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Juan Höfer

Viviendo entre pingüinos

Día 50: Viajando con glamour

Como comenté en un post anterior en la Antártida todo es muy “relativo” y siempre hay que estar preparado para cualquier eventualidad. El sábado nos habían anunciado nuestro regreso desde isla Doumer para el lunes 20. Sin embargo, al día siguiente (domingo 18) a las 16:00 nos llegó el aviso de que en tres horas pasaría a recogernos el Oscar Viel, rompehielos de la marina chilena. Eso suponía que en menos de tres horas debíamos terminar el inventario, cerrar las más de 60 cajas, colocar todos los rótulos y tener todo listo para que la carga se subiera con nosotros al buque. Por suerte, y experiencias previas, teníamos gran parte del trabajo avanzado y en dos estresantes horas logramos tener todo listo para el embarque.

Foto 1

Foto 1

Con tiempo extra para cerrar nuestros petates personales y descansar un poco antes de subirnos al Viel. Por suerte disfrutamos de una meteorología y una mar estupendas para hacer toda la maniobra (ver foto 1) y en menos de 3 horas científicos y carga estábamos a bordo de un buque cuyo destino desconocíamos en aquel momento 😛 Luego descubríamos que el buque debía realizar una serie de sondeos en el Gerlache antes de dirigirse a Isla Rey Jorge, nuestro destino. En total fueron 3 noches durmiendo en “la lobera”. Un camarote con quince camas repartidas en 5 literas de 3 alturas (ver foto 2), donde uno debía sacar a su contorsionista interior para dormir o ser capaz taparse con la manta.

Foto 2

Foto 2

Darse la vuelta en la cama, un sueño inalcanzable. Es una fortuna que el Viel nos recogiese a nosotros y a nuestra carga, pero así es el glamour de la ciencia antártica. Por fortuna para mí, al subirnos al barco se disparó mi alergia. Y digo por fortuna porque según mis compañeros, los que tenían sentido del olfato, el camarote olía un “poco fuerte”. Pero ahora ya da igual todo. Estábamos camino a “casa” y se notaba en la cara de los compañeros. Varios compañeros recuperaron la sonrisa que habían perdido hacía días, mientras otros, como yo, estábamos como el cerdo en un restaurante chino. Agridulces. Contentos por regresar a las comodidades “modernas”, como las duchas diarias y sin límite de tiempo, pero tristes por abandonar este sitio donde a pesar de toda su hostilidad algunos sentimos que encajamos mejor que en ese otro sitio llamado “mundo real”. Ahora sólo resta esperar al hércules que nos lleve de vuelta a Punta Arenas. Puede ser mañana, pasado o dentro de varios días. Hoy ya se canceló un vuelo por poca visibilidad en la isla, así que nuestro grupo está segundo en la lista de espera. Toca esperar mientras me preguntó si el próximo año tendré la fortuna de poder regresar entre esos adorables y apestosos pingüinos (ver foto 3).

 

Suena de fondo ¨Nova Baby¨ de The Black Keys.

 

Foto 3

Foto 3

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Sobre el autor

Mi nombre es Juan Höfer, y como otros muchos soy un ¨refugiado¨ económico-científico que tuvo que abandonar la tierrina en busca de oportunidades. Nacido en Gijón y doctor en Biología por la Universidad de Oviedo, ahora tengo la fortuna de ejercer como investigador dentro del centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas marinos de Altas Latitudes (IDEAL), el mayor proyecto de investigación antártica jamás desarrollado en Chile. País, que me ha acogido con los brazos abiertos brindándome la posibilidad de cumplir uno de mis sueños de infancia. Viajar a la Antártida. El centro IDEAL investiga el funcionamiento de los ecosistemas marinos antárticos y sub-antárticos, así como los efectos que el cambio global tendrá sobre ellos. Por ello pasó muchos meses al año en terreno, bien embarcado bien en las bases chilenas, disfrutando de los increíbles paisajes helados de la Patagonia más austral o la península antártica. Y ahora, durante los próximos dos meses voy a intentar transmitir en ¨tiempo real¨ la experiencia que supone pasar un verano en el continente blanco. Pónganse su mejor polar, y a ¡disfrutar!

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