El Comercio
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Fecha: septiembre, 2017
TESTAMENTO DE JAVIER FERNÁNDEZ
Juan Neira 30-09-2017 | 5:50 | 0

Javier Fernández se dirigió por última vez, como secretario general de la Federación Socialista Asturiana (FSA), a los cuadros de su partido. Ante el plenario del congreso pronunció un discurso muy de su estilo. Una pieza estudiada minuciosamente, trabajosamente memorizada, llena de alusiones a los hechos traumáticos vividos en el último año, y con la emoción contenida al recitarlo. Un discurso en clave rigurosamente personal, que trataba de ser algo así como las vivencias de un secretario general tras diecisiete años en el cargo, pero lleno de advertencias para su sucesor, Adrián Barbón, y sin perder la cara al “sanchismo”, mayoritario en la sala.

Tras decir que iba a hablar de recuerdos, lanzó el primer recado, “aunque vayas sobrado por los mares de la política, siempre hay un iceberg invisible esperándote” ¿Va Adrián de sobrado, o era el propio Javier Fernández el que navegaba despreocupado hasta que colisionó con Pedro Sánchez? A partir de ahí, la reflexión fluyó motivada por la abstención ante la investidura de Rajoy: en política no hay bien ni mal, sino opciones “preferibles o detestables”. Todos sabemos que para el secretario general saliente, la preferible era la abstención y la detestable, las terceras elecciones. Insistió Javier Fernández en el mismo tema al decir que el eje de la política es el tándem, izquierda/derecha, pero sin entender esa dicotomía al modo de Trento, entre “católicos y protestantes”. El famoso cisma del no es no.

Tras reconocer que nunca tuvo miedo y que no sintió jamás la ambición del poder, manifestó que su larga experiencia como secretario general le enseñó que el principal valor del partido es la lealtad. La lealtad es una virtud que de tanto insistir en ella puede convertirse en vicio, cuando la fidelidad a las personas clausura el raciocinio o fuerza a ocultar la verdad. Se refirió al ambiente hostil en el partido, sin nombres, fechas ni hechos, pero con “rencores, bandos y comisarios”. Un ambiente que sintetizó en la imposibilidad de “decir nosotros”. Unas palabras con resonancias a Benedetti: “quizás mi única noción de patria sea esta urgencia de decir Nosotros”. Confesó: “tengo congoja al final, pero no amargura por el último año”.  Cerró su pieza oratoria de forma lacónica, tras recordar a Martínez Noval, con cariño, miró a Adrián Barbón y le presentó su respeto. Y se sintió un abrumado deudor del PSOE. Le pedí a mi ordenador seudónimos de congoja y me sacó de dudas: “amargura”

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GUARDIAS Y ESTELADAS
Juan Neira 29-09-2017 | 9:09 | 1

La Junta de Seguridad de Cataluña, convocada por Carlos Puigdemont, y a la que asistieron el secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto, y el coronel de la Guardia Civil, Diego Pérez de los Cobos, responsable de coordinar los cuerpos policiales, ha terminado sin acuerdos. Los Mossos d’Esquadra han entendido, a su manera, el mandato del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) de impedir el referéndum: lo más importante es salvaguardar la convivencia. Lo han explicado muy bien: si hay gente haciendo cola para votar no les van a impedir que depositen su voto en la urna, se limitarán a tomar sus datos de identificación y se los pasarán al juez. Así, el señor Trapero le remitirá al TSJA un par de millones de datos personales y que empiecen las querellas por donde quieran. Una tomadura de pelo. Tarde, mal y nunca, el Ministerio del Interior se habrá percatado de que para hacer frente a decenas de miles de militantes independentistas movilizados, sólo podrá contar con menos de diez mil miembros de la Guardia Civil y la Policía Nacional. Para el que crea que son muchos, es ilustrativo añadir que habrá 2.500 colegios electorales, así que no llegan a tocar a cuatro policías por cada colegio. Mientras tanto los 17.000 agentes de los Mossos d’Esquadra actuarán como observadores de una jornada agitada.

