El Comercio
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Autor: luisariasarguellesmeres_72
CLAMORES CONTRA LA DESIGUALDAD
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Luis Arias Argüelles-Meres | 15-02-2018 | 10:38| 0

La tan traída y llevada igualdad ante la ley, más allá de lo que es una mera declaración de principios, más allá también de invocaciones que, por lo común, no suelen predicarse con el ejemplo, al menos, se está reivindicando cada vez más, lo que no deja de ser un consuelo.

Y, entre las muchas desigualdades que padecemos, empezando por las brechas salariales entre mujeres y hombres, algo a todas luces inexplicable y escandaloso, hay que hacer mención a la desigualdad que se viene soportando en este país en función del ámbito territorial al que pertenezcamos. En este sentido, la manifestación que tuvo lugar el sábado 10 de febrero en Oviedo, en la que muchos agentes de la Guardia Civil y de la Policía nacional exigían la equiparación salarial con respecto a las fuerzas de seguridad autonómicas, es un claro ejemplo de esa desigualdad que se produce según al ámbito territorial en el que estén inmersos los servidores públicos, en este caso, de las fuerzas de orden público.

Lo cierto es que, viendo que acudieron a esa manifestación políticos de varios partidos, uno llega a la conclusión de que cuajo y tragaderas no les faltan. ¿Hasta dónde, hasta cuándo y hasta qué extremo hay que seguir esperando para que exista una igualdad retributiva por el desempeño de un trabajo para el que se exigen titulaciones y cometidos similares y que, en muchos casos, tuvieron que enfrentarse al mismo sistema de concurso-oposición, tal y como sucede, sin ir más lejos, en la docencia?

Fueron guardias civiles y policías quienes se manifestaron, cargados de razón, pidiendo la equiparación salarial. Pero conviene no olvidar que esto mismo sucede en otros sectores profesionales como la docencia. Y pongo este ejemplo porque es el que mejor conozco al pertenecer a él.

No podemos dejar de preguntarnos cómo es posible que, entre las muchas cosas que deben ser reformadas, no se acometa la de la equiparación salarial de los funcionarios. Y, de paso, también podría hablarse de los impuestos.

Lo tengo escrito más de una vez: sin entrar en si es justo o no que se pague el llamado impuesto de sucesiones, lo que no es de recibo es que se tenga que afrontar en función de la Comunidad Autónoma en la que la persona en cuestión esté empadronada.

Miren, en el llamado Estado autonómico, está muy claro que hay muchas cosas que cambiar, pero son de máxima urgencia la equiparación salarial y también la impositiva, porque, mientras esto no se haga, seguirá habiendo, por tales conceptos, ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda.

¿Acaso hay un solo argumento racional que se pueda esgrimir para justificar estas dos desigualdades de las que venimos hablando? A mí no se me alcanzan, a decir verdad.

¿A qué esperan? ¿Tal vez a que el descontento y el malestar vayan a más?

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A vueltas con la cooficialidad del asturiano
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-02-2018 | 5:30| 0

Javier Fernández: «No soy partidario de la cooficialidad del asturiano»

Los reparos y reservas de Javier Fernández a la cooficialidad del asturiano no nos pueden resultar en modo alguno sorprendentes, si tenemos en cuenta el discurso que vino manteniendo sobre este asunto a lo largo de su trayectoria no solo como presidente de Asturias, sino también como máximo dirigente de la FSA. Lo llamativo es que, al mismo tiempo que respondía a la especie de arenga que le soltó Mercedes Fernández, el Jefe del Ejecutivo asturiano continuaba con su ceremonial de los adioses, con su despedida política.

