El Comercio
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Autor: juanneira
CANDIDATOS/AS DE LA CALLE
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Juan Neira | 18-03-2018 | 9:29| 0

Los idus de marzo han traído las mayores movilizaciones en la calle desde los tiempos de la huelga general del 20 de junio de 2002, cuando los sindicatos cogieron el guante arrojado por Aznar al cambiar por decreto la cobertura del desempleo.

Por cierto, en aquella ocasión, el Gobierno del PP negó que la convocatoria de huelga hubiera tenido un seguimiento mayoritario, pese a que el consumo eléctrico había disminuido hasta igualarse con el de un domingo de verano. Mariano Rajoy, que era a la sazón vicepresidente primero del Gobierno, reconoció, ‘off the record’, que el paro en la industria había rozado el 100%.

Un periodista amigo mío, que llevaba unas semanas en Asturias, me llamó a primera hora de la mañana para preguntarme: «Oye, ¿esto qué es, Minsk?». Esa imagen ofrecía Gijón para un profesional ávido de noticias.

Reivindicaciones

A la movilización de las mujeres, el ocho de marzo, se sumó ayer la demostración de los pensionistas. Si la protesta de las mujeres no tenía un blanco único, la manifestación de los pensionistas sí fue directamente contra el presidente del Gobierno, al que hicieron responsable de la pérdida del poder adquisitivo de las pensiones.

Las reivindicaciones feministas contra la brecha salarial, el techo de cristal, la violencia de género, la igualdad de derechos, etcétera despiertan máxima sensibilidad en los estados mayores de los partidos.

En apenas unos días, Rajoy pasó de negarse a hablar de la brecha salarial, en la radio, a llevar en la solapa de su traje un lazo morado. A primer golpe de vista me pareció que lo portaba a modo de penitencia.

Algo similar ocurre con los pensionistas, un conjunto de más de nueve millones de personas que no disponen de la posibilidad de hacer huelga, pero tienen muy interiorizado que su arma es el voto. En las encuestas, el único estrato de edad donde el PP goza de mayoría absoluta es entre los mayores de 65 años, así que el Gobierno va a tener que hacer un esfuerzo extraordinario para calmar a tanto jubilado irritado. Llegó el momento de saber cuál es el coste de oportunidad del voto de la tercera edad para los políticos.

La doble movilización no sólo incomodó al PP, sino que también afectó al resto de partidos. En el campo de la izquierda la protesta feminista tuvo más puntos de contacto con el discurso de Podemos que con el PSOE.

La juventud de las ‘portavozas’ y el radicalismo (anticapitalismo) de su propuesta programática marcan una diferencia con lo visto hasta ahora. Hay otra diferencia sutil: el movimiento feminista quiere el poder, no se conforma con logros parciales. De ahí el lema de «sin nosotras, se para el mundo». Toda una demostración de fuerza. No significa una ruptura con lo anterior, en modo alguno, pero es muy difícil que algo que se define como movimiento esté detenido mientras transcurren años y décadas.

Programas y ‘lobbies’

Estamos ya en plena precampaña electoral, y dos colectivos millonarios en electores han salido a la calle con sus respectivas tablas reivindicativas. Ya no vale hacer copia y pega con los programas electorales del pasado, habrá que reescribirlos de arriba abajo.

Me inclino a pensar que cada capítulo programático (empleo, sanidad, medio ambiente, etcétera) tendrá su correspondiente adaptación a las necesidades de las mujeres y los jubilados.

Con Zapatero, por primera vez, el discurso político en España dejó de articularse por categorías clásicas para configurarse en torno a las demandas de los lobbies. Sus gobiernos llegaron a responder a esa premisa, asignando cartas ministeriales a personajes monotemáticos que se dedicaron a inventar palabras para complacer a su tribu.

Zapatero, un político de mente fría, se dedicaba a detectar masas de votos, aquí dos millones, allá otro millón, etcétera. Una vez conquistadas las porciones mandaba en el queso. Le fue muy bien hasta que lo barrió el tsunami de las hipotecas ‘subprime’.