La Policía Nacional y la Guardia Civil tienen una gran experiencia en tareas de orden público, pero es muy probable que nunca hayan tenido un cometido tan difícil por la extensión del territorio a controlar, la superioridad numérica de los potenciales causantes de disturbios y el tiempo que durará toda la operación, de sol a sol. El Gobierno debería haber duplicado los efectivos. Para controlar las calles de Gijón, Oviedo, Almería o Sanlúcar de Barrameda se bastan los policías municipales. Ya sé que las normas no contemplan esa posibilidad, pero si algún día había que hacer una excepción ese día era el domingo. Como en España hay un complejo de inferioridad generalizado ante los nacionalismos excluyentes, la gente lamenta que hayan aplaudido y vitoreado a los policías y guardias civiles que marcharon para Cataluña a cumplir una misión tan complicada.

A mí lo que me pone los pelos de punta es ver a toda esa multitud de catalanes, muchos de ellos menores de edad, uniformados con una estelada. Para los que opinen que es una imagen bonita, les recuerdo que para estética de masas uniformadas, ninguna tan subyugante como la del III Reich.

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UNA MAGISTRADA VALIENTE
Juan Neira 28-09-2017 | 10:35 | 1

Pese al intento de los independentistas de separarse de España, Barcelona se ha convertido en la capital de la nación. Toda la política española gira en torno a ella. Continúan las interminables especulaciones en torno a los Mossos d’Esquadra. Acataron la orden de precintar los colegios, dada por la Fiscalía, pero el inefable comisario Trapero puntualizó que todas las actuaciones se harán con “proporcionalidad, oportunidad y congruencia”. ¿Cómo se precintarán los colegios aplicando las tres pautas de Trapero? Me temo que allá donde las huestes de Esquerra y la CUP ofrezcan resistencia, los Mossos se cruzarán de brazos, que es su pose favorita en las fotos de los últimos días. Si quieren ser congruentes con su proceder ante la sede de la vicepresidencia de la Generalitat y del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, deberán conformarse con hacer acto de presencia. En cuanto al sentido de la oportunidad, la verdad es que los miembros de los Mossos tendrán un futuro más despejado si adoptan un rol pasivo. Son más temibles los comisarios de Esquerra y la CUP que la hipotética denuncia judicial.

Con los cuerpos de Policía ocurre lo mismo que con la Iglesia Católica: una cosa es lo que dice la Conferencia Episcopal y otra lo que manifiesta el clero nacionalista catalán. Los primeros piden moderación y los segundos, separación. Supongo que en el Vaticano compaginarán ambas sensibilidades. O no. El dato más positivo de las últimas horas fue el paso dado por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) al ordenar a la Fiscalía que cese en sus diligencias y actuaciones porque el TSJC va a encargarse de dirigir las medidas represivas contra el intento de celebrar el referéndum. La magistrada, Mercedes Armas, mediante un auto, pide a los tres cuerpos policiales (Guardia Civil, Policía Nacional y Mossos de d’Esquadra) que precinten los colegios electorales antes del sábado y que el domingo cierren los que se hayan abierto. La magistrada, que lleve la instrucción de la querella contra los miembros del Govern por los delitos de desobediencia, prevaricación y malversación de fondos, por haber firmado la ley del referéndum, hace una reflexión muy dura sobre el comportamiento de los miembros del Ejecutivo.

Fiscales y jueces están haciendo más de lo que cabía esperar al empezar el estallido de la crisis institucional. Miran de frente al delito. Ahora hace falta que Rajoy abandone el rol de observador y lidere la contraofensiva.

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LA SABIDURÍA DE TRUMP
Juan Neira 27-09-2017 | 5:59 | 0

Según se acerca la fecha fatídica, las estrategias políticas se desdoblan pensando en la cita del referéndum y en el día después. Es difícil separar ambos hechos porque el segundo depende del primero. Una afluencia masiva a las urnas, logrando realizar las votaciones, alentaría los deseos de proclamar de inmediato la independencia. Al contrario, un día marcado por el control policial y ciertas algaradas callejeras podría ser el inicio de la normalización.

