El Comercio
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Autor: juanneira
REPÚBLICA POR UN DÍA
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Juan Neira | hace 23 horas| 0

El chicle del embrollo catalán ya no da más de sí. Tanto intercambio de mensajes siguiendo el clásico ejemplo de ‘¿a dónde vas? manzanas traigo’, tanto requerimiento concreto contestado con soflamas retóricas, conduce a la utilización del artículo 155 de la Constitución. Tras muchas conversaciones con el Gobierno parece que PSOE y Ciudadanos respaldan la aplicación del artículo de marras que se anuncia en su versión más moderada. La decisión está tomada, pero el Gobierno establece una cautela: si Puigdemont convoca elecciones quedaría aparcada la medida extraordinaria, al entender que la cita con las urnas supondría una vuelta a la legalidad. ERC y la CUP no quieren elecciones, prefieren acogerse a la supuesta legalidad republicana abierta con el referéndum del 1-O. PDeCAT, el partido de Puigdemont, anuncia que el intento de desempolvar el artículo 155 de la Constitución conllevará, automáticamente, el levantamiento de la suspensión de la declaración unilateral de independencia. Con otras palabras: la proclamación de la republica catalana.

Llama la atención que PP, PSOE y Ciudadanos den por buena la convocatoria electoral en un momento en que las imágenes del primero de octubre sirvieron para que los independentistas interpretaran el papel de pacíficas víctimas ocultando su faz de mandatarios venezolanos, capaces de violar la legalidad con cara de niños buenos (pienso en Junqueras). No sé qué secretos sondeos manejarán para creer que antes de Navidades puedan estar gobernando en la Generalitat. De lo que estoy seguro es que alguno de los tres partidos se va a llevar un desengaño. Me parece mucho más acertado aplicar el artículo 155 y convocar elecciones cuando el soufflé nacionalista haya bajado. Cuando se hayan cansado de participar en manifestaciones y hayan despertado de la ensoñación independentista. En el siglo XXI, la autonomía del Ulster estuvo suspendida durante cinco años, con un resultado muy positivo.

Al consenso de los constitucionalistas responden los independentistas con un solo discurso. Los tres grupos (PDeCAT, ERC, CUP) rechazan las elecciones y están a punto de desplegar la estelada. En medio de un cuadro de indicadores económicos muy negativo, aislados internacionalmente, parece que tienen como objetivo proclamar la república, aunque el nuevo régimen tenga una duración muy breve. Puigdemont tiene en su mano salir al balcón y dar vivas por la república. Aunque dure un día.

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CUESTIÓN DE LIBERTAD
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Juan Neira | 18-10-2017 | 11:46| 0

El Tribunal Constitucional le puso el lazo al paquete: anuló la Ley de Referéndum por unanimidad. Se trata del engendro sobre el que se apoya el intento de la Generalitat de constituir una república catalana como estado independiente de España. Una norma que no cumple los requisitos para incorporarse al ordenamiento jurídico difícilmente puede ser la llave maestra para transitar de la España constitucional a una república democrática. Los independentistas se quedan sin coartada, como les ha venido a recordar Theresa May al declarar que el Reino Unido no reconocerá a Cataluña como estado independiente. El descrédito legal camina en paralelo al aislacionismo internacional.

Mientras tanto, los independentistas se dedican a lo único que se les da bien, organizar manifestaciones en la calle. El ingreso en prisión de los dos ‘jorges’, Sánchez y Cuixart, les ha servido de palanca movilizadora adosando la etiqueta de presos políticos; por una vez reaccionó bien el aparato de propaganda del Gobierno de Rajoy, al dar la vuelta a la frase: «No son presos políticos, son políticos presos». Dentro del tradicional victimismo nacionalista, están a un paso de considerar también al hijo mayor de Pujol como preso político. Habrá que estar atentos para ver qué es lo que dice sobre el particular el abad de Montserrat, al que visita con frecuencia Oriol Junqueras. No tengo absolutamente nada en contra de los curas y de la jerarquía de la Iglesia Católica; soy un admirador del Papa Francisco, pero habrá que convenir que solo en los sitios con nacionalismo hegemónico los clérigos se convierten en referencia política. La democracia no es una cuestión de creencias, sino de ideas.

Mientras los independentistas quieren retrotraerse a los días 20 y 21 de septiembre, cuando arengaron a sus bases para ocupar la calle por la detención policial de cargos de la Generalitat, suceden otras cosas en Cataluña. Quiero resaltar dos que muestran cómo el ‘procés’ está enfermo. La Bruja de Oro, la empresa de la suerte, la que más ‘gordos’ de la lotería ha dado, traslada su sede social a Navarra y la sede fiscal a Madrid. Simultáneamente, Pastas Gallo, que localiza sus productos en todas las cocinas de españolas, traslada su sede a Córdoba. Las mejores empresas abandonan Cataluña al modo que lo hacían los berlineses en 1961 para pasar del sector Este al Oeste de la ciudad. Una cuestión de libertad. Por algo el Parlament sigue cerrado por orden de Puigdemont.

