El Comercio
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Un templo a la deriva
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Alberto del Río Legazpi | 19-02-2018 | 07:32| 0

El caso de la antigua iglesia de Nuestra Señora del Carmen de la Dársena de San Juan de Nieva.

            En San Juan de Nieva situado en la costa atlántica está el puerto industrial de Avilés, uno de los más importante del norte de España, donde atracan mercantes de todo el mundo.

Aspecto actual de la que fue iglesia de San Juan de Nieva.

Aspecto actual de la que fue iglesia parroquial de San Juan de Nieva.

            Es un pueblo dividido en dos por la mar salada: el ‘San Juan de Acá’ situado en la margen izquierda de la Ría y el ‘San Juan de Allá’ en la península de Nieva de la margen derecha. Y si el agua lo parte en dos, los ayuntamientos (Castrillón, Gozón y Avilés) lo hacen en tres, pues también el ‘San Juan de Allá’ está dividido entre Gozón y Avilés. El acabose.

            De tal caos burocrático, paradigma de lo fronterizo difícil de encontrar, no se libra ni la iglesia católica apostólica y romana ya que hasta por su templo, situado en el ‘San Juan de Acá’, pasa la raya divisoria entre los concejos de Castrillón y Avilés. Hablo de la que fue iglesia de Nuestra Señora del Carmen de la Dársena de San Juan de Nieva de Avilés, que tal fue la kilométrica denominación de origen, dicho sea con perdón, que algunos le asignaron en sus comienzos.

Maqueta del templo.

Maqueta del templo.

            Fue un proyecto fechado en 1944 siguiendo la traza inspirada en lo marino (lo más notable es la nave central, la quilla invertida de un barco) del famoso arquitecto Ignacio Álvarez Castelao (Cangas del Narcea, 1910–Oviedo, 1984). El puerto cedió el terreno hasta el año 2022 y lo financió. Ayudó mucho el que impusiera un canon ‘voluntario’, durante ocho años, a las buques que atracaban en los muelles.

La iglesia apenas se distingue entre el puente del mercante y la grúa de la derecha.

La iglesia apenas se distingue entre el puente del mercante y la grúa de la derecha.

            Pero no son solo razones de geografía física las que determinan el acabose en San Juan. También las humanas. Hablo del fin de una parte del pueblo por la desaparición de su vida urbana (solo queda actualmente, y en las afueras, un pequeño poblado de viviendas de empleados de la factoría de zinc) que había crecido en torno a su dársena marítima inaugurada en 1893. Cien años después vino el acabose –y no es un dicho– de casas, comercios (Efectos Navales García-Morán), bares y restaurantes (Casa Rosa, la Rubia, la Pomarada, La Marina, Cabo de Peñas, etc) y también de conocidos bares de alterne como La Naval y del famoso Bahía cabaret, también de alterne y orquestina, tiempo atrás llamado ‘El de las quince letras’ una torre de babel idiomática por la gran cantidad de marinería extranjera que lo visitaba. Decía que ‘San Juan de Acá’ se acabó para dar cumplimiento a la Ley de Puertos y de la Marina Mercante de 1992 que no permite ocupaciones o utilizaciones en terrenos de su dominio que no tenga usos portuarios.

            Las máquinas derribaron todos los edificios que encontraban por delante pero frenaron en seco ante el templo. Con la iglesia habían topado.

Ignacio Álvarez Castelao.

Ignacio Álvarez Castelao.1956.

            Hoy, veinte años después, el edificio religioso diseñado por Álvarez Castelao luce abandonado y vallado entre montañas de carbón y piezas industriales, con soportales, paredes y tejado apuntalados por el abandono y el trepidar incesante de las máquinas que trajinan a su alrededor. El espectáculo es patético.

            Hubo intentos de arreglar el asunto pero el puerto, la iglesia y la circunstancia legal no lo hicieron posible. Lo que unido a que ‘San Juan de Acá’ se iba despoblando (en el 2000 los feligreses habían pasado de 600 a 106) determinó que el arzobispado desacralizase el templo, celebrándose la última misa el 16 de julio de 2008, festividad de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros.

            Hoy el edificio sigue en pie únicamente por la normativa legal que impide a la Autoridad Portuaria derribarlo, al estar incluido en el Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Asturias e igualmente catalogado artísticamente por los municipios de Avilés y Castrillón.

Última liturgia celebrada en el templo, el 16 de julio de 2008 (Foto cedida por José Carlos Valdés)

Última liturgia celebrada en el templo, el 16 de julio de 2008 (Foto cedida por José Carlos Valdés)

            Cabía la solución de que la imaginación política aliada con la generosidad de determinados estamentos oficiales hiciera posible el aprovechamiento del antiguo templo para otras tareas. Pero faltó genio e ingenio.

            No encuentro en la comarca avilesina, y tampoco en Asturias, templo de vida tan corta como éste de San Juan de Nieva. Un edificio de diseño vanguardista que se ha convertido en un grano en el culo de la Autoridad Portuaria y de los gobernantes locales y autonómicos, que no saben, no pueden o no quieren, encontrar remedio para tan infectado caso de acoso al patrimonio arquitectónico.

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El desconocido Ureña
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Alberto del Río Legazpi | 11-02-2018 | 11:53| 0

           En Avilés si dices Ureña algunos piensan que te refieres al recordado Justo Ureña, otros a Gabriel Ureña Hevia –nieto del Cronista– y cuyo cello suena mucho y bien. Muy pocos saben de Federico.

Federico Ureña en 1886.

Federico Ureña en 1886.

            Federico Ureña González–Olivares nació, en 1859, en Oviedo donde pasó niñez y juventud. Era primo del catedrático y escritor Leopoldo Alas Ureña (‘Clarín’). Al terminar sus estudios se traslada a Avilés, en 1882, para trabajar con el ingeniero vasco Carlos Larrañaga que dirigía las obras de canalización de la Ría, histórica reivindicación local conseguida principalmente por dos políticos liberales de Avilés en el Congreso, Julián García San Miguel (segundo marqués de Teverga) y Estanislao Suárez–Inclán.

            Federico Ureña se alojaría en La Serrana durante dos años. Como no sabía perder el tiempo, su trabajo se expandió por distintos sectores, en una época donde no abundaban (al menos en Asturias) ingenieros ni arquitectos. Dirigió las obras de la carretera del Torno, así llamada porque discurría paralela a la Ría por el antiguo camino por donde un carro con torno tiraba de los barcos que encallaban en los arenales tan frecuentes en la ría de entonces. La carretera del Torno es hoy la avenida del Conde de Guadalhorce, aunque la gente abrevia con carretera de San Juan.

Esquina Florida-Rui Pérez.

Esquina Florida-Rui Pérez.

            Ureña se implicó laboral y socialmente en Avilés en todos los sentidos. En 1884 se casa con María Dolores González–Posada la hija mayor de Serrana Gutiérrez Pumarino, dueña de la famosa fonda (luego hotel) La Serrana, donde se alojaba. El matrimonio compró una casa, por 20.500 pesetas, en el número 8 de la calle de Alante o Adelante y que a partir de 1890, cuando llegó el tren a Avilés, se llamaría calle de La Estación. Era un edificio con bajo, piso y huerta que daba a La Ribera (hoy calle Emile Robin, paralela al parque El Muelle). El matrimonio tuvo once hijos de los cuales vivían ocho cuando murió Federico.

