El Comercio
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Autor: abochoar_517
Problemas cercanos
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Antonio Ochoa | 18-10-2017 | 5:42| 0

Esta temporada estamos los ciudadanos tan entretenidos mirando al Este que los políticos del Oeste no pueden resistir la tentación de colarnos alguna jugarreta. Y es cierto que el espectáculo a orillas del bajo Ebro es sorprendente. Que uno pone la tele y no sabe si está viendo las noticias, una comedia americana de enredo, un culebrón venezolano o un anuncio español de propaganda electoral pagado a medias por el PP y Convergencia. Lo malo es que, cada vez que te echas las manos a la cabeza, alguien aprovecha el descuido para meter las suyas en tus pertenencias. Por eso, conviene administrar sabiamente nuestra indignación y no gastarla toda en Puigdemont. Aquí hay gente que también merece una poca.

Fíjense en el asuntillo de La Cortina en Cangas. Hace ya unos añitos, el gobierno local (PSOE e IU) decidió expropiar y derribar una zona para construir un nuevo centro de salud y, de paso, abrir Obanca como zona de expansión de la villa (de risa, teniendo en cuenta la caída de población). La parte destructiva se llevó a cabo rápida e implacablemente, la constructiva aun está esperando. La siguiente corporación (IU y PP) no quiso ser menos y cerró el aparcamiento de camiones que había en El Reguerón para construir una residencia de mayores. La excavación se hizo enseguida, los muros sólo se levantaron en el papel (mojado). Dos agujeros y ninguno de los tan necesarios equipamientos; perdimos cero a dos y nadie asumió nunca responsabilidades.

Ahora, la consejera del ramo, en un arranque de genialidad, ha decidido unificar los dos problemas y trasladar el proyecto de residencia a La Cortina. Hay quien se queja de que la nueva tiene menos plazas. ¡Santa inocencia! En una residencia imaginaria caben millones de ancianos imaginarios, es al colocar los ladrillos cuando hay que preocuparse y eso no es para pronto. De momento seguimos con promesas y proyectos. Así que, por muy mal que nos caiga Junqueras, los políticos que más nos perjudican no son los catalanes, son los asturianos.

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Cataluña
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Antonio Ochoa | 10-10-2017 | 9:51| 0

Cataluña monopoliza el interés de todos los españoles (incluidos los catalanes). Gracias a ello, la corrupción va quedando relegada al olvido para alivio de nuestra clase política. Sin embargo, ambos temas están relacionados. Todos los presidentes de gobierno españoles de Suárez para acá han contado con el apoyo y beneplácito de CIU. Unos robaban de Fraga (municipio) para allá, los otros de Fraga para acá y todos contentos. Pero llegó la crisis, la (tardía) indignación popular, empezó a ir gente a la cárcel y los políticos españoles (incluidos los catalanes) vieron amenazada su patria, que no es España (ni Cataluña), sino Suiza, y el pánico les empujó a soluciones extremas.

Así pues, a lo que ahora asistimos es a un conflicto entre dos facciones suizas, librado en suelo español por dos ejércitos indígenas formados por fanáticos y mercenarios. En España (Cataluña incluida) abundan unos y otros. Pongan la tele, sintonicen tertulias y los programas de deportes y verán un montón. Fíjense en esos individuos que van a la concentración de la Selección a gritar: “Piqué, catalán, vete de España”. Eso exactamente lo que predica Junqueras y, si creyeron que  no podía haber alguien tan tonto como para salir con pancartas a gritar las consignas del enemigo, es que subestimaron la estupidez humana.

Por supuesto, estos enfrentamientos entre romanos y cartagineses suelen acabar con los numantinos quemados. Pero eso a nuestros dirigentes les importa un bledo. Ellos tienen un palacete esperándolos junto al Lago de los Cuatro Cantones para cuando todo termine. De momento, Rajoy, en vez de arengar a sus partidarios en Cataluña, ha cometido la torpeza de enviarles la Guardia Civil, lo que ha permitido al Govern sacar sus huestes a la calle y tomar ventaja. Pero los ejércitos, una vez movilizados, han de alcanzar rápidamente sus objetivos o los reclutas se cansarán de desfiles y escaramuzas, empezarán a añorar la comida calentita y desertarán masivamente. Lamentablemente, su objetivo es el País de Fantasía y ese no puede ser conquistado con la fuerza, sólo con la inocencia.

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Física política
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Antonio Ochoa | 02-10-2017 | 10:01| 0

Pensaba hablar otro ratito más del tema catalán, haciendo incluso un poco de futurología al respecto, pero me he dado cuenta de que no puedo. Aquellos que nos adentramos en el conocimiento del mundo de la mano de la Enciclopedia Álvarez seguimos los senderos de la física clásica, la de Newton y su ley de la gravitación. Creemos que, sabiendo con precisión la posición y movimiento de un objeto en este momento, siempre podremos saber dónde estará en el futuro. Craso error, nos perdimos la revolución de la física cuántica y no entendemos cómo funciona realmente el mundo. Según el principio de incertidumbre de Heisenberg, es imposible determinar al mismo tiempo la posición y la velocidad de una partícula y eso es lo que nos pasa con Puigdemont. Ni él mismo sabe dónde acabará. Cuando se detiene para situarse, no sabe hacia dónde va y, cuando sigue moviéndose, no sabe dónde está. No es culpa suya, es culpa de Heisenberg.

