El Comercio
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CLAMORES CONTRA LA DESIGUALDAD
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Luis Arias Argüelles-Meres | 15-02-2018 | 09:38| 0

La tan traída y llevada igualdad ante la ley, más allá de lo que es una mera declaración de principios, más allá también de invocaciones que, por lo común, no suelen predicarse con el ejemplo, al menos, se está reivindicando cada vez más, lo que no deja de ser un consuelo.

Y, entre las muchas desigualdades que padecemos, empezando por las brechas salariales entre mujeres y hombres, algo a todas luces inexplicable y escandaloso, hay que hacer mención a la desigualdad que se viene soportando en este país en función del ámbito territorial al que pertenezcamos. En este sentido, la manifestación que tuvo lugar el sábado 10 de febrero en Oviedo, en la que muchos agentes de la Guardia Civil y de la Policía nacional exigían la equiparación salarial con respecto a las fuerzas de seguridad autonómicas, es un claro ejemplo de esa desigualdad que se produce según al ámbito territorial en el que estén inmersos los servidores públicos, en este caso, de las fuerzas de orden público.

Lo cierto es que, viendo que acudieron a esa manifestación políticos de varios partidos, uno llega a la conclusión de que cuajo y tragaderas no les faltan. ¿Hasta dónde, hasta cuándo y hasta qué extremo hay que seguir esperando para que exista una igualdad retributiva por el desempeño de un trabajo para el que se exigen titulaciones y cometidos similares y que, en muchos casos, tuvieron que enfrentarse al mismo sistema de concurso-oposición, tal y como sucede, sin ir más lejos, en la docencia?

Fueron guardias civiles y policías quienes se manifestaron, cargados de razón, pidiendo la equiparación salarial. Pero conviene no olvidar que esto mismo sucede en otros sectores profesionales como la docencia. Y pongo este ejemplo porque es el que mejor conozco al pertenecer a él.

No podemos dejar de preguntarnos cómo es posible que, entre las muchas cosas que deben ser reformadas, no se acometa la de la equiparación salarial de los funcionarios. Y, de paso, también podría hablarse de los impuestos.

Lo tengo escrito más de una vez: sin entrar en si es justo o no que se pague el llamado impuesto de sucesiones, lo que no es de recibo es que se tenga que afrontar en función de la Comunidad Autónoma en la que la persona en cuestión esté empadronada.

Miren, en el llamado Estado autonómico, está muy claro que hay muchas cosas que cambiar, pero son de máxima urgencia la equiparación salarial y también la impositiva, porque, mientras esto no se haga, seguirá habiendo, por tales conceptos, ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda.

¿Acaso hay un solo argumento racional que se pueda esgrimir para justificar estas dos desigualdades de las que venimos hablando? A mí no se me alcanzan, a decir verdad.

¿A qué esperan? ¿Tal vez a que el descontento y el malestar vayan a más?

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A vueltas con la cooficialidad del asturiano
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-02-2018 | 04:30| 1

Javier Fernández: «No soy partidario de la cooficialidad del asturiano»

Los reparos y reservas de Javier Fernández a la cooficialidad del asturiano no nos pueden resultar en modo alguno sorprendentes, si tenemos en cuenta el discurso que vino manteniendo sobre este asunto a lo largo de su trayectoria no solo como presidente de Asturias, sino también como máximo dirigente de la FSA. Lo llamativo es que, al mismo tiempo que respondía a la especie de arenga que le soltó Mercedes Fernández, el Jefe del Ejecutivo asturiano continuaba con su ceremonial de los adioses, con su despedida política.

Resulta, cuando menos, curioso que en este asunto el todavía presidente de Asturias mantenga una cierta sintonía con el discurso del PP, es decir, se sostiene que, al abrigo de la reivindicación del asturiano, se vaya a conformar un nacionalismo político con cierta presencia en la sociedad asturiana. Resulta curioso no sólo que ésta sea una coincidencia más entre los que vienen siendo hasta ahora los dos grandes partidos de Asturias, sino que además ninguno de los Fernández tiene a bien mirar hacia Galicia, donde el PP no se pelea con el idioma gallego y, desde luego, no es nacionalista.

