El Comercio
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Carta abierta a Antonio Trevín
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Luis Arias Argüelles-Meres | 11-08-2017 | 14:06

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Estimado Antonio:

Siempre consideré muy positivo el hecho de que, siendo muchas y continuadas las discrepancias que mantuvimos a lo largo del tiempo, eso en ningún momento fue óbice para nuestra amistad. Y, en un momento como éste, en el que acabas de anunciar tu dimisión como diputado en el Parlamento español, lo primero de todo es reconocer tu coherencia. Sabes muy bien que son pocos los políticos que en este país conjugan el verbo dimitir y te honra ser una excepción.

De entrada, te tomaste con sentido del humor que te orillasen en el ‘gallinero’ en el Parlamento, al tiempo que te apartaron de todas las comisiones de las que formabas parte en el Congreso. Y no transcurrió mucho tiempo desde la condena al ostracismo que escenificaron hasta tu dimisión.

Pues bien, Antonio, volviendo a nuestras continuas discrepancias, a mí me pareció injustificable que, tras la defenestración de Pedro Sánchez, el grupo parlamentario del PSOE, mediante la abstención, facilitase a Rajoy gobernar. Tú apoyaste primero a la gestora y, más tarde, no fuiste nada ambiguo a la hora de apostar por la candidatura de Susana Díaz en las primarias, una candidata que, claramente, representa a lo que ahora llaman el viejo PSOE, o sea, el felipismo. Distinta cosa es que sea fiable y consistente el llamado ‘nuevo’ PSOE y que resulte admisible la forma en que se está actuando desde que Sánchez ganase las primarias.

De todos modos, ahora que decidiste dar un paso atrás con todo lo que ello conlleva, me permito insistir en la importancia que para mí tiene el hecho de que una amistad esté por encima de las discrepancias. Ello es así, entre otras cosas, porque nunca te condujiste de un modo sectario, frente a otras muchas personas de tu partido que tomaron y seguirán tomando la crítica como un ataque personal. Ejemplos de esto los hay muy claros, y, como bien sabes, me tocó soportarlos en más de una ocasión.

Nunca olvidaré aquellos años en los que estabas al frente de la Delegación del Gobierno y te tocaba justificar los continuos retrasos de la autovía del Occidente, al tiempo que yo escribía artículos al respecto desde la indignación. Y aquello jamás impidió la cordialidad entre nosotros cada vez que quedábamos para tomar un café. Cuando transcurra el tiempo y las cosas se puedan analizar con mayor frialdad, estoy seguro de que te pondrán como ejemplo de un político que no confundió la crítica con el ataque personal.

Y, por último, quiero dejar constancia de mi gratitud por la forma en que te volcaste en apoyo a la figura de Fernando Vela, uno de los grandes intelectuales del siglo XX en Asturias, que, lamentablemente, sigue siendo un desconocido, aunque se hayan puesto las bases para una lenta e imprescindible recuperación de su figura.

Con tu abandono de la política, aumenta la presencia del sectarismo, también en tu partido.

Recibe un abrazo tricolor.