Mientras los estados mayores de los partidos diseñan la estrategia para cortejar a pensionistas y mujeres, algún líder nacional duerme intranquilo. El escenario político puede cambiar, súbitamente, si los lobbies se convierten en sujetos políticos.

Nunca se habían dado las condiciones del presente. Es tal el descrédito de los políticos y la imposibilidad de presentar respuestas globales que resulta verosímil ver a feministas y pensionistas concurriendo y triunfando en las urnas.

El Partido Animalista (PACMA), con su propuesta de defensa de los derechos de los animales desde las instituciones, obtuvo en el año 2008, 44.000 votos. En 2016, ya sacó 286.000. En esta última fecha, sus candidatos al Senado establecieron un récord histórico para este tipo de candidaturas, con 1.213.000 sufragios.

Es difícil imaginar cuántos votos podría obtener una candidatura feminista u otra de pensionistas. Un ejemplo a pequeña escala está en el miedo de Mercedes Fernández a que los miembros de la plataforma contra el Impuesto de Sucesiones se conviertan en candidatura electoral.

El sistema de representación política está en crisis y puede haber un cambio radical. Todo depende de que los ‘lobbies’ dejen de confiar en los partidos tradicionales y pasen a ser ellos mismos quienes se pongan a legislar.

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SE ALARGA LA ESPERA
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Juan Neira | 17-03-2018 | 5:41| 0

El parto del crédito extraordinario se retrasa. Aún más. No se va a convocar un Consejo de Gobierno extraordinario para aprobarlo, porque todavía no está el asunto maduro. La consejera de Hacienda negocia con todos los partidos para asegurarse la aprobación de la Cámara, pero aún no cuenta con el respaldo de 23 escaños. A día de hoy, el único apoyo seguro es el de IU que le parece bien las cifras que baraja Dolores Carcedo, como le parecía bien su proyecto de presupuestos. En materia de asignación de recursos tiene que pasar algo excepcional para que el grupo parlamentario de IU no dé cobertura al PSOE. Asturias es la comunidad autónoma donde mejor se han llevado PSOE e IU a lo largo de la etapa autonómica. A los dos les interesa aparentar que son dos partidos muy alejados, con puntos de vista opuestos, pero en cuanto toca hablar de presupuestos se acercan las posiciones como por ensalmo. Las veces que no hubo acuerdo fue porque el Gobierno socialista prefirió pactar con el PP, que tiene la ventaja de aportar muchos más escaños.

Lo más llamativo en esta ocasión es que el Gobierno socialista no tuvo que hacer concesiones a IU. Desde que Podemos se convirtió en una fuerza parlamentaria la relación entre PSOE e IU se ha hecho más estrecha. Tal vez pretendan aislarlo o, al menos, llevarlo a una situación en que tenga que escoger entre lo que se le ofrece o nada. Los discursos no dan para abonar esta tesis, pero los hechos, sí. En caso contrario resulta inexplicable que el pacto entre PSOE e IU le resulte gratis al Gobierno socialista.

El PP reconoce que sólo le quedan flecos para firmar el acuerdo con Dolores Carcedo. El diálogo de la consejera de Hacienda con Foro y Ciudadanos no es tan intenso, aunque no se descarta incorporarlos al pacto. Los 111 millones del crédito se apoyan en ingresos retenidos por Cristóbal Montoro. Sólo se podrá contar con ellos si se aprueban los presupuestos generales del Estado, en caso contrario la financiación se viene abajo. El pacto en torno al proyecto de cuentas del Gobierno no depende de las partidas, sino de algo tan lejano como la investidura de un presidente en Cataluña. Si la Generalitat sigue bloqueada se mantendrá en vigor el artículo 155 de la Constitución. En ese caso, el PNV pretextará problemas de conciencia para aprobar las cuentas. No es un supuesto descabellado, lo verdaderamente estrambótico es que un crédito para amortizar la deuda del Principado dependa de lo que decida un tal Puigdemont en Bruselas.