Y no crean que el día dos lo sabremos. Hay un famoso experimento de Schrödinger (experimento imaginario, no se me mosqueen los animalistas) donde un gato es encerrado en una caja sellada, con un frasco de gas venenoso que se abrirá o no dependiendo de que una partícula subatómica, que tiene un 50% de posibilidades de desintegrarse, lo haga. Ustedes pensarán que, al cabo de un rato, el minino estará vivo o muerto, pero, según la física moderna, en realidad estará 50% vivo y 50% muerto y no estará del todo ni uno ni otro hasta que alguien abra la caja y mire. En cierta medida, es el observador el que mata o salva la pobre felino. Podrá parecerle absurdo, pero millones de dispositivos se basan en ese principio. Por eso, el día dos habrá habido 50% de referéndum y 50% de no-referéndum dependiendo de quién abra la caja. Y continuaremos en la incertidumbre, porque somos un país completamente cuántico y kafkiano (de Kafka, otro germano al que gustaba tanto narrar absurdos como a los españoles vivirlos)

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Ensoñaciones independientes
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Antonio Ochoa | 25-09-2017 | 9:44| 0

Hay sueños tan dulces que odiamos cualquier cosa que nos saque de ellos. Más de un despertador llegó a un abrupto final por culpa de esto. Nadie quiere volver de ese mundo maravilloso donde todo es posible sin esfuerzo a la dura realidad llena de fatigas y limitaciones. Ése es, precisamente, el problema de los independentistas catalanes. Durante años les han ido cantando nanas y contando cuentos hasta que se han quedado traspuestos, soñando con un país fantástico en el que ellos eran más listos, más trabajadores y más guapos que nadie y donde, en cuanto se liberasen de los “otros”, serían felices para siempre. ¡Es tan bonito! ¿Cómo van a querer volver a la vida real, a esa donde son españoles como los demás que votan a sabiendas a corruptos y por eso están como están? ¿Cómo pedirles que comparen el Parlament con el Bundestag y con las Cortes para comprobar cuáles se parecen como dos gotas de agua? Yo tampoco querría.

Desdichadamente, despertar, además de duro, es también inevitable. Puedes tomártelo con café y resignación o intentar caminar dormido por la calle hasta que te des de morros con una farola. Algunos catalanes parecen haber optado por este segundo método y están llegando a una hilera completa de ellas. Será un poco duro, pero peor sería que las sorteasen y consiguiesen llegar al abismo que se abre más allá. Porque el sueño independentista no es una república catalana, son tres: la República Feliz de los ilusos (que nunca existirá fuera de sus cabezas), la República Bananera de Convergencia (donde el tres por ciento se convertiría en el treinta) y la República Bolivariana de la CUP (donde todos tendrían que pensar como ellos). Y todas ellas pasan por una limpieza étnica antiespañola, primero, y una limpieza ideológica de disidentes, después. Y es que la vida real tiene sus prosaicas necesidades y los banquetes soñados no las satisfacen. Por eso, cuando pasas demasiado tiempo dormido y te olvidas del condumio, tus sueños se acaban convirtiendo en pesadillas.

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Tertulias
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Antonio Ochoa | 18-09-2017 | 10:11| 0

Hace poco, en uno de esos momentos de debilidad que todos padecemos, encendí la tele mientras desayunaba y, quizás por fatalidad o porque proliferan a esa hora, me encontré con una tertulia. Mientras localizaba el mando, tuve la oportunidad de escuchar una (supuesta) gracieta comparando la destrucción causada por el Irma con la causada por el régimen castrista. Cambié de canal, caí en otra tertulia y hete aquí que escucho la misma gracia en boca de otro tertuliano. ¿Telepatía? Bueno, no me pareció muy normal, pero tampoco, paranormal. ¿Casualidad? Podría ser, si este tipo de “coincidencias” no fuesen demasiado frecuentes para ser fruto del azar. No, la explicación es más sencilla, más prosaica: “Consignas”.

Cada día, los comités correspondientes de los partidos se reúnen para decidir cuáles quieren que sean los temas de actualidad y lo quieren que sus simpatizantes piensen sobre dichos asuntos. A continuación, les explican a sus “tertulianos”, “informadores” y “escritores” de plantilla lo que tienen que decir y éstos lo repiten en telediarios, programas de opinión y artículos, sin problema. Después, como en una epidemia, sus seguidores asimilan el virus y lo trasmiten a sus amigos, extendiendo la plaga a toda la población. Muy pocos parecen molestarse en hacer “zapping” para contrastar versiones y, menos aún, en aplicar su propio sentido crítico a lo que oyen.

Con este corrupto y extendido sistema, la “opinión libre” del “pueblo soberano” acaba siendo mucho menos libre y soberana de lo que convendría en un país democrático formado por ciudadanos y mucho más propia de una secta formada por creyentes. Resulta deprimente también lo poco que cuesta encontrar en este país a alguien que mienta, manipule y calumnie por tí a cambio de un puñado de monedas. Por el bien de nuestra democracia, deberíamos reducir drasticamente la oferta de sicarios armados con palabras envenenadas y aumentar en igual medida el número de ciudadanos capaces de notar cuándo los están adulando y diciéndo lo que quieren oír para manipularlos. Cuando alguien te acaricia la oreja, algo quiere de tí.

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