            Desarrolló labores –en sus veinte años de residencia en Avilés– en distintos campos: canalización de la Ría, empresa privada y ámbito municipal.

            Hay que decir que el Ayuntamiento, haciendo de la necesidad virtud, le dirigió una carta ‘rogándole’ trabajase en lo municipal. Y es que se había quedado sin el arquitecto Ricardo Marcos Bausá que se había largado, después de tenérselas tiesas con el alcalde José Cueto a costa del proyectado parque El Muelle. Y puesto que los arquitectos escaseaban y el municipio tenía obras que no podía paralizar la cosa terminó con Federico Ureña como Director de Obras Municipales y como tal se hizo cargo de labores de ingeniería y arquitectura.

Galiana. Casa Arias de la Noceda.

Galiana. Casa Arias de la Noceda.

           Por ejemplo las obras de construcción, hasta su terminación, del nuevo parque El Muelle (que había trazado Bausá) donde Federico diseñó un excelente kiosco musical que algunos consideran el mejor de Asturias. Proyectó la carretera que llevaba de Avilés a Piedras Blancas (la conocida como Carretera de la Plata). Trabajó en la crucial planificación del segundo ensanche de Avilés que comprendió la apertura de tres travesías (Pablo Iglesias, Libertad y Las Artes) que unían las calles Rivero y Llano–Ponte.

           Federico Ureña fue solicitado por particulares para trazar planos de las siguientes edificaciones:  

Esquina de las calles LLano-Ponte con Ruiz-Gómez.

Esquina LLano-Ponte con Ruiz-Gómez.

            En el año 1883 el edificio nº 11 de la calle de Emile Robin (para entendernos donde está la Cafetería Germán), el nº 10 de la calle Pedro Menéndez y en la calle Galiana un palacete (conocido como casa de Arias de la Noceda) hoy propiedad municipal. Sobre este inmueble cuya autoría algunos adjudican  a Armando Fernández Cueto (que tampoco era arquitecto sino maestro de obras) hay cierta confusión que Héctor Blanco (que se lo atribuye a Federico) justifica, en su excelente libro ‘Arquitectura sin arquitectos’, como que «probablemente ambos asumiesen conjuntamente la ejecución de algunas obras de especial envergadura técnica y decorativa».

            En 1884 y 1885 los edificios 14 y 27 de la calle Ruiz–Gómez, este último haciendo esquina con la calle del Muelle ha sido recientemente rehabilitado. Así como los inmuebles números 2, 4 y 8 de Llano–Ponte, por lo que la singular esquina, en chaflán, de esta calle con Ruiz–Gómez también es obra de Federico Ureña.

Federico Ureña en 1904.

Federico Ureña en 1904.

            En 1892 el histórico edificio nº 21 (hoy 29), que es todo un episodio aparte, de la calle La Ferrería; así como el número 6 de La Muralla. En 1893 diseña el lavadero público de González Abarca que, actualmente, y después de haber sido desmontado su techo y columnas es un espacio estúpidamente abandonado.

           Finalmente está el espectacular edificio que hace esquina entre las calles Rui Pérez y La Florida que comenzó a levantar en 1890 y no se terminó hasta 1910. Algo que no vería Federico, cuyos bronquios no aguantaban con salud la humedad y se había marchado en 1902 con su familia, por alejarse de la costa se dijo, a Sevilla donde falleció en 1905, a los 46 años, cuando trabajaba en la construcción de un puente en Alcalá de Guadaira.

           El joven músico Gabriel Ureña, con una brillante carrera internacional como solista de violonchelo, es nieto de Justo Ureña quien fue empleado del Ayuntamiento de Avilés (y en su jubilación Cronista Oficial de la ciudad) y el cual, a su vez, fue nieto de Federico Ureña, Ayudante de Obras Públicas que –por escrito queda– dejó su huella en trazados de carreteras, calles y edificios de Avilés.

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Del Cañón de Avilés a Sabugo, pisando en Pola de Siero
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Alberto del Río Legazpi | 04-02-2018 | 21:24| 0

            Venía yo, con un clavel de color amarillo membrillo en la solapa, de la casa de un amigo que vive en Lugo (avenida de). Había subido por el Camino Viejo de Pravia hacia Playa de San Balandrán por aquello de atajar pues iba apurado por el reloj. Atravesé a toda máquina la Ría de Avilés, calle que desemboca en Alemania (avenida), dejando a estribor Balandro, Bergantín y Corbeta (vías del barrio de pescadores de Avilés) y también San Telmo, plaza en torno a una palmera.

Alcantarilla de Siero en Avilés.

Alcantarilla de Siero en Avilés.

            Llegué, ya decía que apurado, a Alemania (avenida de) cuando –y quizás por los efectos del trote– el clavel se me escurrió del ojal de la chaqueta y se deslizó por pantalón y zapato aterrizando en una tapa metálica redonda encastrada en la acera y en la que, al agacharme a rescatar la flor caída, pude comprobar, no sin asombro, que estaba  rotulada a nombre del Ayuntamiento de Siero, el término Saneamiento y el escudo de dicho municipio asturiano. Lo que aprovecho para poner en conocimiento del Gobierno del Principado de Asturias, adjuntando el correspondiente documento fotográfico reproducido en esta página, por si considera este hecho como administrativamente Sabe Dios Qué. Al tiempo también, y por este medio periodístico vicedecano de Asturias, lo hago llegar a las Corporaciones municipales de Avilés y  Siero.

            El caso es que dejé el paseo y la prisa y la alcantarilla invasora, de la Pola de Siero, me dio pie a pensar que Avilés es ciudad tan histórica como histérica en cuanto a algunos hechos y circunstancias.

            Por ejemplo tiene –como Dios manda en Asturias– coñones aunque no muchos y también cañones, si bien con pólvora mojada. Destaco uno de 4.750 metros de profundidad en el Océano Atlántico que está ahí lado, a 15 kilómetros de distancia del Faro de Avilés. Es  uno de los más importantes del mundo y figura, en cartas marinas y documentaciones geológicas y geográficas de todo el planeta, como el Cañón de Avilés.

Ciudadana, cigarro en mano, pisando Pola de Siero en Avilés.

Ciudadana, cigarro en mano, pisando Pola de Siero en Avilés.

            Otra que tal baila es la cuestión eclesiástica y es que todas las iglesias antiguas están, o estuvieron, a nombre de tres santos italianos y uno inglés que además tiene dos templos a su nombre. En el siglo XIII fue fundado el convento de San Francisco de Asis (ciudad de Italia) siglos más tarde rebautizado como San Nicolás de Bari (Italia) mientras que la que así llamada durante siglos está hoy a nombre de San Antonio de Padua (Italia). Por otro lado Santo Tomás de Canterbury (Inglaterra) tiene dos magníficas iglesias en el barrio de Sabugo, una levantada en el siglo XIII en el centro histórico del barrio y que pasa por ser el monumento medieval mejor conservado de la ciudad y otra, con cierto aire catedralicio, que la sustituyó como templo parroquial en 1903. Hecho conocido, por algunos, como ‘milagro de un santo inglés que cuenta con dos iglesias en Avilés’. Y todo esto por no hablar de las familiaridades que se toma el personal con Jesucristo, como es el caso de una capilla consagrada al Ecce Homo y que sin embargo es llamada Jesusín de Galiana.

