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Juan Neira

LARGO DE CAFE

LAS CONDICIONES DE IGLESIAS

Pablo Iglesias no ha resistido la presión y renuncia a formar parte del Gobierno de Pedro Sánchez. Las negociaciones llevaban atascadas desde los primeros contactos, pero, al final, la cuerda ha roto por el lado más débil: el líder de Podemos. En los últimos días el estado mayor socialista elevó la presión al máximo haciendo responsable a Pablo Iglesias del hipotético fracaso de la investidura. Llegados a ese punto Iglesias no tuvo otro remedio que ceder, ya que sería la segunda vez en tres años que Sánchez es rechazado en una investidura por su culpa. El paso dado atrás por el líder del partido morado forma parte de la estrategia de Podemos ante la negociación entre los dos partidos de izquierda. El plan de Iglesias consiste en renunciar a estar en el Gobierno a cambio de asegurarse el resto de reivindicaciones: obtener una vicepresidencia, contar con un número de ministros en proporción al número de votos (el PSOE tuvo el doble de sufragios que Podemos) y libertad total para escoger a los dirigentes de Podemos que se sentarán en el Consejo de Ministros.

En una partida de ajedrez cuando se entrega un peón en las primeras jugadas para dominar el centro del tablero, se habla de una apertura de gambito. Pedro Sánchez aceptará la renuncia de Iglesias, pero discutirá el resto de reivindicaciones con el objeto de que el centro del tablero de la política nacional no lo ocupe Podemos.

Ambos han hecho las cosas tan mal que apenas hay tiempo para negociar. Hasta ahora la fallida coalición de los dos partidos iba a figurar en él debe de Pablo Iglesias, pero tras su renuncia empieza otra batalla. Las tres peticiones de Podemos me parecen cuando menos discutibles. Fijar el número de ministros por el número de votos es absurdo. En todo caso sería por el número de escaños, y tampoco. Ningún gobierno de coalición se forma siguiendo estrictas proporciones aritméticas. Claro está que si Podemos se empeña en tener cinco ministros, el asunto se soluciona creando cinco departamentos imaginativos dedicados a asuntos anecdóticos. La vicepresidencia también puede quedar aguada nombrando tres vicepresidentes, por ejemplo. En cuanto a la competencia para elegir ministros, libremente, no es de recibo. En ningún gobierno, sea monocolor o de coalición, los ministros pueden ser impuestos al presidente. Quedan unos días para llegar al acuerdo. A Pedro Sánchez le interesa que se firme el pacto, pero no a cualquier precio. Un mal aliado puede ser el peor enemigo.

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por JUAN NEIRA

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