Resulta, cuando menos, curioso que en este asunto el todavía presidente de Asturias mantenga una cierta sintonía con el discurso del PP, es decir, se sostiene que, al abrigo de la reivindicación del asturiano, se vaya a conformar un nacionalismo político con cierta presencia en la sociedad asturiana. Resulta curioso no sólo que ésta sea una coincidencia más entre los que vienen siendo hasta ahora los dos grandes partidos de Asturias, sino que además ninguno de los Fernández tiene a bien mirar hacia Galicia, donde el PP no se pelea con el idioma gallego y, desde luego, no es nacionalista.

Desde el momento en el que Adrián Barbón anunció que la FSA apostaría por la cooficialidad, al menos en las filas peperas, cunde el nerviosismo. Se habla que tal cosa comportará gastos enormes. Y se habla también de que el asunto lingüístico no preocupa a los asturianos. O sea, a la sociedad no le interesa el tema, según doña Mercedes, pero al PP le obsesiona. ¡Qué cosas!

Sin entrar en otras muchas consideraciones que podrían hacerse, ¿no sería más lógico que, por parte del PP y de quienes ponen sus reparos a la oficialidá, se plantease, como inicio del debate, cómo tendría que legislarse al respecto para evitar, de un lado, que la llingua siga languideciendo y, de otra parte, que ello no supusiese ningún conflicto político ni social?

¿Acaso hay un único modelo de cooficialidad? ¿Han tenido a bien preguntarle a la FSA cómo piensa plantearla? Y, desde ese momento, pronunciarse al respecto, tanto en sus hipotéticos acuerdos como en sus posibles desacuerdos.

Pero, en fin, don Javier Fernández es fiel a sí mismo a la hora de mostrar su rechazo a la cooficialidad. Lo que me cuesta entender es –insisto– la beligerancia del PP con un proyecto cuyos términos ni siquiera conocen.

¿No sería más razonable que tuvieran una propuesta, un modelo al respecto, que no fuese el rechazo tan rotundo y tan cerril?

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SONDEOS ELECTORALES
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Luis Arias Argüelles-Meres | 06-02-2018 | 4:58| 0

Ciudadanos desbanca a Podemos como tercera fuerza y pisa los talones al PSOE

“¿Qué veis sobre la piel, escrito en la carne viva de la nación con tinta de la ley, con humo de legalidad? Leyes orgánicas, reales órdenes, decretos, circulares, autos de procesamiento, actas notariales, actas de escrutinios, tatuaje electoral, álgebra de la marrullería política”. (Clarín en 1893).

 

En plena parálisis de una Legislatura marcada por el marasmo y condicionada por el conflicto en Cataluña, la prensa se hace eco de los datos que arroja el barómetro del CIS, que hablan de un ascenso de Ciudadanos que desbanca a Podemos como tercer partido y que, sin embargo, mantiene al PP y al PSOE como los dos partido más votados, muy lejos, eso sí, de mayorías absolutas que – ¿a qué engañarse?- no volverán, al menos en mucho tiempo.

Recordemos que, si las encuestas que se hacen durante las campañas electorales no siempre  aciertan, hay que fiarse mucho menos de un sondeo, por muy oficial que sea, que se lleva a cabo sin convocatorias electorales a la vista.

No obstante, es muy llamativo el ascenso de Ciudadanos, así como la supuesta pérdida de votos de Podemos. Sin duda, el espectacular resultado de la señora Arrimadas en Cataluña tiene su repercusión en el resto del país. Tampoco hay que perder de vista que a Podemos no le beneficia el hecho de que, a los ojos de la ciudadanía, no parece tener un proyecto claro de país en cuanto a su vertebración territorial se refiere, sin dejar de lado que a la formación morada no le benefició la forma en que Errejón quedó orillado en su propio partido.

Por otro lado, es digno de tener en cuenta el dato de la franja de edad de los votantes del PP y del PSOE, especialmente del primero. La vieja política sigue ahí, aunque su peso electoral está abocado a ir menguando por razones biológicas. Y, por otro lado, por mucho que el conflicto catalán lo acapare casi todo informativamente, la incesante escandalera de los casos de corrupción juega en contra del partido conservador.

