manos. Lo que sí va a hacer es encauzar la operación relevo, que pasa por elegir secretarios generales “sanchistas” en los congresos de todas las comunidades autónomas, con la excepción forzada de Andalucía. Los nuevos secretarios generales quedarán en la rampa de lanzamiento para ser candidatos en los comicios autonómicos de 2019.

El plan de Pedro Sánchez para su partido es rectilíneo porque goza de la mayoría absoluta que sacó en las primarias, que tendrá reflejo en el congreso federal de mediados de junio. No hay margen para la especulación. Me extraña que haya dirigentes en la Federación Socialista Asturiana (FSA) que no lo tengan claro. Las derrotas y las victorias rotundas no son flor de un día, sino que generan consecuencias a corto y medio plazo, cuando no más allá. La operación relevo es imparable. En el caso asturiano se entiende que tenga ribetes traumáticos, porque se pasa del periodo del “javierismo”, con un 90% de militantes apoyando al secretario general, a una ruptura de esa amplia mayoría en dos grupos que en esta hora son irreconciliables. Cuando la dirección de un partido lleva diecisiete años de apacible convivencia pierde la capacidad para captar el malestar que se incuba. Lo más normal es que el bando de los “sanchistas” registre nuevas adhesiones de afiliados que visten traje de corcho para flotar en todo tipo de mares. En el caso de que hubiera un enfrentamiento con dos listas y, máxime, si Javier Fernández encabezara una de ellas, sólo serviría para que Pedro Sánchez se desplazara a Asturias para recorrer la región llevando de la mano a su candidato. Pedir al presidente del Principado que derrote a los “sanchistas” es una misión imposible. El desgaste de haber presidido una comisión gestora, que pese a las buenas intenciones no sirvió para nada, es una carga muy pesada.

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LA SEGUNDA VUELTA
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Juan Neira | 24-05-2017 | 8:02| 0

Una vez acabada la batalla de las primarias empiezan las maniobras para ganar los congresos. El próximo mes se celebrará el congreso federal, que se va a llevar de calle el nuevo secretario general porque el otro bando está descabezado. Se especula sobre el respaldo que tendrá la nueva Comisión Ejecutiva y sobre la composición del Comité Federal. Creo que es un debate viejo, que tenía sentido antes del recuento en las urnas, pero dada la mayoría absoluta que tuvo Sánchez el domingo, los máximos órganos del partido van a estar bajo control del secretario general. Hay que tener en cuenta que los dos bandos saben que el partido no puede someterse otra vez a las enormes tensiones de la campaña de las primarias. El PSOE no es un partido de escisiones y no repetirán en el congreso la imagen desgarradora del Comité Federal de octubre, porque no sólo perderían el edificio, sino que se quemaría el solar.

Otra cosa es lo que suceda en los congresos autonómicos de finales de verano o principios de otoño. Hay más tiempo para prepararlos e intereses contrapuestos. Por lógica, Pedro Sánchez querrá hacerse con las secretarías generales de las organizaciones territoriales y en la mayoría de los casos lo tiene a mano. El nuevo líder es consciente de que el movimiento de contestación que provocó su dimisión se gestó desde las baronías autonómicas y tratará, por todos los medios, de impedir que se alce otra estructura de poder paralela. En la cultura del PSOE, el papel de los secretarios generales en las regiones es clave. No ocurre como en el PP, que el peso está en los gobiernos. En el PP los gobiernos hacen el partido (el ejemplo más reciente está en las batallas territoriales que le gana Soraya Sáenz de Santamaría a Dolores de Cospedal), mientras que en el PSOE el partido hace los gobiernos. Sánchez puede estar dispuesto a respetar los ejecutivos autonómicos socialistas, pero bajo un esquema de bicefalia con sus hombres y mujeres ocupando las secretarías generales.

En Asturias, el bando de los “susanistas” quiere que Javier Fernández se presente a la reelección, como secretario general de la FSA. Es difícil que dé el paso. Si hay dos líderes que tiene en el entrecejo Pedro Sánchez, son la presidenta andaluza y el presidente de la gestora. El resto son figuras menores. Sánchez va a presentar candidato con absoluta seguridad. El grave problema para la FSA es que no prepararon un sucesor en tiempos de bonanza y ahora le piden a Fernández que vaya al sacrificio.

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LA REVOLUCIÓN DE LAS BASES
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Juan Neira | 23-05-2017 | 11:56| 0

El desenlace de las primarias socialistas provoca tantas reflexiones como los resultados de las elecciones generales, autonómicas o municipales. Las consecuencias para la política española o asturiana no son menores. Las declaraciones de Adriana Lastra, una de las principales colaboradoras de Pedro Sánchez, han levantado una polvareda de comentarios por toda España. La diputada asturiana ha afirmado que los barones autonómicos deberían pedir perdón a las bases; se entiende que la razón de la petición de disculpas no es otra que haber tenido la osadía de proponer una candidata que no tuvo el apoyo de los militantes de sus organizaciones. Sin embargo, a mí me causó una mayor sorpresa que Adriana Lastra no sólo equiparara la valía de su voto con el de Felipe González –una afirmación acertada-, sino que dijera que su criterio valía tanto con el de González. Las palabras de la coordinadora de campaña de Pedro Sánchez muestran que estamos ante la revolución de las bases, que como toda revolución empieza por abolir las antiguas jerarquías. Ahora una diputada, con unos meses de experiencia, tiene un bagaje político semejante a un señor que fue durante 14 años presidente de Gobierno. La revolución francesa creó el calendario republicano, con semanas de diez días, días de diez horas, horas de cien minutos y minutos de cien segundos. Abajo el viejo orden. A lo mejor Felipe González necesita una cura de humildad y conviene mandarlo unos años a trabajar de guardabosques, como hicieron los rusos con Dubcek poniéndolo a trabajar a la sombra de los árboles de Bratislava. La dinámica es imparable y no está en manos de Adriana Lastra detenerla: el ajuste entre las familias socialistas es cosa de semanas o meses, para que se asiente el nuevo poder.

Los congresos en las federaciones regionales, que tendrán lugar en los meses de verano y otoño, serán la ocasión para el relevo de personal. En la FSA confían en convencer a Javier Fernández para que se presente a la reelección del cargo. Dicen que será muy difícil derrotar a los “sanchistas”, pero sin Javier Fernández lo consideran imposible. Me extrañaría mucho que el actual secretario general aceptara el envite de confrontar en las urnas con un dirigente “sanchista”. El domingo, el oficialismo quedó en Asturias a 900 votos de los “sanchistas”. Sería una apuesta de alto riesgo que comprometería los dos años de gobierno que le quedan hasta pasar a enrolarse en lo que llaman, clases pasivas.

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