            Luego está la cuestión de los curiosos topónimos, algo de lo que ya tengo escrito, con que cuenta la ciudad. Es el caso de El Quirinal (nombre de la residencia del Presidente de la República italiana en Roma) y que en Avilés es una calle. Al igual que contamos con una Plaza del Vaticano con dos, de sus cuatro calles están rotuladas religiosamente a nombre de Juan XXIII y San Agustín. El encantador y elegante Versalles de Paris  tiene su homónimo en el Versalles avilesino, barrio avilesino con un urbanismo desgraciado. La ciudad norteamericana de Las Vegas, meca de los casinos, tiene su réplica (con perdón) en Las Vegas, la mayor población de Corvera de Asturias, comarca de Avilés. Por no hablar de la ciudad chilena de Valparaíso, nombre histórico del manantial local que durante siglos surtió a fuentes y lavaderos de la villa. También tenemos Salinas en Castrillón como las hay en Castellón o en California.USA. Hay más pero me parecen suficientes para demostrar que no es lo mismo el atún que el betún aunque ambos vengan en lata.

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Paseando por la plaza del Carbayo, en Sabugo.

            Sin embargo no quiero dejar de citar un caso de toponimia multiplicada a partir del término carbayo, nombre que en Asturias se da al roble. Del carbayo derivan la plaza del mismo nombre en el barrio de Sabugo; también el barrio y el parque del Carbayedo, en la parte alta de Avilés; Los Carbayedos, lugar cercano a Valliniello donde las tropas napoleónicas mataron a más de doscientos avilesinos que, imprudentemente, les hicieron frente tratando de impedir que tomaran la ciudad el 21 de mayo de 1809; La Carbayeda, pequeño barrio rural encajado entre Llaranes y Corvera; Los Carbayos, caserío de San Román de Naveces, en Castrillón y, por terminar, el Histórico Carbayedo, modesto equipo de fútbol perteneciente al, anteriormente citado, barrio del Carbayedo.

            Pese a todo lo anterior el topónimo más misterioso que tiene el callejero de Avilés es Los Amanteles al que no le encuentro paralelo en el mundo entero. No se ustedes.

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Una Filarmónica en la ciudad ‘de los músicos’
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Alberto del Río Legazpi | 28-01-2018 | 10:06| 0

     En Asturias, y hace bastante más un siglo, los de Avilés eran conocidos como ‘los músicos’, de igual manera que ‘carbayones’ eran los de Oviedo y los de Gijón ‘los del culo moyáu’.

     El gentilicio avilesino derivaba de la práctica musical que por entonces se llevaba en la villa donde se conjugaba de lo lindo el verbo solfear, algo que nos muestra Carmen Julia Gutiérrez González –Directora del Departamento de Musicología de la Universidad Complutense de Madrid entre 2006 y 2012–  en un magnífico trabajo titulado «La Atenas de Asturias: el asociacionismo musical en Avilés entre 1840 y 1936». En él está escrito que Avilés (refiriéndose al de 1868 cuando contaba con 7.500 habitantes, de los que un 13% eran pobres) tenía un centenar de músicos en agrupaciones culturales, número increíblemente alto para aquel tiempo. Y cita a la Academia Filarmónica de Avilés, más conocida como El Liceo que funcionó entre 1840 y 1891, como una de las primeras sociedades instructivo–recreativas musicales creadas en España, junto con las de Madrid, Valencia, Barcelona, Sevilla, Murcia, Alicante y Granada. Da que pensar.22-filarmonica-lva-a-300

     Y de que se cuidaba la cantera musical da fe el que a la Academia El Liceo (sociedad musical de carácter privado con piano propio, 50 socios y banda de música) el Ayuntamiento le concedió permiso para montar sus bolos en los locales del ex convento de San Francisco (hoy iglesia de San Nicolás de Bari) con la contrapartida de que «enseñase música a todos los niños pobres de la villa que quisieran aprender». Escrito quedó en un Libro de Actas municipal.

     Parece suficientemente justificado el que a los habitantes de Avilés se les conociese, en Asturias, como ‘los músicos’. Y si todavía queda algún escéptico añado la relación que hace Carmen Julia Gutiérrez de las asociaciones musicales avilesinas de entre siglos XIX y XX: Academia Filarmónica de Avilés (1840–1891). Academia de Sabugo (1861–1874). Sociedad Santa Cecilia (1875–1891), Banda de Música La Industrial (¿….?– 1897). Banda Municipal de Música de Avilés (1891– ….), Agrupación Musical Obrera (1904–¿1908?). Asociación Coral Avilesina (1904–1915 y 1983–….). Sociedad de Amigos del Arte (1923–1951). Orfeón de Avilés (1925–1934). Coro del Ampurdán (1931–1932). Coro Avilesino (1932–….).

Montserrat Caballé.

Montserrat Caballé.

     En aquel efervescente ambiente de ‘doremifasol’, teórico y práctico, nació el 27 de enero de 1918 con un concierto, en el desaparecido Pabellón Iris, la Sociedad Filarmónica Avilesina –popularmente conocida como La Filarmónica y que estos días cumple un siglo de existencia– con el fin de ofrecer conciertos musicales de calidad. Consiguió integrarse en el circuito de Filarmónicas que abarataba costes a la hora de ofrecer actuaciones de intérpretes de excelencia musical que, de otra forma, nunca habrían llega­do a la villa.

     Sin embargo en 1930 tuvo que cesar en sus actividades por falta de socios cuyas cuotas permitiesen seguir programando conciertos muchas veces ofrecidos por el adelanto monetario de los directivos, con dinero de su peculio, para que tuviesen lugar.

Artur Rubinstein, pianista de fama mundial.

Artur Rubinstein, pianista de fama mundial.

     Pasados unos años resucitó en 1957, cuando Avilés estaba dando el mayor estirón social de su historia con la instalación de grandes factorías industriales. En aquel año se inauguró el primer horno alto de Ensidesa (acto considerado como puesta en marcha oficial de la gigantesca siderúrgica), se comenzaron a construir  2.056 viviendas en una ladera del monte de La Luz, se inauguró el FEVE local con la línea Avilés–Pravia… En aquel ambiente de actividad frenética un grupo de aficionados locales reinauguró la Filarmónica con un concierto en el teatro Palacio Valdés, que estableció como sede de sus conciertos.

     Y volvieron las orquestas y los intérpretes de calidad. La actividad de la Filarmónica ha conseguido a lo largo de su historia la actuación en Avilés de excelentes artistas, algunos de fama internacional entre los que destaco por fervor escénico a Artur Rubinstein, Pau Casals, Joaquín Achúcarro, José Iturbi o Montserrat Caballé. 

El pianista José Iturbi, entre Gene Kelly y Frank Sinatra.

El pianista José Iturbi, entre Gene Kelly y Frank Sinatra.

