El Comercio
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‘EL REY ESTÁ DESNUDO’
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José María Urbano | 15-10-2017 | 16:32| 0

El veterano dirigente vecinal de Llaranes Gabriel Alzola denuncia, como el niño del cuento de Andersen, la inconsistencia de la polémica con la marquesina de El Pozón

A uno le tocó en cuarto o quinto de bachiller el estudio en la clase de francés de una de las obras más conocidas de Hans Christian Andersen, ‘Le roi est nu’, la simpática fábula que nos sirvió durante algunas semanas como texto sobre el que profundizar en nuestro conocimiento y en el manejo de un idioma que nos inculcaba el padre Jesús, un dominico asturiano que había vivido durante años en Bruselas y que había introducido en el aula técnicas avanzadas de enseñanza, como el método Assimil, todo un lujo en aquel tiempo.
El caso es que aquella fábula del escritor danés dio para mucho en aquella clase y desde entonces el título de esa obra me sigue provocando una sonrisa no solo por el recuerdo de un tiempo especial por tantas cosas –¡ay la edad–, sino por el resumen perfecto de situaciones en las que el ser humano muestra en ocasiones su condición más descarnada. Y que cada uno elija el que a su juicio mejor defina ese estado mental que a veces lleva a alguno a ir más allá de lo razonable.marquesina-blog
Ya saben: dos pícaros se colaron en la corte del emperador y le hicieron ver que eran capaces de confeccionarle el traje con la tela más suave y delicada, aunque, eso sí, ese traje sería invisible para cualquier estúpido o incapaz en su cargo. Después de pedir ingentes cantidades de dinero para comprar aquellas telas, llegó el día de mostrar el nuevo traje. Los pícaros simularon vestir al emperador, que lógicamente no se atrevió a decir «ni pamplona» sobre su desnudez para que no pensaran que era estúpido o incapaz, y cuando salió a la calle para que la muchedumbre conociera la obra de aquellos ‘genios’, todo el mundo optó por callar, cuando no a mostrar su admiración por la obra, hasta que un niño exclamó: Le roi est nu. El rey está desnudo. Adiós a la memez.

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Perplejidad y fracaso
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José María Urbano | 09-10-2017 | 10:45| 0

Al dislate catalán, al aprovechamiento de algunas formaciones políticas, se une esta semana el fracaso de la Universidad para dar respuesta a las necesidades de las empresas

Cuando empiezo a escribir ese comentario dominical en el pequeño despacho de casa suena (http://radio.garden/live/)  la música de Radio Sonera, de Santiago de Cuba, que en este momento traslada a sus oyentes su mensaje habitual desde «la capital cultural del Caribe». Podría cambiar a golpe instantáneo de clic los ritmos caribeños por el rock de Lower Hut, de Nueva Zelanda; o los sonidos de Radio Vazo Gasy, de Tomasina, Madagascar. El mundo musical a través de sus emisoras de radio a golpe de clic.

Por eso, el contraste cada minuto es más brutal. Uno llega de un mes de vacaciones y se da cuenta que de poco sirve el intento de analizar nuestra realidad más cercana, que es la que nos corresponde desde la cabecera histórica de un periódico local-comarcal, si todo el mundo tiene la mente puesta en ese rincón de este país en donde uno descubre, minuto a minuto, la deriva de un personaje, el president Puigdemont, pero sobre todo la demagogia, la frivolidad y la inconsistencia de organizaciones que hasta ahora han gozado de una amplia confianza general tras haber protagonizado en los últimos cuarenta años buena parte de la modernización y el espectacular avance de este país. Hay formaciones políticas, líderes de nuevo cuño de los que no esperas absolutamente nada, anclados en la inanidad, representados, por ejemplo, por ese epítome de la mediocridad de nombre Alberto Garzón, que aparece en todas las ruedas de prensa dos pasos por detrás de Pablo Iglesias, exhibiendo esa sonrisa seráfica del que sabe que su papel se limita a complementar el atrezzo del escenario.
En cambio, en toda esta historia de ese golpe a la legalidad en Cataluña al que asistimos en las últimas semanas sorprende la posición de un PSOE que va a lo suyo –mejor dicho, a las ansias de su líder–, con una calculada ambigüedad y con peticiones extemporáneas, sin importarle que este país se encuentra ante el mayor desafío desde al advenimiento de la democracia; y unos sindicatos, UGT y CCOO, que deberían explicar a sus afiliados del conjunto del Estado –incluidos los de Cataluña– qué es eso del «paro de país», y que se lo digan a los millones de afiliados y trabajadores en general que salieron a la calle cuando se hizo necesario para conseguir las ventajas sociales y laborales que se alcanzaron desde la dictadura hasta aquí, hasta que llegó una crisis global (2008) y un Gobierno del PP que se llevó por delante buena parte de los logros y derechos que había costado sangre, sudor y lágrimas conseguir.