Desde el momento en el que Adrián Barbón anunció que la FSA apostaría por la cooficialidad, al menos en las filas peperas, cunde el nerviosismo. Se habla que tal cosa comportará gastos enormes. Y se habla también de que el asunto lingüístico no preocupa a los asturianos. O sea, a la sociedad no le interesa el tema, según doña Mercedes, pero al PP le obsesiona. ¡Qué cosas!

Sin entrar en otras muchas consideraciones que podrían hacerse, ¿no sería más lógico que, por parte del PP y de quienes ponen sus reparos a la oficialidá, se plantease, como inicio del debate, cómo tendría que legislarse al respecto para evitar, de un lado, que la llingua siga languideciendo y, de otra parte, que ello no supusiese ningún conflicto político ni social?

¿Acaso hay un único modelo de cooficialidad? ¿Han tenido a bien preguntarle a la FSA cómo piensa plantearla? Y, desde ese momento, pronunciarse al respecto, tanto en sus hipotéticos acuerdos como en sus posibles desacuerdos.

Pero, en fin, don Javier Fernández es fiel a sí mismo a la hora de mostrar su rechazo a la cooficialidad. Lo que me cuesta entender es –insisto– la beligerancia del PP con un proyecto cuyos términos ni siquiera conocen.

¿No sería más razonable que tuvieran una propuesta, un modelo al respecto, que no fuese el rechazo tan rotundo y tan cerril?

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SONDEOS ELECTORALES
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Luis Arias Argüelles-Meres | 06-02-2018 | 03:58| 0

Ciudadanos desbanca a Podemos como tercera fuerza y pisa los talones al PSOE

“¿Qué veis sobre la piel, escrito en la carne viva de la nación con tinta de la ley, con humo de legalidad? Leyes orgánicas, reales órdenes, decretos, circulares, autos de procesamiento, actas notariales, actas de escrutinios, tatuaje electoral, álgebra de la marrullería política”. (Clarín en 1893).

 

En plena parálisis de una Legislatura marcada por el marasmo y condicionada por el conflicto en Cataluña, la prensa se hace eco de los datos que arroja el barómetro del CIS, que hablan de un ascenso de Ciudadanos que desbanca a Podemos como tercer partido y que, sin embargo, mantiene al PP y al PSOE como los dos partido más votados, muy lejos, eso sí, de mayorías absolutas que – ¿a qué engañarse?- no volverán, al menos en mucho tiempo.

Recordemos que, si las encuestas que se hacen durante las campañas electorales no siempre  aciertan, hay que fiarse mucho menos de un sondeo, por muy oficial que sea, que se lleva a cabo sin convocatorias electorales a la vista.

No obstante, es muy llamativo el ascenso de Ciudadanos, así como la supuesta pérdida de votos de Podemos. Sin duda, el espectacular resultado de la señora Arrimadas en Cataluña tiene su repercusión en el resto del país. Tampoco hay que perder de vista que a Podemos no le beneficia el hecho de que, a los ojos de la ciudadanía, no parece tener un proyecto claro de país en cuanto a su vertebración territorial se refiere, sin dejar de lado que a la formación morada no le benefició la forma en que Errejón quedó orillado en su propio partido.

Por otro lado, es digno de tener en cuenta el dato de la franja de edad de los votantes del PP y del PSOE, especialmente del primero. La vieja política sigue ahí, aunque su peso electoral está abocado a ir menguando por razones biológicas. Y, por otro lado, por mucho que el conflicto catalán lo acapare casi todo informativamente, la incesante escandalera de los casos de corrupción juega en contra del partido conservador.

Y, por su lado, está por ver que Pedro Sánchez se consolide electoralmente con un proyecto de país claro que, de momento, está muy lejos de explicarse de forma fiable.