     En 1972 con el cierre del teatro Palacio Valdés la sociedad musical comenzó un exilio –a cuestas con su piano Steinway & Sons Serie D– pasando a ofrecer sus conciertos en el salón de actos del Instituto Carreño Miranda donde no les fue muy bien, aparte de que se les inundó el piano gran cola (a Chopin le hubiera dado un panflús solo con ver aquel concierto de teclas naufragadas) y se fueron al salón del Colegio San Fernando mejor pero gélido, y aquello no era plan, porque no se puede levitar con Mozart teniendo hielo en los pies, ni escuchar a Bach con los dientes castañeándote. En 1990 estabilizaron su sede, volviendo al centro de la ciudad, en el auditorio de la nueva Casa Municipal de Cultura de la que no se han movido hasta la fecha.

     Y ahí tenemos a la Filarmónica resistiendo, haciendo encaje de bolillos con su limitadísima economía para seguir ofreciendo conciertos mensuales (de septiembre a mayo) dentro de un cliché musical: barroco, clasicismo y romanticismo, en una ciudad con abundantes actos musicales y un rival como la Casa Municipal de Cultura que programa en igual cliché pero con más dinero.

Pau Casals, uno de los mejores violonchelistas de todos los tiempos.

Pau Casals, uno de los mejores violonchelistas de todos los tiempos.

     Hace unos ocho años la Sociedad Filarmónica Avilesina tenía 435 socios de pago y hoy 315, sin tendencia al aumento a pesar de las esperanzas en una ‘cantera’ –que no se acaba de lograr– proveniente de un Conservatorio de Música local. Y no es consuelo que otras sociedades filarmónicas estén peor porque si el refrán dice que mal de muchos es consuelo de pocos, hay otros que creen que en realidad mal de muchos es epidemia.

     Respeto aparte merece la labor, gratis et amore, de aquellos directivos que de verdad trabajaron, y trabajan, en la larga trayectoria de la Filarmónica avilesina. Pienso en ellos y recuerdo al personaje encarnado por Dean Norris en ‘Breaking Bad’ intentando dar ánimos con un «siempre está más oscuro antes del amanecer».

     No haré más juicios y termino publicando este episodio el 28 de enero de 2018, cien años y un día después de la fundación de la Sociedad Filarmónica de Avilés.

     Carpe Diem en fa mayor.

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Camposagrado en la intimidad
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Alberto del Río Legazpi | 21-01-2018 | 09:54| 0

            El de Camposagrado es un palacio que viene creciendo sin descanso desde hace sabe Dios cuantos años. Ni los historiadores son capaces de fijar el siglo de su origen, solo calculan que fue entre el XIII y el XIV cuando la entonces poderosa familia de Las Alas fundó una casa con torre, al norte de la muralla que defendía la villa medieval.        OLYMPUS DIGITAL CAMERA

            Con el tiempo la mansión fue ganando altura y ensanchando; y también pasando de la familia de Las Alas al marqués de Camposagrado que lo vendió al marqués de Monreal y Santiago. Y los herederos de éste a Ramón García de Castro y se convirtió en viviendas y los bajos en bazar, ferretería y comercio de deportes de invierno, hasta que cesó el negocio y el edificio fue cerrado ingresando en la Cofradía de la Incuria de la que lo rescató el Ayuntamiento adquiriéndolo por expropiación forzosa aprobada el 21 de enero de 1999, hace hoy 19 años.  

            Estas cosas pensaba yo en el patio del palacio, el 20 de agosto de 2004, cuando al mediodía, al marcharse a comer unos pintores que retocaban detalles, me quedé solo para planificar el recorrido de las visitas públicas que el palacio recibiría la semana siguiente. Escribo lo que sigue sacado de unos apuntes que entonces tomé, entre acojonado y exultante al saberme en la intimidad de un palacio que es la madre del cordero del barroco de Avilés y, para muchos, de Asturias.22-camposagrado-intimo-p1010338

            El patio ha sido cubierto con un lucernario dotado de un automatismo que lo abre y cierra en función climatológica; está compuesto de hierro y vidrio, dos elementos industriales del Avilés actual, al igual que el ascensor que tomé para ir a la planta baja.

            Allí, aparte de un gran espacio rescatado para salón polivalente también se ha recuperado parte de un buen trozo del lienzo de la muralla, y es que el ensanche del palacio –en el siglo XVII– había saltado (saltándose también los propietarios la ley por lo que tuvieron que afrontar denuncia anónima ciudadana de la que salieron indemnes) el camino de ronda (de unos 3 metros de anchura) que corría paralelo a la muralla y también saltaron sobre la muralla misma (otros tres metros). Y no contentos, aún, otros tres más sobre el muelle del puerto de Avilés que, entonces estaba en el lugar ocupado hoy por la calle de La Muralla y el parque del Muelle.222-camposagrado-intimo-03-primitiva-mansion-alaspuerta

            Todo eso se aprecia mejor al subir de nuevo a la planta de nivel cero –donde hay una puerta con restos medievales correspondiente a la mansión que fue de la familia Las Alas– y entrar en un impresionante galería con diez arcos apoyados en columnas toscanas, que ahora será biblioteca y que antes fue el único espacio cubierto que tuvo la muralla de Avilés.

            Saliendo de nuevo al patio central se sube a la primera planta por una magnífica escalera de piedra, de la cantera de Bustiello, diseñada en el siglo XVII por los avilesinos Menéndez Camina (padre e hijo) considerados también autores de la triunfal fachada sur del palacio, la que mira a la calle de La Fruta.

            La construcción de esta planta primera –ahora dedicada a aulas– a finales de aquel siglo XVII estuvo a punto de producir el derrumbe del palacio, cosa que evitó una obra de ingeniería, que a base de tirantes metálicos “amarró” el edificio (episodio aparte titulado ‘Camposagrado encorsetado’).225-camposagrado-intimo-p1010339

            En el techo de alguna habitación se observan pinturas de siglos anteriores que han sido restauradas y también por los pasillos se han podido rescatar parte de los techos originales de madera labrada.

            Subiendo a la segunda planta se ven los tirantes en las enormes vigas de madera que sirvieron para sujetar el arco, y por tanto el edificio, cuando estuvo a punto de derrumbarse al haber construido, en la primera planta y sin buen cálculo, diez balcones situados encima de la galería de las diez columnas toscanas.

            Desde el lucernario, entre madera, hierro, tejas y cristal, se observa una de las dos torres de la fachada sur del palacio, que junto con el cuerpo central que une ambas, forman ese monumental retablo artístico de la fachada sur, al que antes me refería, y que destacados expertos consideran el mejor ejemplo del barroco asturiano.223-camposagrado-intimo-18-talleres

            En esta planta (antiguos desvanes y habitaciones del servicio doméstico) dedicada ahora a talleres, el aprovechamiento de espacio y luces ha creado una panorámica vanguardista que le sienta como anillo al dedo a este histórico palacio de Camposagrado al que una acertada decisión política ha conseguido transformar en la Escuela Superior de Arte del Principado de Asturias.         

            En la semana siguiente de puertas abiertas, consta en las hemerotecas que cerca de 11.000 (once mil) personas visitaron el emblemático edificio. Dijeron que nunca se había visto nada igual.