Se podrá censurar al Gobierno que no ha hecho bien determinadas cosas –entre otras, su gran derrota de la imagen del 1-O, dentro y fuera del país, o su falta de visión de que en Cataluña llevaban muchos meses, quizás años, preparando al milímetro cada uno de sus pasos para tratar de sacar adelante este desafío: o su nula percepción de que en Cataluña llevan años advirtiendo de que su relación con España no les gusta–, pero tratar en este momento de aprovechar políticamente –y hasta personalmente– lo que simplemente es un golpe a la legalidad que nos obliga a todos, que nadie dude que va a tener en el futuro su reflejo en las urnas. Que tome nota el PSOE. Y que UGT y CCOO empiecen a explicar la posición de sus líderes en Cataluña, que en el caso del sindicato ugetista coincide con su secretario general estatal, el asturiano José María Álvarez (Josep para ellos, Pepe para nosotros, según la propia UGT).

Por todo ello, no deja de ser sorprendente que mientras a golpe de clic uno se traslada a la plaza mayor de Santiago de Cuba para escuchar sus invitaciones musicales, aquí haya quien, después de años de intoxicación consentida, decida la imposición de fronteras y que quiere irse por encima de la ley, incluida la de su propio estatuto, para satisfacer un ansia nacionalista basada en la manipulación y en la mentira, que ha desembocado en el odio a todo lo español por parte de muchos catalanes.

 

Carencia local

Dicho lo anterior casi por obligación, porque no se entendería hablar de cuestiones internas sin reparar antes en la gravedad de la situación del país, después de un mes en la distancia uno llega a Avilés y se encuentra, como es lógico, con casi lo mismo que dejó.

De todas formas, por ir a lo sustancial, ha habido en las últimas semanas una noticia que debería inquietarnos como ciudad, mientras la Universidad de Oviedo tendría que tomar nota.

ArcelorMittal se ha visto obligada a lanzar una segunda convocatoria para tratar de cubrir las diez plazas que ya había ofertado en el mes de mayo para el Centro Global de I+D de Asturias (Avilés) y que quedaron sin asignar al no encontrar entre los candidatos el perfil exigido.

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Se trata de plazas para las que se exige una titulación universitaria relativa a Informática, Telecomunicación, Industriales, Minas, Ciencias, Matemáticas o Física, con experiencia en Inteligencia Artificial, Optimización Matemática y Ciencia de los Datos.

Alguien podría pensar que las condiciones no son demasiado atractivas, pero no parece que ese sea el problema. De entrada, se pasaría a formar parte de la plantilla del Centro de I+D más relevante del líder mundial del acero, ArcelorMittal. Se les daría a los seleccionados una formación relativa al acero que no iban a encontrar en ninguna otra empresa global. Su contrato sería de 24 meses, con posibilidad de quedarse, mientras que su trabajo se desarrollaría en un entorno internacional (Francia, Bélgica, entre otros), exigiéndose disponibilidad fuera de nuestras fronteras del 50 por ciento.

Deberíamos reflexionar todos qué es lo que sucede en una comunidad autónoma (visto lo visto, un país en toda regla; que no falte el humor), que lleva años haciendo trabajos de campo sobre las cuestiones que nos acucian, entre las que siempre ha resaltado la importancia de que la Universidad de Oviedo dé respuesta a las necesidad de las empresas asentadas en nuestra región, tanto las implantadas como las que en los últimos tiempos han dado un salto cualitativo espectacular en nuevos sectores estratégicos como el TIC o en la denominada ‘Industria 4.0’.

Nos pasamos el tiempo lamentándonos por el talento que se va y el que queremos recuperar, y nos encontramos con que no somos capaces de cubrir determinados perfiles laborales en nuestra propia casa. No sé si somos conscientes, como ciudad, como Avilés, de lo que perdemos cada vez que a estos niveles e incluso más bajos, en el la de la FP, tenemos que recurrir a licenciados y a técnicos de fuera, perdiendo así la posibilidad de afrontar otro grave problema: el de la incapacidad para asentar población en una ciudad que sigue perdiendo habitantes años tras año.

La Universidad debe dar sin dilación pasos en un asunto que no tiene solución a corto plazo, mientras urge que Principado, agentes sociales y empresas articulen las bases de una FP dual que responda de verdad a las necesidades de los sectores productivos y deje formados a especialistas de alto nivel.

Publicado en La Voz e Avilés el día 8 de octubre de 2017

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Acusaciones sin datos
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José María Urbano | 21-08-2017 | 17:50| 0

La propuesta de IU de retirar del callejero el nombre de ‘alcaldes franquistas’ no ha sido acompañada de un solo apunte documental 

 

Para Izquierda Unida, al menos para una de sus portavoces en el grupo municipal del Ayuntamiento de Avilés, Carmen Conde, algunos alcaldes que presidieron las corporaciones municipales durante la etapa franquista son «nombres de la vergüenza». Y de ahí su propuesta, presentada el jueves en el Pleno, de que se quiten del callejero los nombres de José López-Ocaña, Francisco Orejas Sierra, se cambie el del estadio Román Suárez Puerta, que fue otro alcalde, y finalmente la de Sabino Álvarez Gendín.

Nadie en su sano juicio le daría el nombre de una calle a persona alguna que se hubiese significado por haber cometido cualquier crimen de guerra o participado o colaborado directamente en alguno de los horrores de la Guerra Civil. Para eso no se necesita ningún recordatorio por parte de la Ley de Memoria Histórica. Basta el sentido común de la ciudadanía.

España vivió una guerra, un régimen franquista que se prolongó hasta 1975, fecha de la muerte del dictador, y abrió un proceso, el de la Transición, que sirvió, entre otras cosas, para que este país asombrara al mundo por su capacidad para alumbrar una democracia a través de una transición modélica, no exenta de graves dificultades, como sabemos los que vivimos esa etapa, sin necesidad de que nadie nos la quiera contar ahora. Ni los que llaman despectivamente el ‘Régimen’ a la Transición, ni los que quieren reescribir la historia a base de descontextualizar las etapas en las que este país, esta ciudad, fue construyendo su futuro hasta el día de hoy.

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La concejala de IU no ha aportado más datos que los de esa generalidad de ‘dirigentes franquistas’ y ‘nombres de la vergüenza’ para reclamar que se les retire del callejero avilesino a las personas ya citadas. Si ella dispone de datos reveladores que comprometieran el buen nombre de esas personas, por haber sido protagonistas de cualquier hecho rechazable, y ya no digamos autores directos de algunos de ellos, debería haberlos aportado en el momento de presentar su moción. El que no lo haya hecho nos deja a todos con la duda de si no estamos ante una petición demagógica más o el olvido intencionado de la misma Transición ya aludida y hasta de la primera Corporación democrática de nuestro Ayuntamiento, que dejó sin efecto algunas decisiones tomadas en su día que, dentro de su contexto político y temporal, no dejaron de ser en muchas ocasiones meros gestos protocolarios.

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Tres problemas en el 0-3
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José María Urbano | 14-08-2017 | 18:03| 0

El debate sobre la inclusión o no de las educadoras en la plantilla municipal no debe ser obstáculo para negociar su nivel salarial, mientras se exige al Principado que asuma sus competencias

De nuevo un asunto que es claramente competencia del Principado suscita un problema en los ayuntamientos, el de Avilés incluido, que ven cómo tienen que asumir un servicio prestado y sus consecuencias. Me refiero al conflicto generado con las educadoras –en Avilés una treintena, todas mujeres– de las escuelas de 0 a 3 años. Una red creada por el Principado, dentro de la Ley de Educación, cuya competencia en todos los aspectos es clara según la Ley de Competencias Municipales. Corresponde por lo tanto al Principado articular algún tipo de solución, una norma básica, de forma que no sean los ayuntamientos los que al final tengan que cargar con todas las consecuencias de un servicio con el que colaboran económicamente.

En su día ya hubo un intento de ordenar esta competencia educativa, en vista de que éste era un servicio esencial para poder llevar a cabo otras políticas imprescindibles, como las de facilitar la conciliación familiar o atajar los efectos de una previsión demográfica absolutamente negativa en Asturias. Para ello se pensó en la creación de una fundación formada por el Principado y los ayuntamientos, de forma que toda la red, incluidos lógicamente los educadores, se guiaran por un convenio específico. Aquella idea no cuajó y eso se paga ahora. ¿Cuál es la situación en este momento en Asturias? En primer lugar, todos los ayuntamientos mantienen a los educadores como personal «no permanente», salvo el caso de Langreo, en donde son «permanentes», aunque ese ayuntamiento ha sido el primero ahora en exigir al Principado una solución porque ve que no puede asumir el aumento de su plantilla para prestar un servicio que no es propio.
Mientras tanto, los ayuntamientos lo que hacen es pagar a esos educadores según sus propios criterios. En ese sentido, el espejo en el que se miran los trabajadores es el Ayuntamiento de Gijón, que es el que tiene aprobados unos sueldos más altos. Por el contrario, los sueldos en el de Avilés son muy bajos.

 

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Nos encontramos por lo tanto con dos problemas distintos. Por un lado, el puramente salarial. Por otro, el de que los ayuntamientos puedan asumir a esos educadores como fijos en las plantillas municipales en las que figuran ahora como «no permanentes». La reivindicación de esos trabajadores y de una parte de la Corporación avilesina es que se les haga «permanentes», es decir, que pasen a integrar la plantilla municipal con todas las consecuencias. La primera de ellas sería que esos trabajadores pasarían a a tener el nivel C1, lo que les supondría automáticamente una subida salarial considerable. La segunda –y ahí está el quid de la cuestión– es que esos educadores pasarían a formar parte de la plantilla municipal de forma directa, sin haberse sometido a ningún tipo de oposición o concurso, como exige la ley, sino directamente a través de la prestación de un servicio cuya competencia no es municipal.
Una parte de la Corporación –Somos, IU y Ganemos principalmente– dicen que es lo mismo, que el Ayuntamiento meta en su plantilla a estos trabajadores ya que en el caso de que el Principado asumiera en el futuro todas las competencias, absorbería a esos educadores.

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Situación insostenible en el Real Avilés
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José María Urbano | 06-08-2017 | 18:03| 0

José María Tejero debe plantearse vender y apartarse para evitar que el club siga dando la lamentable imagen de las últimas horas

Este periódico se ha desgastado durante mucho tiempo en tratar de defender determinados signos de identidad de una ciudad, Avilés, que, a la postre, son los que nos hacen más fuertes y nos distinguen frente a las potencialidades de otros territorios con los que seguramente es difícil competir, pero reafirmando siempre que incluso desde la modestia, desde el segundo plano, es posible pelear, construir y hasta soñar. Es cierto que todavía hoy cuesta mucho convencer a los que al final tienen el poder de decisión de que hay cuestiones que no todo el mundo está dispuesto a asimilar: el valor de la cultura, primero como un derecho de los ciudadanos a la altura de la educación o la sanidad, pero a la vez como un recurso económico que nos obliga a revisar conceptos como el diferencial de ‘coste’ e ‘inversión’. En Avilés tenemos un fenómeno para estudiar: el Centro Niemeyer.

Pues bien, algo parecido sucede con el deporte, y más en concreto con el fútbol. Y en el caso de nuestra ciudad, con el Real Avilés. Es de justicia respetar en primer lugar los sentimientos de muchas personas, cientos de aficionados, que siguen sintiendo los colores de un club centenario, independientemente de los avatares que han jalonado su larga trayectoria, desde su oportunidad para haber sido equipo de primera división a su caída a los infiernos cuando se hundió en la Regional Preferente. Al final, basta con que aparezca un mínimo destello de esperanza en el horizonte para que ese aficionado, tantas veces desilusionado, vuelva a mostrar su disposición a emocionarse cada quince días en el Suárez Puerta. Es la fe de quien no está dispuesto a renunciar a ese sentimiento de pertenencia a uno de los símbolos de su ciudad.para-blog

Y junto a esa pasión por el equipo de toda la vida, existe un componente mucho más prosaico que desde determinadas instancias nunca se debería olvidar: el valor del fútbol, el del club representativo de una ciudad, en una doble dirección. Primero, como agente importantísimo para la promoción de ese territorio, mucho más allá de sus reducidas fronteras interiores. Y dos, como agente económico local cada vez que el equipo asume su protagonismo cada semana o cada quince días con la visita de sus rivales en las diferentes competiciones, sin olvidar la capacidad de un club de fútbol para generar en su entorno una actividad diaria que todos conocemos sobradamente con múltiples ejemplos cercanos. Todo lo anterior se puede resumir muy rápido y sin complicaciones: véase lo que sucede en Oviedo y en Gijón con el Real Oviedo y con el Sporting. No hace falta añadir nada más.

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Montoro se mete en “chiringuitos socialistas”
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José María Urbano | 31-07-2017 | 10:18| 0

Tragsa y Sepides, dos sociedades del Ministerio de Hacienda, respaldan los proyectos del consorcio de la perrera y del Ferrera, en contra de la opinión y el voto del PP de Avilés

La ventaja que tenemos los periodistas sobre los políticos es que en nuestra profesión hay que trabajar casi única y exclusivamente con datos, que deben ser veraces y contrastables. Las percepciones están bien para hacer filosofía, pero cuando un periodista es desenmascarado porque lo que trata de aportar no tiene sustento en la realidad o está directamente manipulado –más allá de un error puntual o de patinar, como excepción, con una fuente equivocada– sabe que su carrera va a tener poco recorrido. Su propia empresa, los compañeros que le rodean y la sociedad en general acabarán por ponerlo en su sitio, generalmente abocado al olvido y reducido a la insignificancia.

En política, hablamos de esa política de bajos vuelos a la que cada día se nos acostumbra un poco más, existe cada vez menos esa exigencia de exponer el argumento y los datos como la herramienta que posibilita el análisis sereno de la realidad política o social.montoro-para-blog

Se ha repetido hasta la saciedad que aquella frase goebbelsiana de que una mentira repetida mil veces acabaría convirtiéndose en una verdad ha fallado siempre en las sociedades formadas, con criterio, con capacidad para el estudio y el análisis, cuando la política era, desde Platón y Aristóteles a nuestros días, el sagrado arte de buscar el bien común.

Hoy, en un mundo globalizado, destrozado en muchos sentidos por una crisis económica que se ha llevado por delante tantas cosas esenciales, se abre camino ese discurso político-patético en el que lo de menos es aportar el sustento de cada aseveración: basta con ofrecerle al ciudadano el relato que quiere escuchar, posiblemente con el que mitigar sus propias penas o sus problemas. De tal forma que una mentira repetida mil veces va a seguir siendo una mentira, pero ojo, cada vez hay más personas dispuestas a «comprar» esas falsedades, ahora revestidas de ese lenguaje trumpiano de la posverdad o de los hechos alternativos. Además, lo más inquietante de algunos discursos supuestamente políticos es que se quieren revestir de tal solemnidad que, salvo para avisados, corren el riesgo de ir calando en la sociedad.

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“Operación cansancio” en el PP de Avilés
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José María Urbano | 23-07-2017 | 09:57| 0

La desautorización de Oviedo al grupo municipal popular con la perrera persigue la eliminación de los tres concejales incómodos de cara al futuro congreso local

Si uno de los principales objetivos de un periodista es que te lean, uno se siente bastante reconfortado al comprobar que al menos en el PP de Asturias y en el de Avilés ha conseguido un cierto seguimiento. Bastó con que la semana pasada recordara en este mismo espacio el celebrado invento de Ovidio Sánchez sobre los «chiringuitos socialistas» para que en tan solo 72 horas se viniera directamente desde Oviedo a hablar de otro «chiringuito», en este caso el del proyecto de la perrera municipal. Si lo sucedido el miércoles en la sede del PP de Avilés quedara en una anécdota, pues lo celebraríamos todos como un intercambio de pareceres entre políticos y periodistas, a veces saludable.

Lo malo es que no estamos ante una anécdota, sino ante la constatación de que el PP de Avilés no tiene remedio desde los lejanos tiempos del siempre recordado presidente Pedro Solís.zarazia-para-blog

Primero, los hechos. Aunque la Ley no está suficientemente desarrollada, siempre se ha dado por hecho que las ciudades con más de 50.000 habitantes están obligadas a disponer de un albergue de animales domésticos. Simplificando, una perrera municipal. En Avilés no existe ese servicio y desde hace más de veinte años se intenta una solución comarcal, incluso de ámbito territorial mayor, sin que hasta la fecha haya sido posible.

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Otro tren que pasará de largo
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José María Urbano | 17-07-2017 | 17:44| 0

La clase política avilesina demanda la Facultad de Educación Física después de ignorar los problemas de la Escuela del Deporte, abierta desde hace doce años

El anuncio realizado por el rector de la Universidad de Oviedo de que el campus de Mieres se perfila como el lugar más adecuado para acoger el grado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte que la Universidad proyecta poner en marcha el curso que viene nos ha llevado en esta región a repetir los mismos esquemas que nos hacen empequeñecernos un poco más de cuando en cuando, en cuanto aparece en el horizonte cualquier objetivo que nos invita, parece que irremediablemente, a entrar en la disputa territorial.

Aunque la decisión no está tomada aún de forma definitiva, el rector apuntaba la idoneidad del campus de Mieres para acoger un grado de estas características, al contar con una serie de instalaciones deportivas y una residencia universitaria que no registran demasiado uso en la actualidad. «Se trata también de ocupar instalaciones que están desocupadas», planteaba Santiago García Granda con naturalidad, es decir, sin esconder que el campus de Mieres necesita ‘llenarse’ de contenido. Puro sentido común: la existencia del campus de Mieres es un debate pasado. Ahora, años después, de lo que se trata es de dotarlo de contenido. Por otro lado, el Colegio Oficial de Licenciados en Educación Física (COLEF) de Asturias, corroboraba que existe una amplia demanda para que en el Principado se implante ese tipo de estudios.fotoescuelablog
Lógicamente, en menos de veinticuatro horas ya se provocaban las primeras reacciones en el Principado. Gijón demanda para sí esa Facultad de Educación Física, Oviedo parece que se lo ha tomado con un poco más de calma y en Avilés alguien se acordaba, por fin, de que tenemos una Escuela del Deporte, creada en 2005, hoy convertida en un Centro Integrado de Formación Profesional (CIFP).

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¿A quién molesta la música del Ewan?
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José María Urbano | 11-07-2017 | 09:52| 4

Un concierto intimista y familiar se ve envuelto en una polémica en la que se echa en falta respeto, tolerancia y comprensión

Hace apenas unas horas, un concejal de Podemos en el Ayuntamiento valenciano de Paiporta intervenía en un debate sobre el maltrato animal y para reforzar su argumentación ante unos contendientes políticos que restaban importancia a la cuestión tiró de ironía y pronunció –es posible que de forma no muy afortunada– la siguiente frase: «Maltratar a los animales es como pegar a la mujer. Hay que hacerlo lo suficiente, no mucho». Los que vimos la escena por televisión entendimos el contexto de esa frase, que posteriormente él mismo atribuyó a los mensajes que se ofrecen en algunas mezquitas y por parte de algunas religiones.

Con lo que no contaba el concejal era con que en el mismo salón de plenos algún portavoz iba a saltar como un resorte, descontextualizando la frase, y acusándole de mezclar el maltrato animal con el de las mujeres y hasta de una cierta complacencia con la violencia machista. Por supuesto, nada que ver con lo que había dicho el concejal de Podemos.ewan-para-blog
Pero ya era tarde. El ‘incendio’ de las redes sociales –qué forma tan tonta de definir la coincidencia de una serie de comentarios, en muchas ocasiones siguiendo consignas de estrategias políticas que están más que demostradas– se juntó con la cruzada montada por el programa de la tarde de La Sexta, que quiso colarnos a todos una polémica inexistente con una argumentación que sus propias imágenes, con la intervención del concejal en el Pleno, desmontaban. Incluso un poco más tarde le tocó pasar por el mismo calvario, ante la aguerrida e indignadísima presentadora, a la alcaldesa de Paiporta, por defender al concejal tratando de contextualizar en sus justos términos su frase, absolutamente alejada de lo que unos y otros, en el salón de plenos y en la cadena de televisión, trataban de imputarle al edil.
Hemos llegado a un punto en el que las redes sociales se han convertido en ese estercolero en el que cada uno puede soltar las barbaridades que desee, aunque con ello se esté cargando la reputación y el buen nombre de una persona, aún a costa de retorcer los argumentos ‘ad nauseam’.

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Del ‘yo, yo, yo’, al ejemplo de Julián Rus
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José María Urbano | 03-07-2017 | 17:03| 0

Concluye el calvario de un empresario que se volcó siempre con los demás, pero que se quedó solo en su intento de salvar su empresa

Creo recordar que era todavía en la televisión franquista. Unos dibujos animados nos presentaban a un hombre sobre el que se abría un globo/cuadro de diálogo para ofrecernos un monólogo: «Yo, yo, yo, yo, yo, yo…», hasta que aparecía un grupo de personas, con otro globo/cuadro de diálogo similar, cuyo contenido era: «¡¡¡¡Y nosotros también!!!!», con el resultado final del sonrojo por parte del «acaparador» de la escena. Vivimos en la sociedad del «yo-yo-yo», en la que mucha gente sólo sabe mantener un diálogo-monólogo que empieza y termina siempre por él. Gente que necesita estar permanentemente reivindicándose, quizá porque en el fondo reconocen que sus limitaciones les obliga a presentarse ante los demás como los más listos y los más simpáticos de la clase. Lo más.

Por eso, encontrarse con gente como Julián Rus, que esta semana vio cómo, por fin, se hacía justicia para eliminar definitivamente las acusaciones que pesaban sobre él respecto a la quiebra de Los Telares, supone siempre una cura de sensatez para encontrarse, primero, con una buena persona, luego con un gran empresario que una crisis inopinada se llevó por delante su gran proyecto, y finalmente con un hombre entregado a los demás.rus-para-blog
Hace cuarenta años, más o menos, uno fue testigo privilegiado de cómo su oficina de la calle Marcos del Torniello –más que una oficina aquello se asemejaba más a un cuarto en donde se agolpaban papeles, muestras de ropa, y hasta maniquíes de los escaparates, presidido todo por una caja de caudales de considerables dimensiones– se convertía en lugar de peregrinación de muchas personas que a diario recurrían a Julián Rus para pedirle una ayuda económica para un determinado club deportivo, un anuncio para la revista de las fiestas de cualquier barrio, un dinero para sufragar un sorteo de un viaje de estudios o, directamente, un préstamo para salir de un apuro. Todo ello, sumado a las consultas que se le hacían permanentemente sobre el último frente abierto por la Unión de Comerciantes para pelear con el Ayuntamiento por unos impuestos más justos, que fue como se conoció al Julián Rus reivindicativo, el que encendía las multitudinarias asambleas de comerciantes en la pista de La Exposición. Sólo le faltaba el bidón para subirse encima para asemejarse a algunos de los sindicalistas que dominaban las asambleas del naval, la minería o la empresa auxiliar de Ensidesa, coincidentes en el tiempo con aquellos mítines de quien, habiendo sido seminarista en su Astorga natal, exhibía una facilidad de palabra y un poder de seducción al alcance de muy pocos.

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Sobre el autor José María Urbano
José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.