Dicho todo ello, en la opinión publicada, hay quien apunta que no es descartable que, coincidiendo con las elecciones autonómicas y municipales de 2019, se acorte la presente Legislatura y se hagan coincidir en la misma fecha. Sería un buen experimento sociológico comprobar hasta qué punto se vota o no al mismo partido para el Ayuntamiento para las CCAA  que no sean Cataluña, Galicia, el País Vasco y Andalucía y para el Congreso y el Senado.

En cuanto a experimento sociológico, sería interesante. Ahora bien, tengo para mí que las necesarias reformas de la Constitución, caso de adelantarse las elecciones nacionales, tendrían muy escasas posibilidades de llevarse  a cabo, puesto que, para ello, falta voluntad política, sobre todo por parte del PP y también está muy claro que no hay en la mayoría de los partidos una verdadera voluntad de acuerdo, por mucho que las circunstancias lo demanden. Y, al final, se alegaría falta de tiempo para esas reformas. O sea, otro fracaso.

Pero, ante todo y sobre todo, los sondeos y las especulaciones sobre posibles adelantos electorales son una consecuencia de una Legislatura anclada en un marasmo legislativo frustrante.

 

 

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El desconcierto en la izquierda
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Luis Arias Argüelles-Meres | 30-01-2018 | 03:23| 0

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No sólo en Cataluña se escenifica el desconcierto y el descalabro de la izquierda. No sólo en Cataluña, digo, donde el voto mayoritario en muchos barrios obreros fue para doña Inés Arrimadas. Y, ante ello, las preguntas son tan obligadas como inevitables para la izquierda.

Si de Cataluña pasamos al resto del país, las últimas encuestas -con  la prudencia obligada con la que hay que encararlas- no resultan muy favorables precisamente para las fuerzas políticas que se reclaman de izquierdas. Y, en fin, en el contexto europeo,  salvo muy contadas y honrosas excepciones, tampoco se puede decir que corren buenos tiempos para los partidos que  pretenden combatir la desigualdad y la miseria.

Entre las muchas paradojas que viene provocando la crisis, está el hecho de que, a pesar de ella, los partidos de izquierda no vienen cosechando resultados que nos puedan hacer pensar que las personas más desprotegidas socialmente demuestren su confianza en formaciones políticas que, en teoría, están para combatir las causas y los efectos de un empobrecimiento creciente de la inmensa mayoría de la población.

Pero vayamos por partes: si Pedro Sánchez ganó las primarias en su partido fue porque la mayoría de la militancia socialista estaba harta de que, con siglas de izquierdas, se practicasen políticas de derechas donde viene gobernando el PSOE o que, desde la oposición, se permitiese gobernar al PP. Pero, tras esa batalla ganada por el actual secretario general socialista, queda un largo recorrido pendiente lleno de dudas, que pasa por saber  si la ciudadanía estará dispuesta a creer en su proyecto de país, un proyecto de país que, en lo social, en lo económico y en lo cultural, ni puede ni debe ser idéntico al del partido conservador.

De todos modos, el batacazo del PSC en las elecciones catalanas, dando por sentado que las extrapolaciones no deben hacerse alegremente, no le augura al PSOE un panorama despejado para recuperar tantos y tantos votos que se fue dejando en el camino.

Por otro lado, siguiendo con la izquierda patria, tampoco se puede afirmar que Podemos esté atravesando un buen momento: a veces, las circunstancias son muy exigentes y, para sobreponerse a ellas, hace falta algo más que el acierto en los eslóganes.

¿Y qué decir de IU? Ciertamente, es triste que, desde la marcha de Anguita, haya pasado de ser la marca blanca del PSOE, sobre todo en Andalucía y en Asturias, a diluirse dentro de Podemos.