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LA CARTA Y LA CÁRCEL
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Juan Neira | 17-10-2017 | 11:04| 0

Durante los últimos cinco días, políticos y observadores se hartaron de especular con la respuesta que iba a dar Carlos Puigdemont al requerimiento de Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno dijo que la pregunta era muy simple: ¿declaró o no la independencia en la sesión del día 10 en el Parlament? Muchos parlamentarios se anticiparon a responder por Puigdemont. Para Pablo Iglesias, Aitor Esteban y Miquel Iceta no hubo declaración de independencia. Rajoy llegó a afirmar que le bastaba que el “president” repitiera lo dicho por el portavoz del PNV (Aitor Esteban) en el Congreso de los Diputados para dar por zanjadas las dudas. La Generalitat se mantuvo hermética, y los pronosticadores anticiparon una respuesta ambigua que mantenía el interrogante abierto. Palabras sibilinas, doble lenguaje, con el objeto de dejar la pelota en el alero del Gobierno. Esa era el vaticinio generalizado de lo que iba a ocurrir. Siempre hay gente que disiente, por ejemplo, los diputados de la CUP que optaban por decir que la cuestión se iba a  reducir a un monosílabo: “sí”.

Nadie acertó. Puigdemont pasó olímpicamente del requerimiento de Rajoy y tomó la iniciativa para decirle al presidente del Gobierno de España que en los próximos dos meses su principal objetivo es “emplazarle a dialogar”. Así habla el “president” de la joven república catalana. No sé qué es lo que más sorprende de la carta del honorable, si el cinismo que rezuma o las mentiras que cuenta. Tiene el cuajo de afirmar que las últimas elecciones catalanas las ganó el independentismo con una ventaja de ocho puntos porcentuales cuando fueron los constitucionalistas los que sacaron cuatro puntos a Juntos Por El Sí y la CUP. Habla de sentirse sorprendido por la alusión al artículo 155 de la Constitución y nosotros tenemos que ver como normal el trampantojo de una republicana catalana apoyada en el pucherazo más grande que se dio en Europa occidental después de la segunda Guerra Mundial. El propio Puigdemont decidió que fueron a votar 2,2 millones de ciudadanos y los demás tenemos que creérnoslo, pese a la ausencia de interventores y junta electoral, y con pruebas fehacientes de voto repetido. Pretende que un timo tan grande sea validado.

Lo que no se esperaba el presidente de la Generalitat es que la Audiencia Nacional rompiera su plan de dilatar el contencioso, como ha hecho al decretar prisión incondicional para los dos “jorges” (Sánchez y Cuixart) por sedición. El engaño ha terminado.

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LAS REDES CLIENTELARES
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Juan Neira | 16-10-2017 | 7:04| 0

Podemos se desmarca de cualquier acuerdo presupuestario con el Gobierno de Javier Fernández. En vez de pretextar diferencias insalvables sobre la política inversora, tributaria o social, el partido morado ha mostrado su incompatibilidad con el Principado por su supuesta complicidad con las redes clientelares. Como prueba de esa malsana relación puso como ejemplos a la Fundación Barredo, y la empresa GTIC. Para Podemos no tiene sentido negociar subvenciones para la investigación y el desarrollo, ya que los fondos habilitados se irán por el desagüe del clientelismo. Lo mismo sucedería con el dinero reservado para invertir y generar empleo, que sólo serviría, a su entender, para aumentar el despilfarro.

La postura de los diputados del partido de Pablo Iglesias cierra las puertas a la negociación de las cuentas de 2018, siempre y cuando sean coherentes con lo expuesto. Ahora bien, si quieren actuar con el doble lenguaje a que nos tiene acostumbrada la clase política, el naipe del clientelismo tendría como única función arrojar pesimismo sobre la naciente negociación, como paso obligado para endurecer, posteriormente, su postura ante las concretas partidas presupuestarias. Como suele decirse en la estereotipada jerga de los políticos, las dos posturas “son legítimas”. Lo único que parece seguro es que, al final, no sumarán sus votos a los de los socialistas para aprobar los presupuestos del próximo año. Llegados a este punto sería aconsejable que se expusieran las cosas tal como son. Desde el inicio del mandato, las reservas de los diputados de Podemos hacia el Gobierno de Javier Fernández han impedido la formalización de acuerdos. La gestión de la ampliación de El Musel fue el elemento principal de la discordia. A ello se han sumado otros muchos asuntos, como las facturas pasadas a los herederos de personas dependientes que estuvieron ingresadas en geriátricos públicos. Podemos desconfía de los gobiernos del PSOE y quiere tener las manos libres de cara al futuro. Ningún partido está obligado a aprobar los presupuestos de un gobierno de signo distinto y la negativa del partido morado hay que verla con la misma normalidad que el PSOE no quiere saber nada de Foro, aunque sí del PP. Por cierto, este último partido propone un acuerdo con Ciudadanos y Foro, para negociar, luego con el Principado. Una propuesta novedosa que tiene la indisimulada intención de hacer una liga de las derechas liderada por Mercedes Fernández.