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FALTA DE SINTONÍA
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Juan Neira | 16-03-2018 | 9:12| 0

El debate para derogar la prisión permanente revisable se realizó en el peor momento imaginable, cuando toda España llora la muerte del niño Gabriel Cruz, víctima de una de las acciones más execrables que quepa imaginar. El debate sobre la figura penal estuvo envuelto en la atmósfera emocional de los últimos días y con una tribuna de invitados ocupada por los familiares directos de Diana Quer, Marta del Castillo, Sandra Palo, Mari Luz Cortés y Yéremi Vargas. Mantener la prisión permanente revisable significaba solidarizarse con los apenados familiares y apostar por suprimirla implicaba ser indiferente al dolor de los afectados por los abominables asesinatos. A partir de ahí, el Partido Popular y Ciudadanos tenían garantizado que ganaban imagen con el debate, aunque perdieran la votación, mientras PSOE y Podemos lograban derrotar las enmiendas del centro-derecha al precio de sufrir un desgaste ante la sociedad. Los nacionalistas se posicionaron a favor de la derogación, sin que esa postura conlleve el más leve coste ante su electorado. Los independentistas catalanes recibirán el aplauso de su gente por oponerse al PP, y el PNV mantuvo su postura histórica en contra de reforzar las penas desde los tiempos en que los primeros jóvenes etarras entraron en las cárceles españoles. En el debate destacó el rigor de Mikel Legarda (PNV) cuando criticó la prisión permanente diciendo que era «derecho penal exagerado». Y se fue al escaño con la cabeza alta. El debate estuvo lleno de descalificaciones, quedando los portavoces cubiertos de improperios. Eduardo Santos (Unidos Podemos) criticó la argumentación del PP y Ciudadanos, tildándola de «demagogia populista de extrema derecha». Hablando de demagogia, la palma se la llevó Juan Carlos Campo (PSOE): «sin esa ley vencimos a ETA y con esa ley murió Gabriel». Hay que estar muy fajado en debates parlamentarios para atreverse a pronunciar esa frase sin que le tiemble la voz. Qué vergüenza.

La oposición justificó su negativa a la prisión permanente por considerar que choca con el fin constitucional de las penas, de ser un instrumento de reinserción social. El Tribunal Constitucional se va a pronunciar sobre esta cuestión. Me parece no menos constitucional, y mucho más razonable, establecer cautelas ante la actitud reincidente de individuos que matan y violan. Si se hiciera un sondeo entre la ciudadanía sobre este asunto, se comprobaría que la calle y el Parlamento no están en la misma onda.

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CUENTO INFANTIL PARA JUBILADOS
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Juan Neira | 15-03-2018 | 6:04| 0

El debate parlamentario sobre las pensiones ha sido decepcionante. La Mesa del Congreso de los Diputados trató con el formato normal de los debates monográficos un tema de gran transcendencia sobre el que hay una enorme sensibilidad social. El turno de exposición para los portavoces parlamentarios no superó los diez minutos. La larga exposición de Mariano Rajoy giró sobre tres puntos, primero se afanó en hacernos creer que los pensionistas en España eran unos privilegiados en comparación con sus homólogos de los países europeos, luego nos vendió la moto de que en 2017 las cosas habían ya girado para bien (más cotizaciones que gasto), y por último expuso cuál era la fórmula para hacer sostenible el nivel de ingresos de los jubilados: la creación de empleo. Para qué preocuparnos, si están bien, ya pasó lo peor, y el crecimiento económico nos garantiza décadas doradas para la tercera edad. Como si tal cosa, el presidente deslizó que si había presupuestos podría subir la cuantía de las pensiones mínimas y de viudedad. Un tema de fondo tan serio y complejo como las pensiones tratado en clave coyuntural –aprobación de los presupuestos– y envuelta en un falso optimismo para que la mayoría absoluta de los jubilados voten al PP, como hicieron hasta ahora.