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Jueces de paz en las calles de Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 14-01-2018 | 10:20| 0

En 1892 el Ayuntamiento queriendo poner orden y sentido común en el callejero local encargó a dos conocidos intelectuales el estudio del mismo.

      Fue el 2 de diciembre de 1891 y siendo alcalde de Avilés José Cueto, que era un tipo innovador, cuando el Ayuntamiento aprobó designar a David Arias García y a Estanislao Sánchez–Calvo «como personas eruditas y versadas, para que estudien y propongan el nombre que deben llevar varias calles, toda vez que los que actualmente tienen carecen de sentido y significado de ninguna clase».

      Un abogado nacido en Riberas de Pravia y enamorado de la historia de Avilés y un filósofo avilesino con proyección internacional que, aparte de secretario de un ministro, también fue alcalde de Oviedo aunque menos de un mes en el cargo.

      En cuestión de un año redactaron su propuesta para dar nombre a varias calles del centro urbano y alrededores, que fue aprobada el 15 de enero de 1892 por el pleno del Ayuntamiento. Cito la mayoría de los cambios que fueron tal que…

      «La Calle de Cabruñana será Fray Valentín Morán». Y así fue, pero hasta 1979 cuando volvió a  recuperar su nombre.

      «La calle de la Industria, será Llano-Ponte». Y lo sigue siendo.

Calle El Sol.

Calle El Sol.

      «Que la travesía de La Cámara lleve el nombre de Alfonso 7º (sic)». Antes de ser bautizada ya la gente la conocía como Calleja Los Cuernos y así continúa siendo hoy, como respondiendo al irónico verso de José Martín Fernández, divertido autor de comedias, que en 1892 y en su habitual sección del periódico rimó: ‘Alfonso VII es nombre que han querido dar a una estrecha travesía;/ no hay avilesino hoy día que la quiera así llamar,/ pues, lector, como sabrás,/ hay nombres que son eternos,/ y calleja de los cuernos…. será por siempre jamás’.

      «La Calleja del Moclín, será Las Alas». Hoy continúa con ese nombre salvado el detalle de que el Ayuntamiento no vigiló la rotulación de las placas y desde 1892 hasta 2015 estuvo constando en ellas calle Los Alas. Fueron unas cuantas docenas de Corporaciones las que, por lo que se ve, no se enteraron de algo que estaba a unos 6 metros del Ayuntamiento, que es donde nace dicha calle.

      «La del Sol será Pedro Solís». Sí, pero hasta 1979 en que pasaría a recuperar su nombre y ser Pedro Solís (fundador del Hospital de Peregrinos que hubo en la calle Rivero)  mandado a tomar por San Juan de Nieva.

      En Sabugo «La de Adelante, será La Estación. La de Atrás ‘Bances Candamo’. La de Enmedio, ‘Carreño Miranda’». Mientras las dos últimas conservaron su nombre la primera sufrió una vuelta de tuerca cuando en 1925 (tiempos de la dictadura de Primo de Rivera) fue renombrada como General Zubillaga hasta que la primera Corporación democrática de 1979 la devolvió a La Estación.

Calle La Estación.

Calle La Estación.

      «La de la Muralla, será Marqués de Teverga». Y así fue cumplido hasta que en 1979 volvió a ser La Muralla.

      «La Alameda vieja y Pescadería, será Plaza de San Sebastián». No pasó mucho tiempo, en 1929, cuando pasó a ser llamada Reina Doña María Cristina y en 1938 Santiago López marqués de Casa Quijano, que ya me contarán. Aunque todo fue inútil porque el personal siga llamándola como hace más de un siglo: Plaza del Pescado o La Pescadería, pese a que de pescado no le quedan ni las raspas.

      «El cruce de las calles de Florida y El Progreso [actual Marcos del Torniello] será Plaza de la Merced». Ya, ya… Aquí los cambalaches fueron de mareo; en 1924 la plaza ya mudó a General Primo de Rivera. En 1933 a plaza de la República, pasando a ser de Italia en 1938 y de Fernández-Ladreda (ministro de Franco) en 1946 para volver a ser de La Merced en 1979.

      «El camino que parte del final de la calle del Progreso a San Cristóbal, será Avenida de San Cristóbal, dejando de existir los nombres de la Parada y el Truébano». Sin embargo desde 1938 es Avenida de Alemania.

Calle Cabruñana.

Calle Cabruñana.

      «La carretera de Pravia será Avenida de Pravia». Y lo estuvo siendo hasta 1938 en que pasó a ser Avenida de Lugo y en 1979 su primer tramo (desde la casa de Larrañaga hasta el antiguo fuente–lavadero) se convirtió en Avenida de Los Telares.

      «…Y la travesía o calleja del Cementerio, será González Abarca». Nombre que sigue llevando hoy como si se supiera que nada cambiaría y que la calle dedicada a este obispo, casi cien años más tarde conduciría al tanatorio de Avilés. No somos nada, Chema.

      Los dos intelectuales culturalizaron y modernizaron parte del callejero, pero buena parte de sus cambios en el centro urbano, como se ha visto, fueron alterados, algunos con fundadas razones. Y es que la cosa no tiene arreglo cuando anda por medio la condición humana.

      Si hoy David Arias García y Estanislao Sánchez–Calvo pudiesen echar un vistazo desde su, presunto, rincón de gloria en la historia de esta ciudad, quedarían atónitos ante los cambios que sufrieron no solo las calles que ellos bautizaron, sino también las que luego a ellos fueron dedicadas. El abogado e historiador tiene una calle en Versalles que no se sabe si está dedicada a él o a su hijo (el alcalde David Arias) y al filósofo le llevaron la que tuvo a su nombre tuvo frente a su casa (hoy lista para ser vendida como pisitos) hasta un trastero de Galiana.

      De la derrota en la cosa del callejero nadie se libra, ni concejales, ni intelectuales. La vanidad partidista y la circunstancia histórica imponen placas a nombre de ganadores en calles y plazas.

      Hay quien dice que hay tres clases de mentiras: las reales, las estadísticas y las del callejero.22-callejero-lva-a-100

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‘El Grillo’, ironía en papel amarillo
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Alberto del Río Legazpi | 07-01-2018 | 11:04| 0

Este es un episodio cocinado, exclusivamente, por las informaciones que generó una publicación inusual en el periodismo asturiano.

            Hoy, 7 de enero, hace cuarenta y cinco años que salía a la calle un nuevo suplemento de LA VOZ DE AVILÉS llamado EL GRILLO.22-grillo-portada-foto-que-manda-sustituye-a-la-anterior

              En la Gran Enciclopedia Asturiana, buscándola o al azar, se puede encontrar la siguiente entrada «GRILLO, EL. ‘Suplemento mensual de La Voz de Avilés’. El primer número aparece en enero de 1973, y en julio de este mismo año deja de publicarse. Su contenido lo forman artículos sobre litera­tura y cine, así como comentarios satíri­cos de temas de actualidad. Dirigido por Alberto del Río, cuenta, entre otras, con las colaboraciones de Luis de Izarra, Ra­món Rodríguez. Manuel V. Bordaberri, Eugenio Orlando González, Luis Javier Álvarez, Juan Ureña, José A. Doval y ‘Lluis de Asturica’. Impreso en La Voz de Avilés, constaba de 16 páginas de 48 x 27 cm. (L. C.)».