¿Qué hacer y qué decir para que las personas más desfavorecidas vuelvan a depositar su confianza, mayoritariamente hablando, en la izquierda? Tiene que resultar desolador, si de verdad hay un proyecto de país diferente, comprobar que los colectivos a quienes dirigen sus proclamas no depositen su confianza en partidos políticos de izquierdas.

Toca elegir entre la autocrítica y la resignación, una autocrítica que lleve, si no a un cambio claro en el discurso, sí al menos a una serie de apuestas convincentes, apuestas por lo irrenunciable, que no por lo posible.

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La Legislatura de la “noluntad” unamuniana
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Luis Arias Argüelles-Meres | 27-01-2018 | 03:33| 0

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“Querido y admirado maestro: Leí su “Noluntad Nacional”. Mucha razón tiene usted. España no sabe lo que quiere y, acaso, no quiere querer”. (De una carta de Machado a Unamuno en 1915).

Doy por hecho que la mayoría de nuestros dirigentes políticos –empezando por Rajoy- no dedican mucho tiempo a la lectura de nuestros clásicos de la llamada generación del 98. Pero lo cierto es que, si se topasen con un texto de Unamuno que tiene por título “La noluntad nacional”, la sorpresa sería mayúscula. Pasaríamos de la voluntad de no ser a una Legislatura marcada, ante todo y sobre todo, por el marasmo.

Mientras la atención se centra en las idas y venidas de Puigdemont, apenas queda espacio en el debate público para hablar de la mísera “subida de las pensiones”, para poner coto, con algo más que retórica, a la corrupción galopante que, día tras día, golpea nuestra sensibilidad en los juicios que se están celebrando.

Tampoco tiene protagonismo esa reforma constitucional de la que se habla, sin que sepamos no ya qué se quiere cambiar, sino tan siquiera si hay voluntad de reformar todo aquello que permite una serie de privilegios a la mal llamada clase política, privilegios a todas luces insultantes en una situación en la que la crisis no es sólo un mal recuerdo, sino una realidad que continúa produciendo desgarros y sufrimientos.

Desde luego, el problema catalán es grave, tal cosa no se pone en duda, pero no es de recibo que obnubile el resto de desafíos y urgencias que tiene este país.  Estamos en una Legislatura en la que apenas se aprueban leyes, en la que no se logran acuerdos mínimos, ni siquiera en el tema presupuestario, en la que no se abordan el resto de asuntos que nos apremian.

Aquí, volviendo a Unamuno, lo que se percibe es la no voluntad de responder a los retos del momento, la no voluntad de articular un proyecto de país en el que la inmensa mayoría encuentre acomodo, y no sólo en lo que se refiere a la vertebración territorial.

Y, por cierto, al margen de otras muchas consideraciones, cabría preguntarse qué pudo haber pasado, qué se hizo de forma inadecuada para que el independentismo en Cataluña haya aumentado de forma exponencial en los últimos años, y con esto no se pretende justificar el modo de actuar circense de ese señor que reside en Bruselas y que viaja a Dinamarca, sino que hay cosas que exigen una seria reflexión que, desde las instancias gubernamentales no hay disposición de hacer.

Se necesita debatir sobre muchos asuntos, se hace necesario buscar grandes acuerdos con una perspectiva de Estado, se pone de manifiesto la urgencia de, una vez más, reinventar el país.

Y, ante todo eso, sólo parece tener protagonismo el llamado problema catalán que, por cierto, no es sólo de sus políticos, sino también de una parte no pequeña de la ciudadanía cuyo desapego sigue siendo, con mayor o menos racionalidad, creciente.

Esto escribía Unamuno en su artículo “La Noluntad Nacional” en 1915: “Los que forman el comité de un partido político no quieren nada para la nación. A lo sumo para sí mismos”.

¿Les suena? ¿A que podría decir lo mismo 103 años después, viendo el marasmo de esta Legislatura?