La oposición no elevó el tono del debate y atacó a Rajoy por las menguadas percepciones que reciben los pensionistas. Salió a relucir la necesidad de indexar el alza de las pensiones al Índice de Precios al Consumo, la miseria de la subida del 0,25%, etcétera. Margarita Robles habló como si ella no hubiera formado parte de un Gobierno que acabó pagando las pensiones con un crédito. Pablo Iglesias sacó a relucir el derroche de rescatar las autopistas de pago quebradas y la necesidad de poner un impuesto a la banca. Albert Rivera propuso mejorar las pensiones con rebajas fiscales a los pensionistas. Un pandemónium.

En un asunto de números, marcado por consideraciones técnicas, es imposible que haya tanta distancia entre las recetas de los expertos y el menú de los políticos. En el Congreso de los Diputados, ni Rajoy ni los portavoces dijeron nada de elevar la edad de jubilación o de cambiar la relación entre la base reguladora y el último sueldo cobrado. Ni una palabra, ni el más leve mensaje sombrío que dentro de quince meses se abren las urnas y el que diga la verdad se queda sin votos. Un engaño masivo, endulzado con subidas coyunturales para volver al 0,25% en cuanto empiece el nuevo mandato.

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DE CERO A TRES AÑOS
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Juan Neira | 14-03-2018 | 11:27| 0

La política asturiana se mueve en redondo, como un tiovivo. Se repiten los debates, las conclusiones y los resultados electorales. Todo lo que ocurre ya se vio antes varias veces. La fallida negociación presupuestaria del pasado otoño se centró en la educación de cero a tres años, en la que los ayuntamientos ponen edificios y monitoras, mientras al Principado le toca hacerse cargo de la directora de cada escuela. Una relación descompensada que constituye una excepción porque los padres pagan cerca de 300 euros, algo que no ocurre en el segundo ciclo de Infantil, de tres a seis años, que es gratuito pese a no pertenecer a la enseñanza obligatoria. No hace falta añadir que las posteriores etapas, Primaria y Secundaria, tampoco cuestan un euro a las familias. Podemos exigió transformar el ciclo de cero a tres en público, universal y gratuito; el PP también quería algo parecido. El Gobierno socialista propuso una rebaja en el precio, pero se negó a convertir la etapa de cero a tres años en gratuita. El disenso sirvió para que Asturias se quedara sin presupuestos en 2018.

Ahora se negocia el crédito presupuestario y el primer ciclo de educación Infantil vuelve a convertirse en caballo de batalla de la negociación. Podemos y PP mantienen la misma exigencia, y el Gobierno socialista está dispuesto a subvencionar el servicio para dejar la factura reducida a la mitad. La oposición pide el 100% de rebaja y el Principado sólo concede el 50%. En consecuencia, la aprobación del crédito extraordinario sigue en el aire. Como consuelo, el Gobierno de Javier Fernández cuenta con el apoyo de los cinco diputados de IU. Nada nuevo. En la negociación presupuestaria, el grupo parlamentario de IU dio el visto bueno al proyecto de cuentas del Ejecutivo sin enmendar ninguna de sus cifras. Las daba todas por buenas. Sé que en IU actuaban con la mejor voluntad, pero eso no es óbice para señalar que se trata de un comportamiento excepcional. Para qué negociar nada, si luego se asumen todas las partidas del Gobierno. En esta ocasión ocurre lo mismo, IU se adhiere al borrador del crédito; las dos formaciones tradicionales de la izquierda están de acuerdo, pero necesitan un socio.

Las posiciones previas a la negociación no ayudan a facilitar una solución. No tiene sentido que el Gobierno se afanara en vender a toda la región que la prórroga era un desastre causado por Podemos, cuando las enmiendas del partido morado no superaban el 1% del presupuesto. Aquí falla todo.

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