Detrás de la pugna por la celebración o no del referéndum se esconde un dilema crucial: vigencia de la legalidad o el nacimiento de una nuevo orden. El único grupo que ya conoce el futuro es la CUP: el Parlamento declarará la independencia. Esa es su postura. Sin embargo, al nuevo Partido Demócrata Europeo Catalán (PDeCT), carcasa bajo la que se protegen las antiguas huestes de Pujol y de Mas, le asaltan las dudas. Su portavoz dijo que si de las urnas sale el sí a la independencia, la decisión se ejecutará tras una negociación con el Estado. Una declaración así es algo más que un matiz. Conociendo los antecedentes es lógico pensar que la victoria de los constitucionalistas vendrá servida por las contradicciones de los independentistas, ese tripartito formado por el PDeCT, Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y la CUP; los dos primeros forman el Govern y la CUP lleva la batuta del ‘procés’ con sus desplantes institucionales y movilizaciones de masas.

Mariano Rajoy no va a la cumbre europea en Tallín (Estonia) para seguir los acontecimientos desde la Moncloa. Menos mal. El presidente del Gobierno tiene que estar a los mandos de la nave en el día que la democracia española va afrontar su mayor desafío desde el 23-F. Hay que tomar ya una decisión sobre los Mossos de d’Esquadra. El Gobierno no puede pecar de ingenuidad. Ni el famoso señor Trapero asiste a las reuniones del mando único a las que es convocado ni hay seguridad de que precinten los colegios, tal como ordenó la Fiscalía. Hay que aceptar la realidad tal como es: hay una batalla de corte policial o militar por el control del territorio urbano y el Gobierno no puede perderla.

A Rajoy le va el cargo en ese pulso, no en vano manifestó repetidamente que «el referéndum no se va a celebrar». El presidente visitó a Donald Trump en el momento oportuno para sacarle una declaración de apoyo. El hombre más poderoso del mundo dijo que «España es un gran país y debería seguir unido». Es la primera vez que coincido con ese hombre.

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MEDIDAS EXCEPCIONALES
Juan Neira 26-09-2017 | 5:52 | 1

La tensión en Cataluña continúa “in crescendo”. A la primera reunión de coordinación entre los tres cuerpos policiales, bajo el mando del coronel de la Benemérita, Diego López de los Cobos, no acudió el famoso señor Trapote, jefe de los Mossos d’Esquadra. En su lugar asistió otro mando de la Policía Autonómica. No sé lo que pensará Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior, pero a estas alturas es inútil confiar en la actuación de los Mossos d’Esquadra. Ya fue bastante elocuente lo sucedido el pasado miércoles, cuando la Guardia Civil y los funcionarios de Justicia entraron en la Consejería de Economía para registrar el departamento y tardaron casi un día en salir porque estaban bloqueados por los manifestantes ante la impasibilidad de los agentes de la Policía Autonómica. Es un cuerpo de 17.000 efectivos, clave para el control del orden público en Cataluña, pero  no se puede contar con ellos, desgraciadamente. Trabajan a las órdenes de Puigdemont, así que el día del referéndum quedarán cruzados de brazos, descargando sobre la Policía Nacional y la Guardia Civil la responsabilidad de neutralizar las urnas. Por muy costoso que resulte, desde una perspectiva logística, no queda otro remedio que trasladar más agentes de los dos cuerpos nacionales a Cataluña. En principio, habrá que controlar seis mil urnas, y para eso hacen falta muchos agentes distribuidos por las cuatro provincias.

Tal como había advertido hace dos semanas, el Tribunal de Cuentas dio a conocer la fianza solidaria que impone a Artur Mas y otros ocho altos cargos de su gobierno por el gasto que causaron a las cuentas públicas de la Generalitat con la consulta del 9 de noviembre de 2014. Entre los nueve tendrán que depositar 5,2 millones de euros. La mayor parte de ese gasto fue provocado por una compra masiva de ordenadores portátiles. Tres años más tarde les toca resarcir a la Generalitat. Imagino que saldrá en su auxilio la Asamblea Nacional Catalana que recauda fondos para una “caja de resistencia”.

Ante el cúmulo de ilegalidades que se están cometiendo, el Fiscal General del Estado manifestó que la detención de Carlos Puigdemont es “una posibilidad abierta”. A nadie puede extrañar que en los días que restan para la celebración de la consulta el Gobierno tenga que tomar medidas excepcionales para hacer frente a los planes de los rebeldes. En las redes sociales, con todo el descaro, el sector más radical llama a bloquear el puerto de Barcelona con tractores.

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