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Podemos en horas bajas
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Luis Arias Argüelles-Meres | 16-01-2018 | 03:21| 0

Las últimas encuestas ponen de relieve una pérdida de credibilidad de la formación morada. Y, en la opinión publicada, hay un criterio casi unánime al respecto: y es que ello obedece sobre todo a la postura que adoptó el partido de Pablo Iglesias con respecto al conflicto catalán, postura ambigua y tibia que, por otro lado, denunció la propia Carolina Bescansa. No cabe ninguna duda de que Podemos nunca debió perder de vista que es un partido de ámbito estatal al que se le supone un proyecto político para España en su conjunto. Y que incurrió en un error que está muy inveterado en la izquierda española, como es considerar que la izquierda debe apoyar a los nacionalismos más radicales.

Sin embargo, tengo para mí que su tibieza en Cataluña no solo no constituye la única causa del supuesto declive de la formación morada, sino que acaso cabe pensar que no es ni siquiera el principal motivo que lleva a Podemos a su peor momento político desde su puesta en marcha en 2014.

Me atrevería a asegurar que el principal activo de Podemos, es decir, Pablo Iglesias, es, al mismo tiempo, el mayor problema de este partido, sobre todo, por su egocentrismo desmedido. Se puede argüir que dicho ‘problema’ siempre estuvo ahí, algo que es obvio. Ahora bien, desde que se cargaron a Errejón, desde que desapareció esa especie de ‘bicefalia’ en el partido, algo que tuvieron otras formaciones políticas, el egocentrismo de Iglesias vino a más de una forma tan exagerada que influyó lo suyo en esa pérdida de credibilidad.

Y, por otra parte, Podemos no logró evitar que el conflicto en Cataluña orillase otros problemas realmente importantes como la corrupción política, como el combate contra la desigualdad (también en el ámbito territorial, aunque no sólo), como los apremiantes cambios que necesita la Constitución, y así un largo etcétera.

Pero, en todo caso, hay que advertir de que, en esta crisis de credibilidad de Podemos, no solo se pone de manifiesto el delicado momento que atraviese la formación morada, sino también toda la izquierda, incluida la izquierda de siglas liderada por don Pedro Sánchez, esto es, el PSOE. Fíjense: ni Podemos sale beneficiado por la falta de presencia del PSOE en el debate público, ni el partido del que el señor Sánchez es secretario es el receptor, en hipotéticos votos, del desgaste que sufre Podemos.

Tenemos una izquierda que está más en las consignas que en el discurso, que se escandaliza y no escandaliza, que no es capaz de transmitir con claridad un proyecto de país que responda a las desigualdades y a los recortes de derechos. Tenemos una izquierda a la que, por un lado, le afecta la crisis que sufre en todo el mundo occidental, y a la que, por otro lado, la sociedad española en su conjunto no acaba de ver en ella un verdadero factor de cambio y de progreso.

A la nueva política que Podemos representa le aquejan males que afectan a toda la izquierda, y a ello se añade el egocentrismo, las purgas internas recientes, la frivolidad y la ausencia de un discurso que plantee con claridad un proyecto de país, un cambio que ilusione, un cambio en el que creer.

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INTERVIÚ: EROTISMO Y DESCARO
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Luis Arias Argüelles-Meres | 13-01-2018 | 11:51| 0

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Fue en 1976 cuando salió esta revista, descarada y descarnadamente erótica. Pero su descaro no consistía solo en las portadas que mostraban tetas y culos, sino también en los artículos de algunos de sus columnistas como Vázquez Montalbán y Umbral, a lo que habría que añadir reportajes, a veces memorables, que ponían (también) al desnudo muchas de las miserias de la España de entonces.

Con el cierre de ‘Interviú’ se escenifica una especie de oración fúnebre de los primeros años de la transición, y no acierto a explicarme cómo es posible que en la opinión publicada no se haya reparado en esto.

¿Cómo no recordar a aquellos personajes rijosos, con sus gafas oscuras, sus gabardinas, sus bigotitos, que compraban la revista ‘Interviú’ a veces al salir de misa y que la ocultaban dentro de periódicos todavía adeptos al régimen?

¿Cómo no recordar a aquellos otros que le decían al quiosquero de turno que la “leían porque había muy buenos reportajes de ciclismo, o de política internacional, o vaya usted a saber de qué?

Interviú: el descaro, porque descaro fue que en aquella España pacata y rancia, un año después de la muerte del dictador pudiesen verse en los quioscos cuerpos desnudos que resultaban provocadores no solo para la libido de más de medio país, sino también para quienes, en muchos casos hipócritamente, predicaban la santa castidad y las no menos santas buenas costumbres.

La historia es muy literaria: al menos en sus primeros años, muchos de quienes devoraban sus imágenes eróticas más o menos a escondidas, abominaban de sus contenidos, rojos e irreverentes hasta la extenuación. Muchos de quienes se divertían de verdad con las columnas de opinión y con los reportajes obviaban lo mucho de erótico que había en la mayoría de los números de aquella revista. O sea, la que fue durante décadas la revista más descarada tenía un público muy variado en lo ideológico pero muy uniforme a la hora de que casi todo el mundo ocultaba ciertas ‘debilidades’ lectoras.

Hablamos también de una época en la que las revistas se vendían masivamente. ¿Cómo no recordar publicaciones semanales como ‘Cambio 16’ y ‘Triunfo’ (cuando no la secuestraban), que empezaron a publicarse en el tardofranquismo y que continuaron varios años hasta que los suplementos semanales de los periódicos les empezaron a hacer la competencia?

‘Interviú’ fue, además de otras muchas cosas, una especie de amalgama entre el descaro político con que informaba ‘Cambio 16’ y el excelente columnismo que había en la revista ‘Triunfo’. De hecho, Vázquez Montalbán y Umbral, entre otros, escribieron en esta última revista y también, como consigné más arriba, en ‘Interviú’.

El cierre de Interviú –insisto– significa la oración fúnebre que se le rinde a los primeros años de la transición.

¿Cómo no recordar la transgresión que supuso el desnudo de la que había sido la niña mimada del régimen, convertida ya en mujer con un marcado compromiso político? Pepa Flores desnuda en la portada de ‘Interviú’ fue una tremenda afrenta a los restos del naufragio de una dictadura que intentaba sobrevivir sin el dictador.

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¿LA NUEVA DERECHA?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-01-2018 | 18:29| 2

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«En preguntar lo que sabes / el tiempo no has de perder… / Y a preguntas sin respuesta, / ¿quién te podrá responder?» (Antonio Machado).

Tras el batacazo electoral del PP en Cataluña, cada vez proliferan más los análisis que plantean que, sin tardar mucho, el PP dejará de ser el partido casi hegemónico del conservadurismo español y que ese espacio político será ocupado por Ciudadanos. De cumplirse esta ‘profecía’, volvería a ocurrir algo muy similar a lo que aconteció en 1982, cuando UCD entró en un proceso de agonía política, ocupando su lugar AP, que, años más tarde, tras un proceso de refundación, pasaría a llamarse PP.

Por supuesto, hay que ser prudentes y sería, como mínimo, arriesgado dar por hecho que el PP empezó un declive imparable, al tiempo que Ciudadanos está llamado a ir a más y a convertirse en el gran partido del conservadurismo en España. No olvidemos que, en su momento, UPyD, al decir de muchos analistas, llevaba camino de convertirse en una formación política decisiva en toda España, y a la vista está lo que sucedió.

Desde luego, si se tiene en cuenta el dato estadístico de la franja de edad de la mayoría de los votantes del PP, no sería descabalado aventurar que, sin tardar, el PP irá menos. Ello por no hablar de los continuos escándalos de corrupción que lo salpican, de los que, por cierto, se habla mucho menos a resultas, sobre todo, de la situación política catalana que viene acaparando incesantemente la mayor atención mediática.

A decir verdad, resulta harto paradójico que, para el PP, el conflicto catalán sea a un tiempo un bálsamo que hace de tapadera de sus episodios de corrupción y que, por otro lado, ponga de manifiesto un declive que lo acaba de convertir en un partido residual en Cataluña. Salvoconducto y, al mismo tiempo, condena. ¡Qué cosas!

Y, en lo que respecta a Ciudadanos, quienes dan por hecho que este partido tendrá un crecimiento exponencial, a partir de su indiscutible éxito en las elecciones catalanas, deberían ser también prudentes. Rivera no es Arrimadas.

Dicho esto, no se puede perder de vista que la formación naranja supone, entre otras cosas, un cambio generacional y que, en el supuesto de que llegase a convertirse en el partido conservador de referencia en España, se pondría fin a algo muy atípico, pues los grandes partidos de la derecha europeos no fueron fundados por exministros de regímenes totalitarios, tal y como viene sucediendo hasta ahora en España.

Por otra parte, estando muy claro que, en lo referente a políticas territoriales, Ciudadanos no es hasta el momento un partido dado a componendas, como las que tuvieron y sostuvieron en su día el PSOE y el PP, habría que saber con precisión y claridad si sus planteamientos en materia socioeconómica y educativa difieren o no significativamente del PP.

¿Es coherente que Ciudadanos, sosteniendo un discurso contundente contra la corrupción, sea el principal apoyo del PP en el ámbito estatal?

En definitiva, hacer profecías es muy fácil, pero también resulta muy arriesgado.

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“Epistolomanía” unamuniana
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Luis Arias Argüelles-Meres | 06-01-2018 | 10:43| 0

“Yo no sé hasta dónde llegaría si dejara correr libremente la pluma, llevado de mi espistolomanía”. (De una carta de Unamuno a Clarín en 1895).

La Universidad de Salamanca acaba de publicar el primer tomo del “Epistolario”, de Unamuno que abarca el periodo comprendido entre 1880 y 1899. Se trata de 303 cartas, de las que 60 son inéditas. La edición está al cuidado de los hispanistas Colette y Jean-Claude Rabaté, que en 2009 acometieron la biografía del autor que nos ocupa.

El presente epistolario es imprescindible para quienes sientan interés por comprender cómo se fue forjando el Unamuno poeta, ensayista, novelista  y autor dramático, el Unamuno iberista, interesado también la literatura hispanoamericana, el Unamuno filólogo con puntos de vista realmente originales y llamativos, el Unamuno, en fin, que llegaría a liderar la generación literaria que marcó el camino de lo que se viene llamando la Edad de Plata de nuestras letras.

Cartas que son en muchas ocasiones confidencias propias de un diario íntimo, cartas que son en no menos ocasiones auténticas hojas de ruta de la creación literaria del autor, cartas que son también fidedignas fuentes de información de cuáles fueron las lecturas que más marcaron a nuestro escritor, cartas que son, en fin, inequívocas muestras de cómo interpretó el propio Unamuno acontecimientos que marcaron nuestra historia y su propia vida: pongamos que el Desastre del 98, pongamos que los conflictos sociales y políticos en Cataluña.

En estas cartas  está el primer Unamuno, autor de la novela “Paz en la guerra, la única narración suya en la que describe paisajes, en la que todavía no llegó a lo que más tarde serían sus “nivolas”.

A propósito de su novela “Paz en la guerra”, es digno de mención el hecho de que don Miguel esperaba ansiosamente que Clarín escribiese una reseña de este libro, Sin embargo Alas ni siquiera  le habló al respecto en la correspondencia que mantuvieron ambos escritores, por mucho que Unamuno le había manifestado que anhelaba conocer su opinión al respecto.

Tuvo que conformarse don Miguel, en lo que a nuestra tierra se refiere, con una reseña que escribió Rafael Altamira que en 1897, año de publicación de “Paz en la Guerra”, obtuvo su cátedra en la Universidad de Oviedo, y se integraría en la época dorada de nuestra Alma Máter.

Pero, a pesar del silencio de Clarín sobre “Paz en la guerra”, Unamuno le siguió profesando respeto y admiración tal y como se manifiesta en el conjunto de cartas dirigidas a Leopoldo Alas y que figuran en este volumen.

Y ya que estamos con Unamuno y Asturias en este tomo I del Epistolario, acerca de Palacio Valdés, sólo emite juicios positivos sobre la novela “Maximina”. El resto de la producción novelística del autor de “El Maestrante” la encuentra muy floja.

También es obligado consignar que Unamuno muestra interés por los estudios sobre el bable que se publicaban en periódicos y revistas de nuestra tierra.

Nos encontramos, en definitiva, con un volumen plagado de textos muy valiosos no sólo por la calidad literaria que atesoran, sino también porque nos ayudan a entender la obra y la trayectoria pública de uno de nuestros escritores contemporáneos más prolíficos y de mayor talento, cuya mirada se proyectó también sobre Asturias y sobre los asturianos más ilustres de entonces.

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Sobre el discurso navideño de Javier Fernández
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Luis Arias Argüelles-Meres | 04-01-2018 | 09:53| 0

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Para el coordinador de IU en Asturias, el discurso de fin de año de Javier Fernández fue «autocomplaciente, previsible y decepcionante». A mi juicio, fue, sobre todo, un paso más en su ritual de despedida que comenzó tras el resultado de las primarias en el PSOE. Veamos: doy por hecho que cumplirá su mandato hasta 2019, lo que no impide que se vea ya en la fase final de su trayectoria política. Y el tiempo que queda hasta las próximas elecciones autonómicas y municipales será un cumplimiento del deber. Nada más y nada menos. De principio a fin, en la música y la letra de su discurso, la despedida estuvo omnipresente. Enumeró los que son, a su juicio, los retos más importantes de Asturias, entre ellos, el declive demográfico, cuya solución, según manifestó, depende ante todo de España y de Europa. Apostó por la importancia de la industria en Asturias y pidió flexibilidad con la minería del carbón.

Si bien manifestó su preocupación ante las consecuencias del cambio climático, no pareció estar muy alarmado por los altos índices de contaminación en determinadas localidades de Asturias, ni tampoco planteó un fuerte empeño en que se termine la obligada emigración de los jóvenes ante la tesitura de una tierra que apenas les ofrece opciones de puestos de trabajo acordes con su formación.

Javier Fernández y la vieja política. Un matiz: no estoy totalmente convencido de que la nueva FSA sea tan nueva política como a sí misma se reclama. No descarto que pueda haber en esto su no sé qué lampedusiano. No obstante, por razones generacionales e ideológicas, lo que Javier Fernández representa es la vieja política, el bipartidismo, el inmenso poder del SOMA en Asturias, su entendimiento con el PP que llegó hasta los anteriores presupuestos, su apuesta, en el ámbito estatal, por el PSOE más conservador, sin que ello signifique que los nuevos dirigentes del partido sean, de verdad, tan izquierdistas como se autoproclaman.

No hubo tampoco en el discurso de Javier Fernández una apuesta concreta de futuro en la que manifestase entusiasmo alguno. No hubo palabras que nos hiciesen pensar en que está dispuesto, en la medida de sus posibilidades, a que se frene la decadencia en las alas, a que se intenten corregir las desigualdades en servicios públicos que se sufren en esos territorios que forman parte de la geografía del abandono.

Javier de despide sabedor de que a la política asturiana y española llegan otros tiempos y otros discursos, sabedor, por tanto, de que su tiempo se está acabando. En tales circunstancias, el tiempo que le queda al frente del Gobierno asturiano será, como dije más arriba, un cumplimiento del deber.

Así las cosas, no cabe esperar que, en lo que le queda de mandato, «lo mejor esté por venir».

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