José Antonio Doval.

José Antonio Doval.

            El periodista y escritor Luis Muñiz Suárez en su libro ‘Historia de La Voz de Avilés (1908–2008). Noticias de la Comunicación S.A., Madrid, 2008’ matiza, acertadamente, que «estaba  impreso en formato tabloide (28 x 38,7 cm) sobre papel amarillo, pri­mero con 24 páginas que se reduje­ron a 16 desde el tercero de los 6 nú­meros que se publicaron y aparecía con el periódico el primer domingo de cada mes».

            De este excelente libro de Luis Muñiz entresaco algunos párrafos del capítulo titulado ‘El Grillo, una bocanada de aire nuevo’.

Luis Muñiz.

Luis Muñiz.

            En entrevista concedida al autor del libro «Alberto del Río asegura que ‘en los ambientes culturales asturianos fue una refe­rencia y una publicación muy celebrada’ y cree que, aunque duró poco, ‘fue un tam-tam que movilizó el ambiente cultural asturiano… traspasando incluso fronteras, porque algún medio de Madrid se hizo eco de él’. Explica que durante un tiempo había hablado con otros dos amigos, Juan Cueto Alas y José Antonio Doval Liz (…). De Juan Cueto sería complicado resumir aquí su historial de escritor y periodista prolífico columnista convertido en experto en comunicación, fundador de la revista cultural Cuadernos del Norte de la Caja de Ahorros de Asturias, fue el primer director de Canal+ en nuestro país y luego directivo de Telepiú en Italia. José Antonio Doval Liz, por su parte, era profesor de Literatura de la Universidad de Oviedo y su prematura muerte truncaría una prometedora carrera literaria». (…)

Amelia Valcárcel

Amelia Valcárcel

             «Alberto del Río, con la ayuda de sus dos amigos, reunió para elaborar El Grillo a un interesante grupo de colaboradores, todos gratis et amore, como subraya Del Río, entre ellos, además de los promotores ya mencionados, Ramón Rodríguez —artista plástico que fue di­rector de la Bienal de Arte Ciudad de Oviedo y dirige actualmente la Escuela Municipal de Cerámica de Avilés y el Centro Municipal de Exposiciones—, Pedro de Silva —que años después sería presidente del Gobierno del Principado de Asturias—, Luis Javier Alvarez — uno de los fundadores del movimiento bablista— y Amelia Valcárcel, catedrática de la Universidad de Oviedo, que luego sería Consejera de Cultura del Principado y actualmente Consejera de Estado y vicepresidenta del Patronato del Museo del Prado». El autor del libro que estoy citando, Luis Muñiz, también fue destacado colaborador, junto con Javier Medina un abogado gijonés loco por el cine que firmaba como Monsieur de Saint Font. Los dibujantes Matías y Pachi, el historiador Paco Mellén, Eugenio Orlando González, Santiago Hevia, Tomás Martín Arnoriaga, el cantautor Víctor Manuel (firmando como Víctor). Y más.

Juan Cueto Alas.

Juan Cueto Alas.

            Alberto del Río destaca del suplemento ‘su desenfado, la ironía que a veces podía lle­gar al recochineo o a un puyazo fuerte, que acusaba la autoridad pertinente, principalmente cuando se tocaban temas tabú’. Y esa parece ser la causa de su desaparición: ‘Cada vez que salía un número, me llegaban los ecos del malestar del delegado provincial de Información y Turismo, Francisco Serrano Castilla (…) Hubo un momento en el que la empresa ya no aguantó más presiones y dio carpetazo al invento tras publicar seis números mensuales (…)». Aquello fue en junio de 1973.

Ramón Rodríguez.

Ramón Rodríguez.

            La revista Asturias Semanal de fecha 23 de junio de 1973 –con foto de una portada de ‘El Grillo’– publicaba un artículo titulado ‘Adiós a un alegre cri–cri’ donde anunciaba que «Parece ser que un cri-cri que poco a poco se iba haciendo famoso en Asturias y que cada mes se emitía desde ‘El Grillo’, suplemento mensual de ‘La Voz de Avilés’, dejará de sonar.

              Desde hace unos cuantos meses un equipo joven, alegre, divertido y asturiano, mil por mil, dirigido por Alberto del Río, analizaba en (desde) ‘El Grillo’ la actualidad regional con un desparpajo similar a su lucidez. ‘El Grillo’ hizo su entrada en el mundillo periodístico asturiano en momentos particularmente graves y muy pronto su reconfortante sonido se dejó oír en este valle de lágrimas»

Lluis Xabel Álvarez.

Lluis Xabel Álvarez.

              Y sigue la revista asturiana señalando que «‘El Grillo’ intentó practicar una mirada joven y humorística sobre nuestra preocupante realidad regional. Y ‘El Grillo’ ha dejado de emitir sonidos. Creemos que no estamos tan sobrados de esta clase de experiencias periodísticas como para prescindir de ellas de un severo plumazo (…). Desde estas páginas decimos hasta siempre a ese alegre cri-cri que supo poner asturianamente, es decir, con humor, unos cuantos puntos sobre algunas de las muchas íes que por ahí andan sueltas, vivitas y coleando impunemente».

Pedro de Silva.

Pedro de Silva.

            Por su parte en La Nueva España, 29 de julio de 1983, José Manuel Rad en un artículo titulado ‘Del caos o El Grillo’ escribe que «En el año 1973, Alberto del Río inicia en LA VOZ DE AVILÉS sus tareas relacionadas con la publicación de un suplemento llamado ‘El Grillo’, de carácter mensual, color amarillo, lo que no dejaba de ser una innovación. (…) El canto de ‘El Grillo’ no tardó en ser tildado de exagerado y por eso fue clausurado cuando apenas tenía seis meses de vida».

            Finalmente añado que más detalles sobre gestación, nacimiento, vida y muerte de aquel suplemento en papel amarillo serán motivo de un episodio aparte.

            En papel blanco, por supuesto.

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El pasmoso caso del ‘barroco boticario’ de Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 31-12-2017 | 00:56| 0

A lado de palacios y calles del siglo XVII surgieron empresas medicamentosas.

             Fue el siglo de los Shakespeare, Galileo, Newton, Cervantes, Velázquez y Rembrandt. Fue cuando las potencias europeas –que esquilmaban a la recién ‘encontrada’ América– dieron, también en descubrir Australia. Los chollos no paraban.

            John Napier introducía los logaritmos en las matemáticas o se llevaba a cabo la primera transfusión de sangre. Y en la India construían el Taj Mahal.

            Era el siglo XVII.botica-la-camaraimagen1

           Por entonces, la villa avilesina –como Asturias– sufría una profunda crisis económica, hambruna incluida. Pero como siempre hay sitio para la paradoja, resulta que la población se salió de las murallas y comenzó una histórica transformación urbana, con el arte barroco como línea maestra constructiva.

            Uno detrás de otro se levantaron los palacios del marqués Ferrera, el municipal, y el del indiano gozoniego –enriquecido en Perú– García Pumarino. Y cosidos, entre ellos, por soportales, surgió una plaza monumental (un ‘Parche’, artístico donde los haya) de la que parten dos asombrosas calles (Rivero y Galiana) también de traza barroca.