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BOICOT EMPRESARIAL A LA INDEPENDENCIA
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Juan Neira | 15-10-2017 | 11:54| 0

Para saber lo que va a suceder en la crisis catalana hay que analizar lo que ya pasó. Es necesaria una valoración de cuarenta días de acontecimientos extraordinarios, sin precedente en nuestra democracia, para alumbrar cómo terminará el intento de separar a Cataluña de España.

El bando de los independentistas ha acreditado que es capaz de retorcer las instituciones, contraviniendo leyes y reglamentos, para adaptarlas a sus objetivos. No existe otra legalidad que la que ellos van dictando según conveniencias coyunturales.

Así lo hicieron el seis y siete se septiembre para aprobar las leyes de referéndum y desconexión, y lo volvieron a hacer el diez de octubre, cuando Puigdemont leyó su controvertida declaración de independencia en el “Parlament”, dando por aprobada la suspensión de la independencia por decisión de la Cámara, sin que ningún diputado pudiera votarla.

MOVILIZACIÓN

Otro rasgo del bando independentista es su capacidad para ejecutar en la calle sus planes. El 1-O surtieron de urnas y material electoral a los colegios destinados a las votaciones. Por más que Rajoy afirmara que no iba a haber urnas ni papeletas, los independentistas lograron montar una infraestructura electoral mínima en condiciones muy desfavorables. También movilizaron a miles de seguidores en acciones de intimidación ante sedes de la Generalitat y de la Justicia.

Una habilidad destacada del conglomerado de fuerzas independentistas es la interpretación mediática de los sucesos. El momento cumbre del “procés” estuvo en el día del referéndum. Cuando llevaba poco más de una hora la Policía Nacional y la Guardia Civil interviniendo en los colegios, los líderes independentistas se olvidaron de los votos para hablar exclusivamente de los “heridos”.

Supieron cambiar el sentido de la jornada: la pugna dejó de ser entre constitucionalistas e independentistas para convertirse en un pulso entre violentos y pacíficos. Esta visión causó impacto en la opinión pública internacional.

En algo menos de cuarenta días, los independentistas recorrieron el trecho que va de la aprobación de leyes de ruptura a la proclamación de la república independiente. Tiempo récord.

El bando constitucionalista cuenta, también, con importantes activos que se pusieron en juego tras la aciaga jornada del referéndum, demostrando que la crisis catalana es una suma de órdagos del independentismo y respuestas del constitucionalismo.

La actitud del Rey, con un discurso contundente, ajeno a las equidistancias formales que reclamaban Podemos y los nacionalistas, ha sido una baza clave para el rearme de los partidarios del orden constitucional. Felipe VI mostró la firmeza que le faltó al Gobierno.

BELIGERANCIA

Un insospechado aliado para el bando constitucionalista estuvo en la beligerancia del empresariado. Tras la celebración del referéndum de autodeterminación, 531 empresas trasladaron su sede social fuera de Cataluña; la gran mayoría (389) en los primeros días de esta semana. Entre las sociedades mercantiles que se fueron está lo más granado del tejido empresarial catalán, tanto en el sector financiero, energético, inmobiliario, infraestructuras, servicios básicos, etcétera. La mitad del PIB catalán ha buscado cobijo en otras regiones españolas.

Este es, sin duda, el hecho más notable desde que el Gobierno de Puigdemont decidió crear una república independiente.

La conversión del sentimiento nacionalista en movimiento político fue una creación de las burguesías locales. Cataluña fue un ejemplo. Pues bien, la propia Cataluña nos muestra el nuevo paradigma: en los tiempos de la globalización, las aspiraciones independentistas de los partidos nacionalistas chocan con las necesidades de la burguesía que los constituyó.

En el pasado, el nacionalismo era útil a las empresas del territorio con la política del arancel. Así se desarrolló el sector textil catalán. Ahora, en un mercado global, no se puede progresar con el arancel por bandera; lo que las grandes empresas necesitan son normas claras y transparentes, estabilidad política e internacionalización económica. Justo lo contrario de lo que ofrecen los antiguos “convergentes”, Esquerra Republicana de Cataluña y la CUP.

MAYORÍA SILENCIADA

El tercer gran activo de los constitucionalistas es el despertar de la mayoría silenciada, que lleva dos grandes manifestaciones por las calles de Barcelona en cuatro días. La fuerza de las instituciones españolas, la apuesta del empresariado y la respuesta de los catalanes unionistas son los tres argumentos que darán la victoria a los constitucionalistas.

Una respuesta airada de los independentistas a la aplicación del artículo 155 de la Constitución sólo serviría para acelerar su derrota, ya que las contradicciones entre los independentistas harían saltar por los aires el “govern” de Puigdemont.

Ignoramos el recorrido de la crisis, que va a tener un alto coste para Cataluña y para España entera, pero el fracaso del independentismo viene anticipado por la falta de aliados internacionales, la división del pueblo catalán y el rotundo boicot del empresariado.

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