El Comercio
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Autor: jmurbanog_8265
‘EL REY ESTÁ DESNUDO’
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José María Urbano | 15-10-2017 | 6:32| 0

El veterano dirigente vecinal de Llaranes Gabriel Alzola denuncia, como el niño del cuento de Andersen, la inconsistencia de la polémica con la marquesina de El Pozón

A uno le tocó en cuarto o quinto de bachiller el estudio en la clase de francés de una de las obras más conocidas de Hans Christian Andersen, ‘Le roi est nu’, la simpática fábula que nos sirvió durante algunas semanas como texto sobre el que profundizar en nuestro conocimiento y en el manejo de un idioma que nos inculcaba el padre Jesús, un dominico asturiano que había vivido durante años en Bruselas y que había introducido en el aula técnicas avanzadas de enseñanza, como el método Assimil, todo un lujo en aquel tiempo.
El caso es que aquella fábula del escritor danés dio para mucho en aquella clase y desde entonces el título de esa obra me sigue provocando una sonrisa no solo por el recuerdo de un tiempo especial por tantas cosas –¡ay la edad–, sino por el resumen perfecto de situaciones en las que el ser humano muestra en ocasiones su condición más descarnada. Y que cada uno elija el que a su juicio mejor defina ese estado mental que a veces lleva a alguno a ir más allá de lo razonable.marquesina-blog
Ya saben: dos pícaros se colaron en la corte del emperador y le hicieron ver que eran capaces de confeccionarle el traje con la tela más suave y delicada, aunque, eso sí, ese traje sería invisible para cualquier estúpido o incapaz en su cargo. Después de pedir ingentes cantidades de dinero para comprar aquellas telas, llegó el día de mostrar el nuevo traje. Los pícaros simularon vestir al emperador, que lógicamente no se atrevió a decir «ni pamplona» sobre su desnudez para que no pensaran que era estúpido o incapaz, y cuando salió a la calle para que la muchedumbre conociera la obra de aquellos ‘genios’, todo el mundo optó por callar, cuando no a mostrar su admiración por la obra, hasta que un niño exclamó: Le roi est nu. El rey está desnudo. Adiós a la memez.

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Perplejidad y fracaso
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José María Urbano | 09-10-2017 | 12:45| 0

Al dislate catalán, al aprovechamiento de algunas formaciones políticas, se une esta semana el fracaso de la Universidad para dar respuesta a las necesidades de las empresas

Cuando empiezo a escribir ese comentario dominical en el pequeño despacho de casa suena (http://radio.garden/live/)  la música de Radio Sonera, de Santiago de Cuba, que en este momento traslada a sus oyentes su mensaje habitual desde «la capital cultural del Caribe». Podría cambiar a golpe instantáneo de clic los ritmos caribeños por el rock de Lower Hut, de Nueva Zelanda; o los sonidos de Radio Vazo Gasy, de Tomasina, Madagascar. El mundo musical a través de sus emisoras de radio a golpe de clic.

Por eso, el contraste cada minuto es más brutal. Uno llega de un mes de vacaciones y se da cuenta que de poco sirve el intento de analizar nuestra realidad más cercana, que es la que nos corresponde desde la cabecera histórica de un periódico local-comarcal, si todo el mundo tiene la mente puesta en ese rincón de este país en donde uno descubre, minuto a minuto, la deriva de un personaje, el president Puigdemont, pero sobre todo la demagogia, la frivolidad y la inconsistencia de organizaciones que hasta ahora han gozado de una amplia confianza general tras haber protagonizado en los últimos cuarenta años buena parte de la modernización y el espectacular avance de este país. Hay formaciones políticas, líderes de nuevo cuño de los que no esperas absolutamente nada, anclados en la inanidad, representados, por ejemplo, por ese epítome de la mediocridad de nombre Alberto Garzón, que aparece en todas las ruedas de prensa dos pasos por detrás de Pablo Iglesias, exhibiendo esa sonrisa seráfica del que sabe que su papel se limita a complementar el atrezzo del escenario.
En cambio, en toda esta historia de ese golpe a la legalidad en Cataluña al que asistimos en las últimas semanas sorprende la posición de un PSOE que va a lo suyo –mejor dicho, a las ansias de su líder–, con una calculada ambigüedad y con peticiones extemporáneas, sin importarle que este país se encuentra ante el mayor desafío desde al advenimiento de la democracia; y unos sindicatos, UGT y CCOO, que deberían explicar a sus afiliados del conjunto del Estado –incluidos los de Cataluña– qué es eso del «paro de país», y que se lo digan a los millones de afiliados y trabajadores en general que salieron a la calle cuando se hizo necesario para conseguir las ventajas sociales y laborales que se alcanzaron desde la dictadura hasta aquí, hasta que llegó una crisis global (2008) y un Gobierno del PP que se llevó por delante buena parte de los logros y derechos que había costado sangre, sudor y lágrimas conseguir.

Se podrá censurar al Gobierno que no ha hecho bien determinadas cosas –entre otras, su gran derrota de la imagen del 1-O, dentro y fuera del país, o su falta de visión de que en Cataluña llevaban muchos meses, quizás años, preparando al milímetro cada uno de sus pasos para tratar de sacar adelante este desafío: o su nula percepción de que en Cataluña llevan años advirtiendo de que su relación con España no les gusta–, pero tratar en este momento de aprovechar políticamente –y hasta personalmente– lo que simplemente es un golpe a la legalidad que nos obliga a todos, que nadie dude que va a tener en el futuro su reflejo en las urnas. Que tome nota el PSOE. Y que UGT y CCOO empiecen a explicar la posición de sus líderes en Cataluña, que en el caso del sindicato ugetista coincide con su secretario general estatal, el asturiano José María Álvarez (Josep para ellos, Pepe para nosotros, según la propia UGT).

Por todo ello, no deja de ser sorprendente que mientras a golpe de clic uno se traslada a la plaza mayor de Santiago de Cuba para escuchar sus invitaciones musicales, aquí haya quien, después de años de intoxicación consentida, decida la imposición de fronteras y que quiere irse por encima de la ley, incluida la de su propio estatuto, para satisfacer un ansia nacionalista basada en la manipulación y en la mentira, que ha desembocado en el odio a todo lo español por parte de muchos catalanes.

 

Carencia local

Dicho lo anterior casi por obligación, porque no se entendería hablar de cuestiones internas sin reparar antes en la gravedad de la situación del país, después de un mes en la distancia uno llega a Avilés y se encuentra, como es lógico, con casi lo mismo que dejó.

De todas formas, por ir a lo sustancial, ha habido en las últimas semanas una noticia que debería inquietarnos como ciudad, mientras la Universidad de Oviedo tendría que tomar nota.

ArcelorMittal se ha visto obligada a lanzar una segunda convocatoria para tratar de cubrir las diez plazas que ya había ofertado en el mes de mayo para el Centro Global de I+D de Asturias (Avilés) y que quedaron sin asignar al no encontrar entre los candidatos el perfil exigido.

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Se trata de plazas para las que se exige una titulación universitaria relativa a Informática, Telecomunicación, Industriales, Minas, Ciencias, Matemáticas o Física, con experiencia en Inteligencia Artificial, Optimización Matemática y Ciencia de los Datos.

Alguien podría pensar que las condiciones no son demasiado atractivas, pero no parece que ese sea el problema. De entrada, se pasaría a formar parte de la plantilla del Centro de I+D más relevante del líder mundial del acero, ArcelorMittal. Se les daría a los seleccionados una formación relativa al acero que no iban a encontrar en ninguna otra empresa global. Su contrato sería de 24 meses, con posibilidad de quedarse, mientras que su trabajo se desarrollaría en un entorno internacional (Francia, Bélgica, entre otros), exigiéndose disponibilidad fuera de nuestras fronteras del 50 por ciento.

Deberíamos reflexionar todos qué es lo que sucede en una comunidad autónoma (visto lo visto, un país en toda regla; que no falte el humor), que lleva años haciendo trabajos de campo sobre las cuestiones que nos acucian, entre las que siempre ha resaltado la importancia de que la Universidad de Oviedo dé respuesta a las necesidad de las empresas asentadas en nuestra región, tanto las implantadas como las que en los últimos tiempos han dado un salto cualitativo espectacular en nuevos sectores estratégicos como el TIC o en la denominada ‘Industria 4.0’.

Nos pasamos el tiempo lamentándonos por el talento que se va y el que queremos recuperar, y nos encontramos con que no somos capaces de cubrir determinados perfiles laborales en nuestra propia casa. No sé si somos conscientes, como ciudad, como Avilés, de lo que perdemos cada vez que a estos niveles e incluso más bajos, en el la de la FP, tenemos que recurrir a licenciados y a técnicos de fuera, perdiendo así la posibilidad de afrontar otro grave problema: el de la incapacidad para asentar población en una ciudad que sigue perdiendo habitantes años tras año.

La Universidad debe dar sin dilación pasos en un asunto que no tiene solución a corto plazo, mientras urge que Principado, agentes sociales y empresas articulen las bases de una FP dual que responda de verdad a las necesidades de los sectores productivos y deje formados a especialistas de alto nivel.

Publicado en La Voz e Avilés el día 8 de octubre de 2017

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Acusaciones sin datos
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José María Urbano | 21-08-2017 | 7:50| 0

La propuesta de IU de retirar del callejero el nombre de ‘alcaldes franquistas’ no ha sido acompañada de un solo apunte documental 

 

Para Izquierda Unida, al menos para una de sus portavoces en el grupo municipal del Ayuntamiento de Avilés, Carmen Conde, algunos alcaldes que presidieron las corporaciones municipales durante la etapa franquista son «nombres de la vergüenza». Y de ahí su propuesta, presentada el jueves en el Pleno, de que se quiten del callejero los nombres de José López-Ocaña, Francisco Orejas Sierra, se cambie el del estadio Román Suárez Puerta, que fue otro alcalde, y finalmente la de Sabino Álvarez Gendín.

Nadie en su sano juicio le daría el nombre de una calle a persona alguna que se hubiese significado por haber cometido cualquier crimen de guerra o participado o colaborado directamente en alguno de los horrores de la Guerra Civil. Para eso no se necesita ningún recordatorio por parte de la Ley de Memoria Histórica. Basta el sentido común de la ciudadanía.

España vivió una guerra, un régimen franquista que se prolongó hasta 1975, fecha de la muerte del dictador, y abrió un proceso, el de la Transición, que sirvió, entre otras cosas, para que este país asombrara al mundo por su capacidad para alumbrar una democracia a través de una transición modélica, no exenta de graves dificultades, como sabemos los que vivimos esa etapa, sin necesidad de que nadie nos la quiera contar ahora. Ni los que llaman despectivamente el ‘Régimen’ a la Transición, ni los que quieren reescribir la historia a base de descontextualizar las etapas en las que este país, esta ciudad, fue construyendo su futuro hasta el día de hoy.

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La concejala de IU no ha aportado más datos que los de esa generalidad de ‘dirigentes franquistas’ y ‘nombres de la vergüenza’ para reclamar que se les retire del callejero avilesino a las personas ya citadas. Si ella dispone de datos reveladores que comprometieran el buen nombre de esas personas, por haber sido protagonistas de cualquier hecho rechazable, y ya no digamos autores directos de algunos de ellos, debería haberlos aportado en el momento de presentar su moción. El que no lo haya hecho nos deja a todos con la duda de si no estamos ante una petición demagógica más o el olvido intencionado de la misma Transición ya aludida y hasta de la primera Corporación democrática de nuestro Ayuntamiento, que dejó sin efecto algunas decisiones tomadas en su día que, dentro de su contexto político y temporal, no dejaron de ser en muchas ocasiones meros gestos protocolarios.

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Tres problemas en el 0-3
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José María Urbano | 14-08-2017 | 8:03| 0

El debate sobre la inclusión o no de las educadoras en la plantilla municipal no debe ser obstáculo para negociar su nivel salarial, mientras se exige al Principado que asuma sus competencias

De nuevo un asunto que es claramente competencia del Principado suscita un problema en los ayuntamientos, el de Avilés incluido, que ven cómo tienen que asumir un servicio prestado y sus consecuencias. Me refiero al conflicto generado con las educadoras –en Avilés una treintena, todas mujeres– de las escuelas de 0 a 3 años. Una red creada por el Principado, dentro de la Ley de Educación, cuya competencia en todos los aspectos es clara según la Ley de Competencias Municipales. Corresponde por lo tanto al Principado articular algún tipo de solución, una norma básica, de forma que no sean los ayuntamientos los que al final tengan que cargar con todas las consecuencias de un servicio con el que colaboran económicamente.

En su día ya hubo un intento de ordenar esta competencia educativa, en vista de que éste era un servicio esencial para poder llevar a cabo otras políticas imprescindibles, como las de facilitar la conciliación familiar o atajar los efectos de una previsión demográfica absolutamente negativa en Asturias. Para ello se pensó en la creación de una fundación formada por el Principado y los ayuntamientos, de forma que toda la red, incluidos lógicamente los educadores, se guiaran por un convenio específico. Aquella idea no cuajó y eso se paga ahora. ¿Cuál es la situación en este momento en Asturias? En primer lugar, todos los ayuntamientos mantienen a los educadores como personal «no permanente», salvo el caso de Langreo, en donde son «permanentes», aunque ese ayuntamiento ha sido el primero ahora en exigir al Principado una solución porque ve que no puede asumir el aumento de su plantilla para prestar un servicio que no es propio.
Mientras tanto, los ayuntamientos lo que hacen es pagar a esos educadores según sus propios criterios. En ese sentido, el espejo en el que se miran los trabajadores es el Ayuntamiento de Gijón, que es el que tiene aprobados unos sueldos más altos. Por el contrario, los sueldos en el de Avilés son muy bajos.

 

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Nos encontramos por lo tanto con dos problemas distintos. Por un lado, el puramente salarial. Por otro, el de que los ayuntamientos puedan asumir a esos educadores como fijos en las plantillas municipales en las que figuran ahora como «no permanentes». La reivindicación de esos trabajadores y de una parte de la Corporación avilesina es que se les haga «permanentes», es decir, que pasen a integrar la plantilla municipal con todas las consecuencias. La primera de ellas sería que esos trabajadores pasarían a a tener el nivel C1, lo que les supondría automáticamente una subida salarial considerable. La segunda –y ahí está el quid de la cuestión– es que esos educadores pasarían a formar parte de la plantilla municipal de forma directa, sin haberse sometido a ningún tipo de oposición o concurso, como exige la ley, sino directamente a través de la prestación de un servicio cuya competencia no es municipal.
Una parte de la Corporación –Somos, IU y Ganemos principalmente– dicen que es lo mismo, que el Ayuntamiento meta en su plantilla a estos trabajadores ya que en el caso de que el Principado asumiera en el futuro todas las competencias, absorbería a esos educadores.

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Situación insostenible en el Real Avilés
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José María Urbano | 06-08-2017 | 8:03| 0

José María Tejero debe plantearse vender y apartarse para evitar que el club siga dando la lamentable imagen de las últimas horas

Este periódico se ha desgastado durante mucho tiempo en tratar de defender determinados signos de identidad de una ciudad, Avilés, que, a la postre, son los que nos hacen más fuertes y nos distinguen frente a las potencialidades de otros territorios con los que seguramente es difícil competir, pero reafirmando siempre que incluso desde la modestia, desde el segundo plano, es posible pelear, construir y hasta soñar. Es cierto que todavía hoy cuesta mucho convencer a los que al final tienen el poder de decisión de que hay cuestiones que no todo el mundo está dispuesto a asimilar: el valor de la cultura, primero como un derecho de los ciudadanos a la altura de la educación o la sanidad, pero a la vez como un recurso económico que nos obliga a revisar conceptos como el diferencial de ‘coste’ e ‘inversión’. En Avilés tenemos un fenómeno para estudiar: el Centro Niemeyer.

Pues bien, algo parecido sucede con el deporte, y más en concreto con el fútbol. Y en el caso de nuestra ciudad, con el Real Avilés. Es de justicia respetar en primer lugar los sentimientos de muchas personas, cientos de aficionados, que siguen sintiendo los colores de un club centenario, independientemente de los avatares que han jalonado su larga trayectoria, desde su oportunidad para haber sido equipo de primera división a su caída a los infiernos cuando se hundió en la Regional Preferente. Al final, basta con que aparezca un mínimo destello de esperanza en el horizonte para que ese aficionado, tantas veces desilusionado, vuelva a mostrar su disposición a emocionarse cada quince días en el Suárez Puerta. Es la fe de quien no está dispuesto a renunciar a ese sentimiento de pertenencia a uno de los símbolos de su ciudad.para-blog

Y junto a esa pasión por el equipo de toda la vida, existe un componente mucho más prosaico que desde determinadas instancias nunca se debería olvidar: el valor del fútbol, el del club representativo de una ciudad, en una doble dirección. Primero, como agente importantísimo para la promoción de ese territorio, mucho más allá de sus reducidas fronteras interiores. Y dos, como agente económico local cada vez que el equipo asume su protagonismo cada semana o cada quince días con la visita de sus rivales en las diferentes competiciones, sin olvidar la capacidad de un club de fútbol para generar en su entorno una actividad diaria que todos conocemos sobradamente con múltiples ejemplos cercanos. Todo lo anterior se puede resumir muy rápido y sin complicaciones: véase lo que sucede en Oviedo y en Gijón con el Real Oviedo y con el Sporting. No hace falta añadir nada más.

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Sobre el autor José María Urbano
José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.