            Ha de saberse, que en Avilés, el comercio –por lo general– no se diversifica, si no todo lo contrario. Hay rúas en los que se amontonan los gremios. Cosa chocante, que viene de antiguo, aparentemente reñida con la moderna lógica productiva. El mayor ejemplo está en su calle mayor (La Cámara) abarrotada de ópticas. Episodio aparte, que da que pensar.botica-rivero-imagen3

            Pero lo comercial trasciende a lo artístico, cobrando dimensiones monumentales cuando se observa que en los cuatro principales palacios de la Villa (Ayuntamiento, Ferrera, García Pumarino y Camposagrado) tienen en vecindad inmediata una (por lo menos) farmacia o botica, cuando no un centro médico. O que en calles barrocas, caso de Rivero, haya también, curiosas señas artístico-medicinales.

            Este hecho, impar y alambicado, nos lleva a afirmar que el ‘barroco boticario’ o ‘farmacéutico’ avilesino es único en Europa, constituyendo una variedad artística misteriosa y –ciertamente– extravagante.

            Escribe Guillermo Díaz–Plaja que ‘el barroco es una técnica y un estado de espíritu’. Pues en Avilés quisiera verlo yo explicando el curioso fenómeno de que en un espacio tan raquítico como plaza de España y calle de La Fruta (en el que apenas cabrían dos campos de fútbol) haya cuatro palacios del siglo XVII y cumpliendo todos ellos funciones sociales: gobierno local (el municipal), hotel de cinco estrellas (Ferrera), escuela de arte (Camposagrado) y sala cinematográfica (García Pumarino o de Llano Ponte).

            Rafael Alberti decía que ‘el barroco es la profundidad hacia fuera’. Tal  exuberancia verbal del poeta andaluz me sirve de muleta para explicar que dichas mansiones palaciegas tienen farmacia o botica, o centros médicos (presentes o pasados) en sus aledaños. El barroco avilesino o prodiga medicina o tiene magnetismo medicamentoso. Es cuestión de fijarse y contar.

            Dos de ellos (Ferrera y García Pumarino) tienen ubicada botica a su vera. O casi.

            En el palacio municipal o ayuntamiento son dos las farmacias (De la Flor y Llorente). Cosa razonable, ya que en tal edificio gubernativo circula mucho personal que necesita acompañarse de calmantes, aspirinas y astringentes, por aquello de no salir descompuestos de la mansión oficial.botica-la-fruta-imagen2

            Y donde ya la cosa alcanza el máximo nivel es en el palacio de Camposagrado, la joya de la corona del casco histórico. Con una farmacia en las inmediaciones, en la calle de la Fruta, y otra –que tampoco le pierde ojo– en retaguardia (plaza de Pedro Menéndez), tiene a su costado derecho una clínica médica privada. No me digan.

            Si a esto unimos que la calle Rivero (donde durante siglos estuvo el Hospital de Peregrinos) comienza casi –en su margen derecho– con una farmacia y que termina, en su margen izquierdo con otra, pues la cosa da que pensar.

            De lo anterior hay que deducir que estamos hablando de que el 30% de las farmacias del centro urbano de Avilés, (sobre un total de veinte) complementan (o custodian o protegen) los monumentos del arte barroco de Avilés. Y que de dichos porcentaje la titularidad recae, por abrumadora mayoría, en féminas. Lo que se hace constar a los efectos oportunos.

            Botica y barroco. Arte y medicina. Original conjunción física y química, de piedra noble y herbolario medicinal, que destruye la teoría expuesta por el escritor argentino Jorge Luís Borges, que mantenía que ‘el barroco es condenable por razones éticas’. Supongo que, de vivir ahora, al de Avilés lo aprobaría por razones médicas.

            El ‘barroco boticario avilesino’ es arte, saludable y absolutamente original.

            Como hielo ardiendo.

(Reedición revisada del episodio publicado en La Voz de Avilés del 13 noviembre 2011)

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La misteriosa, literaria e histórica calle de La Ferrería
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Alberto del Río Legazpi | 23-12-2017 | 23:02| 0

     La que guarda más vestigios del Avilés inicial. La número uno de las que discurrían entre las murallas, demolidas en el siglo XIX. Pasear por ella es ingresar en un pasmoso túnel del tiempo. Una misteriosa sensación andar transitando por épocas pasadas a la que te llevan sus edificios y su conformación urbana, confirmada durante siglos, como principio y final: entrada y salida, de Avilés, según se viajara por tierra o por mar.ferreria-tunel-alberto-z-00x-9-ferreria-tunel-luz-img_8840-bis

      Calle rápida. La única que iba de puerta a puerta de muralla. De la del Alcázar (inicio en El Parche) a la de La Mar -en la confluencia con la calle de La Muralla y a la vera de la iglesia parroquial- donde estuvo situado el puerto hasta el siglo XIX.

      Traspasaba, como un puñal, la ciudadela medieval (conocida como La Villa). Era -y algo le queda- estrecha, con tramos oscuros y soportales, hoy cambiantes y asombrosamente fascinantes.

      Tuvo muchos nombres, aunque el actual (recobrado en 1979) es el más cabal. Porque cuadra con haber sido calle de herreros o también -otra teoría- de que al inicio de la rúa había una gran ferrería. Cosa premonitoria esto del hierro, pues las primeras oficinas de la siderúrgica Ensidesa se abrieron, en la década de los cincuenta, en el número 29 de esta calle.ferreria-luis-alfonso-22-soportales-la-ferreria-luis-alfonso-bis

      Fue en tiempos lejanos, la vía principal, por estar a pie de obra del puerto. La que atesora recuerdos del siglo XII: iglesia de los Franciscanos, o del XIV, como el palacio de Valdecarzana y la capilla de (los de) Las Alas. Edificios que transmiten.

      Los historiadores norteamericanos que vienen a beber de las fuentes de los archivos históricos de Avilés, se asombran e impresionan con lo que ven y palpan en esta calle, donde nació el Adelantado de La Florida (en casa que estuvo en el solar del actual edificio número 29),  vivió de casado (al inicio de la calle, margen izquierda) y donde está enterrado (iglesia llamada De los Padres).

      La Ferrería, como antigua calle principal, ha sido escenario de todo tipo de historias. Desde festejos medievales, hasta de tragedias, la última originada en 1937 por un bombardeo de la aviación del general Franco sobre la ciudad (Avilés se había declarado fiel a la legalidad republicana) y que hizo blanco causando víctimas mortales en uno de sus más antiguos edificios, el actual número 10.ferreria-felix-gonzalez-22-hache-historica-calle-medieval-de-la-ferreria

      Es calle literaria, hoy con un edificio universitario incluido, que gustaba de pasear a Armando Palacio Valdés. Aquí nació el novelista Juan Ochoa, y aquí vivió y murió (portal número 31), Estanislao Sánchez-Calvo, uno de los más destacados filósofos asturianos, especie a proteger en vista de lo escasos que son. Frente a su casa nació la galaxia Gutemberg local, la primera imprenta avilesina propiedad de Antonio María Pruneda. Y también el diario ‘La Voz de Avilés’ domicilió en el actual número 27 de la calle durante muchos años.