Y, por su lado, está por ver que Pedro Sánchez se consolide electoralmente con un proyecto de país claro que, de momento, está muy lejos de explicarse de forma fiable.

Dicho todo ello, en la opinión publicada, hay quien apunta que no es descartable que, coincidiendo con las elecciones autonómicas y municipales de 2019, se acorte la presente Legislatura y se hagan coincidir en la misma fecha. Sería un buen experimento sociológico comprobar hasta qué punto se vota o no al mismo partido para el Ayuntamiento para las CCAA  que no sean Cataluña, Galicia, el País Vasco y Andalucía y para el Congreso y el Senado.

En cuanto a experimento sociológico, sería interesante. Ahora bien, tengo para mí que las necesarias reformas de la Constitución, caso de adelantarse las elecciones nacionales, tendrían muy escasas posibilidades de llevarse  a cabo, puesto que, para ello, falta voluntad política, sobre todo por parte del PP y también está muy claro que no hay en la mayoría de los partidos una verdadera voluntad de acuerdo, por mucho que las circunstancias lo demanden. Y, al final, se alegaría falta de tiempo para esas reformas. O sea, otro fracaso.

Pero, ante todo y sobre todo, los sondeos y las especulaciones sobre posibles adelantos electorales son una consecuencia de una Legislatura anclada en un marasmo legislativo frustrante.

 

 

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El desconcierto en la izquierda
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Luis Arias Argüelles-Meres | 30-01-2018 | 4:20| 0

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No sólo en Cataluña se escenifica el desconcierto y el descalabro de la izquierda. No sólo en Cataluña, digo, donde el voto mayoritario en muchos barrios obreros fue para doña Inés Arrimadas. Y, ante ello, las preguntas son tan obligadas como inevitables para la izquierda.

Si de Cataluña pasamos al resto del país, las últimas encuestas -con  la prudencia obligada con la que hay que encararlas- no resultan muy favorables precisamente para las fuerzas políticas que se reclaman de izquierdas. Y, en fin, en el contexto europeo,  salvo muy contadas y honrosas excepciones, tampoco se puede decir que corren buenos tiempos para los partidos que  pretenden combatir la desigualdad y la miseria.

Entre las muchas paradojas que viene provocando la crisis, está el hecho de que, a pesar de ella, los partidos de izquierda no vienen cosechando resultados que nos puedan hacer pensar que las personas más desprotegidas socialmente demuestren su confianza en formaciones políticas que, en teoría, están para combatir las causas y los efectos de un empobrecimiento creciente de la inmensa mayoría de la población.

Pero vayamos por partes: si Pedro Sánchez ganó las primarias en su partido fue porque la mayoría de la militancia socialista estaba harta de que, con siglas de izquierdas, se practicasen políticas de derechas donde viene gobernando el PSOE o que, desde la oposición, se permitiese gobernar al PP. Pero, tras esa batalla ganada por el actual secretario general socialista, queda un largo recorrido pendiente lleno de dudas, que pasa por saber  si la ciudadanía estará dispuesta a creer en su proyecto de país, un proyecto de país que, en lo social, en lo económico y en lo cultural, ni puede ni debe ser idéntico al del partido conservador.

De todos modos, el batacazo del PSC en las elecciones catalanas, dando por sentado que las extrapolaciones no deben hacerse alegremente, no le augura al PSOE un panorama despejado para recuperar tantos y tantos votos que se fue dejando en el camino.

Por otro lado, siguiendo con la izquierda patria, tampoco se puede afirmar que Podemos esté atravesando un buen momento: a veces, las circunstancias son muy exigentes y, para sobreponerse a ellas, hace falta algo más que el acierto en los eslóganes.

¿Y qué decir de IU? Ciertamente, es triste que, desde la marcha de Anguita, haya pasado de ser la marca blanca del PSOE, sobre todo en Andalucía y en Asturias, a diluirse dentro de Podemos.

¿Qué hacer y qué decir para que las personas más desfavorecidas vuelvan a depositar su confianza, mayoritariamente hablando, en la izquierda? Tiene que resultar desolador, si de verdad hay un proyecto de país diferente, comprobar que los colectivos a quienes dirigen sus proclamas no depositen su confianza en partidos políticos de izquierdas.

Toca elegir entre la autocrítica y la resignación, una autocrítica que lleve, si no a un cambio claro en el discurso, sí al menos a una serie de apuestas convincentes, apuestas por lo irrenunciable, que no por lo posible.

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La Legislatura de la “noluntad” unamuniana
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Luis Arias Argüelles-Meres | 27-01-2018 | 4:33| 0

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“Querido y admirado maestro: Leí su “Noluntad Nacional”. Mucha razón tiene usted. España no sabe lo que quiere y, acaso, no quiere querer”. (De una carta de Machado a Unamuno en 1915).

Doy por hecho que la mayoría de nuestros dirigentes políticos –empezando por Rajoy- no dedican mucho tiempo a la lectura de nuestros clásicos de la llamada generación del 98. Pero lo cierto es que, si se topasen con un texto de Unamuno que tiene por título “La noluntad nacional”, la sorpresa sería mayúscula. Pasaríamos de la voluntad de no ser a una Legislatura marcada, ante todo y sobre todo, por el marasmo.

Mientras la atención se centra en las idas y venidas de Puigdemont, apenas queda espacio en el debate público para hablar de la mísera “subida de las pensiones”, para poner coto, con algo más que retórica, a la corrupción galopante que, día tras día, golpea nuestra sensibilidad en los juicios que se están celebrando.

Tampoco tiene protagonismo esa reforma constitucional de la que se habla, sin que sepamos no ya qué se quiere cambiar, sino tan siquiera si hay voluntad de reformar todo aquello que permite una serie de privilegios a la mal llamada clase política, privilegios a todas luces insultantes en una situación en la que la crisis no es sólo un mal recuerdo, sino una realidad que continúa produciendo desgarros y sufrimientos.

Desde luego, el problema catalán es grave, tal cosa no se pone en duda, pero no es de recibo que obnubile el resto de desafíos y urgencias que tiene este país.  Estamos en una Legislatura en la que apenas se aprueban leyes, en la que no se logran acuerdos mínimos, ni siquiera en el tema presupuestario, en la que no se abordan el resto de asuntos que nos apremian.

Aquí, volviendo a Unamuno, lo que se percibe es la no voluntad de responder a los retos del momento, la no voluntad de articular un proyecto de país en el que la inmensa mayoría encuentre acomodo, y no sólo en lo que se refiere a la vertebración territorial.

Y, por cierto, al margen de otras muchas consideraciones, cabría preguntarse qué pudo haber pasado, qué se hizo de forma inadecuada para que el independentismo en Cataluña haya aumentado de forma exponencial en los últimos años, y con esto no se pretende justificar el modo de actuar circense de ese señor que reside en Bruselas y que viaja a Dinamarca, sino que hay cosas que exigen una seria reflexión que, desde las instancias gubernamentales no hay disposición de hacer.

Se necesita debatir sobre muchos asuntos, se hace necesario buscar grandes acuerdos con una perspectiva de Estado, se pone de manifiesto la urgencia de, una vez más, reinventar el país.

Y, ante todo eso, sólo parece tener protagonismo el llamado problema catalán que, por cierto, no es sólo de sus políticos, sino también de una parte no pequeña de la ciudadanía cuyo desapego sigue siendo, con mayor o menos racionalidad, creciente.

Esto escribía Unamuno en su artículo “La Noluntad Nacional” en 1915: “Los que forman el comité de un partido político no quieren nada para la nación. A lo sumo para sí mismos”.

¿Les suena? ¿A que podría decir lo mismo 103 años después, viendo el marasmo de esta Legislatura?

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