      El desconocido (y ya tiene garambaina decir esto) escritor avilesino-cubano Rafael Suárez Solís, nuestro más prolífico autor literario, la describe con desparpajo y nombre cambiado, en su novela ‘Un pueblo donde no pasaba nada’, que mira por donde últimamente pasa de todo, incluso lo que nunca debería haber pasado: que se esté jugando a un peligroso pim-pam-pum con el Centro Niemeyer, reconocido referente mundial, asturiano, en materia cultural. Cuidado, cuidado, que hay historias que no se pueden reescribir…ferreria-alto-soportal-z-x-000000-1-9-la-ferreria-buen-soportal-oye-img_1287-bis

      Por cierto que La Ferrería es la calle del casco histórico más cercana y comunicada, visualmente, con el espacio diseñado por el arquitecto brasileño. Paseándola, oteas en su zona media, la pasarela de acceso al Niemeyer; y casi al final -cerca de un edificio que, con suerte, algún día será museo de la historia urbana de Avilés- divisas la cúpula del famoso centro cultural internacional.

      Las arquitecturas, tradicional y vanguardista, se han terminando soldando y constituyendo una potentísima señal de identidad artística ‘Made In Avilés’.

      La Ferrería es calle recóndita y legendaria.

(Episodio, revisado, publicado en La Voz de Avilés el 19 septiembre 2011)

Calle La Ferrería desembocando en la de La Muralla. En la esquina de la derecha parte del edificio del hotel La Serrana. (Foto cedida por Cástor G. Ovies).

Calle La Ferrería desembocando en la de La Muralla. En la esquina de la derecha parte del edificio del hotel La Serrana. (Foto cedida por Cástor G. Ovies).

 

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Ensidesa, arrasando que es gerundio
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Alberto del Río Legazpi | 17-12-2017 | 10:11| 1

En 2007 se derribaron los antiguos Club y Residencia de Ingenieros que la empresa tenía en Avilés y, hoy, diez años después el solar es un páramo.

          La Empresa Nacional Siderúrgica S. A. (Ensidesa) construyó en Avilés, a finales de la década de los 50, una moderna urbanización de viviendas que fue bautizada popularmente con distintos nombres: Los Bloques de Ingenieros, Poblado de Ingenieros o también Los Bloques e incluso Ingenieros a secas.

          El nombre lo dice todo pues estaba destinada fundamentalmente a ingenieros y, en menor número, a otros titulados universitarios con cargos de alta responsabilidad en la factoría siderúrgica avilesina.

          La política social en materia de viviendas de Ensidesa se inició en la década de los 50 con el poblado para obreros y empleados –una excelencia urbanística– en Llaranes; otro para peritos industriales en bloques conocidos como Las Estrellas en El Pozón y cerca de este, el de La Rocica para empleados de categoría media; el de empleados de categoría superior (Ingenieros) fue para Avilés.

La singular urbanización. Foto de Nardo Villaboy en su libro 'Avilés desde el aire' (1996).

La singular urbanización. Foto de Nardo Villaboy en su libro ‘Avilés desde el aire’ (1996).

          Se construyó entre finales de 1958 y 1959 en lo que entonces eran las afueras de la ciudad, en la calle González Abarca, casi frente al lavadero público de Sabugo, la vieja Hidroeléctrica y las escuelas de Sabugo.

          En una parcela de cerca de nueve mil metros cuadrados se levantaron cuatro grandes bloques de catorce viviendas cada uno; viviendas de entre 230 y 300 m2 cada una. El conjunto fue diseñado por el arquitecto Ignacio Fiter Clavé, quien completó la urbanización con un edificio destinado a Club de Ingenieros y otros dos para Residencia de solteros, ingenieros, claro.

          Hay que decir, cuanto antes, que era una urbanización arquitectónicamente original e impecable. Perteneciente, según la revista digital Monsacro «al denominado movimiento Moderno de la arquitectura de las primeras décadas del siglo pasado, que lo singulariza totalmente del resto de las viviendas construidas por entonces en Avilés».

Ficha de construcción de uno de los bloques (10 junio 1958). Foto cedida por Fernando Soler.

Ficha de construcción de uno de los bloques (10 junio 1958). Foto cedida por Fernando Soler.

          Todas sus edificaciones estaban dotadas de ascensor, calefacción, agua caliente central y garaje; el recinto estaba cerrado a no residentes por un muro, luego verja, con vigilancia privada. Era una urbanización de lujo en una ciudad enloquecida por la carencia de viviendas demandadas por los miles de personas que de toda España llegaban, entonces, a Avilés buscando trabajo. Por eso Los Bloques de Ingenieros crearon resentimiento social en la ciudad, algo que con los años y las edificaciones que empezaron a rodearlo se fue apagando.

          A partir de la década de los 70, con la llegada de la crisis energética, Ensidesa entró en barrena y empezó a tirar cosas por la borda. En aquel sálvese quien pueda se deshizo de sus poblados y de la propiedad de las viviendas de los mismos que pudieron comprar, opcionalmente, sus inquilinos.

          En Avilés el Club de Ingenieros y los dos inmuebles de la Residencia, pasaron de propiedad pública a privada y se reconvirtieron a la hostelería y hotelería (luego centro geriátrico) respectivamente. Aquello fue algo socialmente impactante en la ciudad.

          El selectísimo Club de Ingenieros de la extinta Ensidesa reconvertido en sidrería  fue tremendo, algo que las generaciones actuales no entenderán. Hubo estudiosos, es un decir, que quedaron alcoholizados por aquel suceso hostelero.

          Se pasó de la finura de camarero que hacía la bisagra lumbar susurrando “señor, su Chivas 12 años” al sonoro “¿Pongoi otro culín, jefe? Aquello fue la democracia, siguen diciendo algunos.22-ingenieross-foto-2-cimg1708

          Pero estos negocios tampoco fueron bien y comenzó la especulación de los terrenos, terminando el asunto en que se iban a construir 300 viviendas en tres torres de catorce pisos, para “oxigenar” el suelo, arguyó el concejal de Urbanismo del Ayuntamiento avilesino. Qué cosas, oiga. Y arrasaron las edificaciones, por supuesto.

          Con  lo que otros símbolos más de una era industrial, que transformó por completo esta ciudad, al garete. Destruyeron, arrasando o achatarrando,  paisajes y edificaciones características de la segunda mitad del siglo XX, símbolos que marcaron la historia de Avilés, como en su tiempo hicieron el románico, el gótico o el barroco.22-ingenieros-cimg1898-bis

          Y se fueron abajo los edificios en cuestión y el original conjunto quedó fracturado perdiéndose unos símbolos arquitectónicos de los años cincuenta, únicos en el país. Una urbanización notable de la que casi nadie se había ocupado. No tuvo detrás defensores –personas, medios e instituciones– del patrimonio industrial como los que hubo en el intento de salvar instalaciones industriales, con la excepción –que yo sepa– de Monsacro y concretamente de Fernando Soler del Campo.

          Total, que desde que aquel concejal avilesino habló de oxigenar el suelo han pasado diez años e ignoro si se ha oxigenado o no, pero seguro que se ha oxidado.

          Es un vergonzoso borrón en la ciudad.

 

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Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta